jueves, 24 de noviembre de 2016

Entre cañones y calares



La aldea de Poyotello en el Calar de Gila

Se me estaba quedando atrasada esta publicación, tanto que ha pasado un mes completo por querer darle prioridad a otras entradas de más actualidad. Es ya momento de repasar esta salida que hice el 23 de octubre por el entorno del cañón del Segura, pero este vez desde la aldea de Poyotello en lugar de partir desde Pontones como hice en otra salida anterior.

Esto no quitó desde luego hacer una paradita en Pontones para contemplar el vuelo de los buitres leonados (Gyps fulvus), decisión que me premió con el avistamiento de un gavilán (Accipiter nisus) e incluso de un quebrantahuesos (Gypaetus barbatus). La mañana comenzaba de maravilla, aún ni había empezado mi ruta y ya había visto al carismático quebrantahuesos...









Llegado ya a la susodicha aldea, bajé al cañón por el sendero que lleva a la Cueva del Agua, sin dejar de mirar al cielo de vez en cuando, una buena idea porque entre los numerosos grupos de chovas piquirrojas (Pyrrhocorax pyrrhocorax) y buitres leonados avisté al segundo quebrantahuesos de la jornada. Este ejemplar, al ser de los liberados este mismo año, llevaba marca alar y pude saber que es el bautizado como Génave.











Una vez allí abajo, había que disfrutar del bosque húmedo tan bien conservado y de la cascada del Charco del Humo junto a los colores otoñales de cornicabras, azafranes silvestres y peonías.
Desde ese punto continúe por el arroyo de las Patas para subir por el barranco del mismo nombre, consiguiendo en sus puntos más elevados y despejados de unas vistas maravillosas del cañón.










Como acabo de decir, las panorámicas desde el barranco del arroyo de las Patas eran estupendas, admirando desde esa excelente atalaya la aldea de Poyotello en la distancia, el Calar de Gila y el bravo cañón labrado por el río Segura.
Eses sendero acaba comunicando con el que tomé en otra ocasión desde Pontones, como vimos en esta entrada tan otoñal que ya colgué anteriormente, pero allí la excursión perdía interés para mí al pasar por lugares muy cerrados y llevar demasiado tiempo sin avistar fauna ni paisajes, así que volví sobre mis pasos porque la subida de regreso no iba a ser pan comido. 
Hice una parada en la Cueva del Agua y estuve viendo mariposas como las dos de las fotografías, la primera sin identificar, pero la otra sí sé que es la manto bicolor (Lycaena phlaeas). Esperé pacientemente por si asomaba alguna lagartija de Valverde, pero no fue así y el único lacértido que vi fue una lagartija cenicienta (Psammodromus hispanicus).











Durante la subida de vuelta fui viendo varias cicindelas, creo que de la especie Cicindela campestris pero sin estar muy seguro, unas lejanas cabras montesas (Capra pyrenaica) a la sombra y un par de águilas reales (Aquila chrysaetos) a las que ya conozco de ocasiones anteriores, sobre todo al ejemplar juvenil.





Junto a un cuervo




Estas imágenes tan azules y soleadas no tienen que ver con los días tan lluviosos y grises que estamos teniendo últimamente, y que tanta falta hacían. Pronto veréis alguna que otra publicación sobre ello, hasta entonces os dejo con una imagen del imponente Almorchón, al que algún día subiré como más de uno ya se imaginará.







2 comentarios:

  1. Cada vez será más emocionante disfrutar de la presencia habitual del quebrantahuesos por las sierras andaluzas; señal de una buena aceptación de un espacio del que no debieron de desaparecer jamás.

    Como siempre, estremecedor fin de ciclo del álamo negro convertido en oro con la llegada del otoño. Creo que nadie viste como él este tono tan brillante.

    Saludos

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    1. Da gusto ver que la silueta del quebrantahuesos vuelve a adornar estos cielos junto a las demás rapaces, aunque aún con peligro y escollos. Ojalá la nueva pareja formada por Hortelano y Marchena dé la sorpresa empezando a criar.
      ¡Saludos!

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