lunes, 29 de febrero de 2016

A tope de flamencos en el Brazo del Este




A los flamencos (Phoenicopterus roseus) los veíais mucho por el blog cuando yo iba por los humedales manchegos, y en años recientes más bien con mis visitas a Doñana, sin embargo no aparecen mucho en mis entradas sobre el paraje del Brazo del Este, donde son más ocasionales y normalmente lo que se ve son ejemplares juveniles sobre todo.
No obstante, de cuando en cuando puedo disfrutar allí de la aparición de buenos números de esta elegante zancuda que incluyen muchos ejemplares adultos, como aquella vez en diciembre cuando me los encontré en una tabla de arroz ya fangueada.

Pues bien, durante febrero los he ido viendo durante más de una semana, desde el día 14 al 23, y tal vez sigan allí cuando me asome a bichear esta semana, quién sabe. Por si acaso, les dedico esta entrada a ellos por lo mucho que han hecho disfrutar al irlos encontrando incluso en rincones donde nunca antes los había visto por este paraje.












Como siempre sucede con ellos por norma general, son los jóvenes quienes se dejan ver más de cerca, estando los adultos más precavidos y alejados de los carriles, si bien no tardan en apartarse cuando ven llegar un coche, con ese paso suyo que parece lento pero los aleja bien antes de que te des cuenta. A veces tienes la suerte de que pasen volando cerca de tu posición cuando se desplazan de una masa de agua a otra, siendo impresionante ese parpadeo rojinegro que desatan en el aire.

















Y no están solos, han llegado junto a buenas concentraciones de avocetas (Recurvirostra avosetta), y numerosas espátulas (Platalea leucorodia) que se unen a los no pocos ejemplares residentes, de tal manera que las salidas pajareras por allí han sido todo un gustazo, pero eso ya lo vamos a ir viendo más despacio en las siguientes entradas.









jueves, 25 de febrero de 2016

Días de lluvia, noches de anfibios II





Seguimos con la batería de salidas nocturnas del finde lluvioso de hace un par de semanas, en esta ocasión con aires serranos porque el sábado día 13 decidí irme al anochecer a la Sierra de Grazalema para probar suerte en esa noche de copiosas lluvias ahora que ya conozco más o menos las carreteras que en su momento me iban pareciendo buenas para buscar anfibios.

El tiempo fue bastante ventoso, pero la continua cortina de lluvia incitó a los anfibios a pasear su húmeda piel por las serranías gaditanas, y así iba viendo ranas comunes y algún sapo antes de llegar a mi destino, donde al estar en zonas más tranquilas ya sí podía fiarme mejor de parar un momento el coche para apartar a los animales de la carretera. La primera gran sorpresa fue algo que iba buscando en concreto, la salamandra, que ya sabéis por una entrada mía anterior que ha pasado a ser especie propia con el nombre de salamandra penibética (Salamandra longirostris), y mi gozo fue mayúsculo cuando el ejemplar encontrado resultó ser un adulto de fabuloso tamaño.
El año pasado en Siles (Jaén) pasé mucho tiempo soñando con ver uno de estos soberbios adultos (bueno, en aquel caso con la salamandra común de toda la vida), y por fin tenía uno ante mí, es una verdadera maravilla poder verlas en directo.
No le hizo mucha gracia que la cogiera para apartarla de la carretera y empezó a segregar su lechosa defensa tóxica, pero me lo hubiera agradecido si supiera que la estaba salvando de acabar bajo el neumático de otro coche (me crucé con algunos, de hecho).










En algunos tramos no pude cerciorarme de la identidad de algunos animales al no poder parar el coche con seguridad, algunas "ranas comunes" bien podían ser sapillos pintojos por ejemplo, pero no era plan de acabar yo mismo como los animales atropellados. A quien sí pude ver bien fue a esta ranita meridional (Hyla meridionalis) que estaba sentada en medio del asfalto, ahí tan pancha, hasta que la dejé en un sitio más adecuado.











Desde donde había estado, por El Bosque, me acerqué a Ubrique porque me pareció una excelente zona cuando estuve haciendo un par de rutas cercanas que ya visteis en el blog, y así fue porque encontré algo inesperado y novedoso. Pero no dejemos de lado a las especies más habituales, que los sapos corredores (Bufo calamita) son bien bonitos, y por allí andaban encelados perdidos cantando a coro, aunque desgraciadamente para algunos fue demasiado tarde y me los encontré aplastados en el asfalto.






Y aquí viene la gran novedad. Al parar muy cerca del pueblo, para poder mirar algo sospechoso que resultó ser una engañosa hoja tirada en el asfalto, oí el muy sonoro y característico canto del sapillo moteado ibérico (Pelodytes ibericus), me puse muy nervioso porque llevaba meses queriendo ver uno en Los Palacios sin resultado y ahora tenía unos cuantos allí mismo, uno de ellos sonando delante de mis narices.
Su pequeñísimo tamaño y su carácter esquivo hicieron muy difícil conseguir verlo, pero insistí y con paciencia logré pillar al autor de las llamadas escondido en un abrevadero de ganado (realmente una bañera llena de agua). Este endemismo es una verdadera pasada de anfibio, con ese aspecto más propio de rana, aunque en realidad bien distinto tanto de ranas como de sapos, con esos ojazos y la forma de su cabeza.

Pinchad en este enlace a YouTube (si me llegara a leer el autor, espero que no le moleste que enlace su vídeo) para escuchar a qué suenan estos amiguetes, veréis como os llama la atención y es inconfundible:













Y con esto terminamos de momento, tras unas cuantas entradas de aves volveremos a las noches anfibias, y puede que mientras  tanto haya tiempo de que aparezca alguna otra sorpresilla.


lunes, 22 de febrero de 2016

Días de lluvia, noches de anfibios I





Hace un par de semanas la climatología no fue propicia para hacer salidas pajareras por el Brazo del Este, pero se me ocurrió que la noche lluviosa del viernes 12 sería adecuada para probar una carretera a las afueras de Los Palacios por si allí cruzara algún que otro anfibio en estas noches del año en que aprovechan la humedad constante para llevar a cabo sus desplazamientos.

Salí en dirección al parque periurbano de La Corchuela, allí había oído un día el canto de las ranitas meridionales una vez, y el entorno circundante de monte mediterráneo podía deparar alguna sorpresilla. Poco después del susodicho parque vi efectivamente que había algo en la carretera, un sapo corredor que lamentablemente fue atropellado esa misma noche, pero haber parado justo en ese lugar me hizo descubrir algo que de no hubiera sido posible si hubiera pasado de largo con mi coche, porque oí para mi regocijo el maravilloso sonido de numerosos coros de sapos corredores y ranitas meridionales.

Bien pertrechado con mi linterna y la cámara con el macro me adentré a pie por un carril en el que indicaban que me encontraba en el corredor verde del área metropolitana de Sevilla, cosa de la que no tenía ni idea hasta entonces, y en un abrir y cerrar de ojos me encontraba rodeado de un fantástico monte de acebuches, gamones y lentiscos en compañía de los "maullidos" del mochuelo, el lúgubre ulular del cárabo y las melancólicas notas del alcaraván.
Y, por supuesto, la fabulosa sinfonía nocturna de ranas comunes (Pelophylax perezi), sapos corredores (Bufo calamita) y ranitas meridionales. A estas últimas no las pude llegar a ver, pero sí que me encontré a ejemplares de las otras dos especies al borde de las muchas y grandes charcas que allí había en terrenos ganaderos.












A algunos sapos corredores los vi dentro de las charcas, aunque ninguno se dignó a mostrarme el poderío de su saco bucal, con lo que me hubiera gustado retratarlos así.











En las zonas de menor profundidad advertí la presencia de numerosísimas larvas que, al ser de color oscuro, me hicieron darlas por larvas de sapo corredor, pero me han indicado que tienen muchas papeletas de pertenecer a sapillos moteados (Pelodytes ibericus), que podrían haber empezado su reproducción antes que estos otros anfibios que vi (de hecho, vi un vídeo de Doñana en el que se oye a ejemplares adultos croar como locos en la primera quincena de enero). En las fotos se ve bien el espiráculo al lado izquierdo del cuerpo, y la transparencia de su vientre.








No fueron los únicos bichetes que me fui encontrando, también vi por ejemplo arañas Arctosa, el bicho de la tercera foto y salamanquesas comunes (Tarentola mauretanica).
Me quedé con las ganas de trincar a las ranitas meridionales, ¿os gustaría ver alguna en otra entrada, o tal vez a un sapillo moteado adulto? Pues estad muy atentos...
Pero no me gustaría acabar sin resaltar lo más importante de todo, que no es otra cosa que la enorme importancia que tienen estos puntos de aguas para unos pobres animales que cada vez tienen más dificultades para poder realizar su reproducción y salir adelante.