domingo, 31 de enero de 2016

Alimoche en el Brazo del Este





Quienes seguís mis andanzas de hace más tiempo sabéis que no es la primera vez que voy regularmente de pajareo al Brazo del Este, ya lo conocí hace dos años cuando me tocó trabajar en la capital sevillana, pero me tenía que ceñir a cuando me lo podía permitir. Ahora, estando tan cerca en Los Palacios, ya sí puedo ir varias veces todas las semanas, y está siendo más difícil que pueda pasar por alto apariciones sorpresa que hace dos años me hubiera perdido con seguridad.


Como por ejemplo con este alimoche (Neophron percnopterus) que de pronto me encontré el pasado día 26. Iba pasando al lado de una granja de Chapatales cuando vi en un poste algo que no era un ratonero ni nada parecido, hasta que con el teleobjetivo comprobé que era un joven alimoche que allí descansaba (mal sitio fue a elegir).
Se sabe que unos cuantos de su especie pasan el invierno en Doñana en vez de dar el salto a África, aunque por fechas bien podría ser un migrador adelantado, y no sería el único caso de migrador con prisas por venirse en este inusualmente amable invierno.
En todo caso yo no había visto a este amigo hasta ese día, y su especie no es precisamente de las que pasan desapercibidas, véase la manera en que me llamó la atención desde lejos.






Al regresar a casa me lo volví a encontrar en el mismo sitio, pero esta vez cicleando junto a un águila calzada (Hieraaetus pennatus). A las calzadas sí que las llevo viendo durante todo el invierno por aquí, como mínimo a dos de fase clara y una de fase oscura.










Al día siguiente por allí andaba de nuevo, lo vi aparecer poco después de haber estado disfrutando con el cercano vuelo de una cigüeña negra (Ciconia nigra), aunque lamento decir que no he podido seguir comprobando su presencia porque no he vuelto ya estos días al Brazo del Este.












Y no sólo ha sido un alimoche lo visto en esos dos días, aparte de las cigüeñas negras también han estado muy presentes las espátulas (Platalea leucorodia), los calamones (Porphyrio porphyrio), los aguiluchos laguneros (Circus aeroginosus) y las garzas reales (Ardea cinerea) entre otros muchos.

En contraste con lo que dije al principio de la entrada, vi una especie que precisamente esta temporada aún no había podido ver. Hablo de los escribanos palustres (Emberiza schoeniclus), que han estado en un cañaveral más apartado del lugar donde se solían ver hace dos años... han costado, pero al final se dejaron ver.















Y para el final dos guindas. En un canal donde suelen verse montoncitos de restos de cangrejos se ven a veces estas huellas, y ambas cosas apuntan a la nutria, cuya presencia está comprobada por quienes trabajan en el paraje (aunque también se sabe que hay meloncillos). La otra guinda ha sido ver tres fumareles cariblancos (Chlidonias hybrida), los primeros en llegar este año (no los esperaba hasta marzo).
Veamos qué más cosillas nos van deparando las visitas al Brazo del Este, el tiempo irá diciendo.








jueves, 28 de enero de 2016

Otra buena salida por Grazalema





Era inevitable, tenía que volver a esta sierra que tantísimo me gustó cuando la conocí a finales de octubre y durante noviembre. Llevaba un tiempo viendo por las redes sociales fotografías de anfibios en amplexo durante el día (concretamente sapos comunes) y orquídeas (Barlia robertiana y Ophrys fusca), así que decidí probar suerte en el sendero del Río Majaceite este pasado sábado... que acabó resultando muy mala idea.
No vi ninguna de las dos cosas, y tuve que estar acompañado por numerosos grupos de gente ruidosísima, de manera que abandoné el recorrido, no sin antes bichear alguna larva de libélula (Boyeria irene la de la fotografía) y mariposas de los muros (Pararge aegeria).
También pude ver alevines de trucha, una mariposa limonera que no se dejó afotar, y oí durante unos segundos el croar de ranitas meridionales.








Me fui derecho al Puerto de Las Presillas, ese lugar donde el bicheo es muy productivo, tal como lo fue ese mismo día con una horripilante larva que no sé de qué será, opiliones, varios escorpiones (Buthus occitanus) y arañas negras de los alcornocales (Macrothele calpeiana), aunque debo señalar que al último ejemplar de las fotos lo encontré cerca del Torreón, al que me acerqué un momento en mi viaje de vuelta porque ya sabía de antemano que allí había individuos de talla especialmente grande.






















No faltó a su cita un herpeto al que buscaba expresamente, esa zona con tierra tan blanda y suelta es propicia para poder encontrar alguna culebrilla ciega (Blanus mariae). Tantas veces que el año pasado sólo sabía de su existencia en mi Jaén natal por las mudas de piel que dejan, y por fin el pasado noviembre las vi por primera vez en Grazalema y ahora he repetido la oportunidad de disfrutar de tan singular animal, endemismo ibérico tan adaptado a la vida subterránea que parece más lombriz que reptil.

Tal como ya dije en su momento, las culebrillas ciegas NO son venenosas por mucho que lo digan los refranes rurales, hay que cortar de raíz con el saber popular que acaba convertido en estupidez popular.










Si os apetece alguna imagen de aves, conformaos con la agradecida tarabilla común (Saxicola torquatus), porque no hubo mucho más aparte de lejanos buitres leonados y chovas piquirrojas. Quise probar en el abrevadero donde otras veces gocé tanto con los mirlos capiblancos que bajan a beber, pero me tocó soportar en las cercanías el descanso de un grupo de esos deportistas que piensan que hay que gritar muchísimo para que todo el mundo sepa lo bien que se lo pasan.

En cambio tocó premio con los mamíferos, un rebaño de cabras montesas (Capra pyrenaica) estuvo pastando cerca de mí durante largo rato (hasta que yo fui quien decidió irse, de hecho), tan sólo interrumpido por un par de excursionistas que me vieron y se acercaron a intentar fotografiarlas con sus móviles (ya podéis imaginar la falta de discreción que tuvieron). Después de eso volvieron a su comportamiento confiado y tranquilo en mi presencia, que me recuerda al que tienen sus congéneres de algunas zonas de la Sierra de Segura.










Ejemplar con una pata rota





Cara de disfrutar MUCHO su comida






No sólo vi los inútiles intentos de ligoteo de los jóvenes machos, sino que también presencié otros comportamientos suyos como las provocaciones de combate y el frotamiento de cornamenta con los arbustos.







Con estas vistas del macizo os dejo hasta la siguiente entrada, aún quedan cosas marismeñas y serranas que enseñar, con sus sorpresillas incluidas.