lunes, 21 de noviembre de 2016

El celo de la cabra montés






A irse acercando el final de octubre iba teniendo cada vez más ganas de entrar en noviembre, mes que por estos lares marca el inicio del celo de la cabra montés (Capra pyrenaica), uno de los animales más emblemáticos de la Sierra de Segura con su imagen tan puramente montaraz.

Al igual que hice hace un par de años durante mi etapa viviendo en Siles, el día 7 me dirigí al Monte Orospeda (donde está enclavado el pueblo de Segura de la Sierra) para disfrutar de los avistamientos cercanos que allí permiten estos animales, demostrando como otras tantas especies que su comportamiento y confianza depende del trato que reciben de nuestra peligrosísima especie humana.

Allí estaban los habituales grupitos de hembras acompañadas de sus ya bien crecidas crías, que por estas fechas e incluso en octubre empiezan a recibir visitas de jóvenes machos encelados que no paran de insistir en infructuosos cortejos que son rechazados una vez tras otra.












Algunos de estos fervorosos jovenzuelos se enzarzan en breves luchas, pero más breve aún fue la que mantuvo uno de ellos con un macho ya adulto con el que el combate duró un solo asalto. Al primer testarazo quedó clarísimo quién era más fuerte y se acabó la tontería del adolescente.
Estos machos adultos no se dejan ver tanto como las hembras, y es durante su celo cuando tenemos más oportunidades de verlos al estar siempre tras los rebaños familiares.









Al igual que los ejemplares jóvenes, este grandullón mostró todo el repertorio de seducción de su especie, siguiendo a las damas con la cabeza gacha, sacando la lengua y emitiendo unos balidos con cómico parecido a un borreguito. Como en un auténtico documental de naturaleza en directo.











Pero de poco le sirvió al apasionado galán, fue rechazado como sus compañeros más jóvenes, y es que en este monte reside un formidable y robusto líder que hará su aparición más tarde ganándose el favor de las hembras, pues los machos más fuertes y veteranos suelen entrar en escena después de estos impacientes.

A diferencia de los ciervos durante la berrea, que se dedican febrilmente a ello desgastando sus energías diariamente, este amigo no se olvidó de alimentarse bien, y tras recibir varias calabazas en sus ligoteos se retiró a descansar.






Y todo esto avistando también varias especies de aves en este privilegiado mirador natural de la sierra que es el castillo de Segura de la Sierra, como por ejemplo un roquero solitario (Monticola solitarius), cuervos (Corvus corax), buitres leonados (Gyps fulvus) y hasta la majestuosa presencia del águila real (Aquila chrysaetos). Para acabar, que no os engañe el aspecto del lugar en las fotos, el día anterior había nevado en las cumbres y soplaba un viento gélido que ni os imagináis...










7 comentarios:

  1. Que pasote!!! Menuda suerte tener esos bichos en el monte. Un abrazo de aquí arriba.

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    1. Así me consuelo por haberme quedado sin cachopo de rebeco en Cantabria, jajaja.
      ¡Un abrazo!

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    2. El próximo verano cae seguro, ya veras!!!

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  2. Joder menudo reportaje, con las ganas que les tengo. Un abraso de linse

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    1. A ver si para cuando vengas aún te da tiempo de pillar alguno de estos cabrones.
      ¡Un abrazo de linse!

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  3. Vaya pasada de ejemplares, si parece que los tienes en el huerto.
    Me encanta la cabra montés, menuda planta tiene y, como molan los topetazos que se empentan.
    Son un adorno de naturaleza impresionante. No me canso de verlas.

    Saludos

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    1. La cabra montés es para mí todo un emblema de la sierra, allá donde no llegan los demás ungulados están siempre las monteses.
      ¡Saludos!

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