jueves, 15 de septiembre de 2016

Entre vencejos, rapaces y arte rupestre





Después de varias publicaciones segureñas es hora de retomar la naturaleza de Sierra Morena, siempre espléndida en los apretados bosques mediterráneos del muy quebrado y rocoso Despeñaperros, donde los ríos y arroyos de frescas alisedas labran unos tremendos barrancos y cortados inusitados en el conjunto de la cordillera.

Doy la bienvenida con este pico picapinos (Dendrocopos major), para seguir con la ya clásica serie en vuelo de los vertiginosos vencejos reales (Apus melba). Estas fotos son de agosto, cuando aún había seguridad a la hora de querer verlos sobrevolar las cuarcitas con su habitual algarabía, pero ahora mismo deben estar a punto de marcharse a África si no lo han hecho ya.






 







El vencejo cafre (Apus caffer), que también se dejó echar el ojo, es conocido por migrar bastante tarde y es más que posible que aún esté por la zona la pareja que allí anida.









Los gigantescos buitres leonados (Gyps fulvus) nunca faltan a la cita, a diferencia de los halcones peregrinos (Falco peregrinus), que estuvieron más discretos y sólo se dejaron ver posados a larguísima distancia.















Moviéndome por zonas más bajas y alejadas de los grandes cortados me encontré con uno de esos momentos con las aves rapaces que automáticamente quedan registrados en tu memoria, y es que es un espectáculo realmente bonito cuando varias parejas de águila calzada (Hieraaetus pennatus) con sus respectivos pollos de este año coinciden en la misma zona con sus vuelos y las súplicas constantes de los mozalbetes.










Cosa que resulta mejor aún al estar también tres ejemplares distintos de culebrera (Circaetus gallicus) sumando sus peculiares reclamos. Sobre todo fue muy colaborador el macho de las últimas fotos, que tuvo el magnífico detalle de pasar volando sobre mí a baja altura en varias ocasiones, incluso portando una pequeña serpiente en el pico.













Las dos especies juntas en cutrefoto



Ya tenemos los vencejos y las rapaces del título, ahora queda algo también pendiente de agosto no menos interesante, pues incluso lo es más. Mi mejor amigo de toda la vida y yo llevábamos mucho tiempo (tres años, casi nada) queriendo ver unas pinturas rupestres conocidas precisamente por la dificultar a la hora de dar con ellas... ¡y lo conseguimos!

Mereció sobradamente la pena el esfuerzo, son mucho más que las típicas manchas informes que quedan hoy día en muchos abrigos rupestres, aquí vemos con claridad unas figuras antropomorfas que parecen llevar una especie de máscara ritual junto a un cérvido con su cornamenta (y otra cosa, a ver si os fijáis). No hay más que ver las caras de alegría que se nos quedaron en esa calurosa mañana de verano que dedicamos a patear monte.









4 comentarios:

  1. Hola Carlos,

    muy guapa la entrada y las fotos, fotazas. Me ha llamado mucho la atención esa calzada "claroscura"... (fotos 2 y 3 de las calzadas). Hoy precisamente he visto la que pueda ser mi última culebrera del año. Leyendo el título de la entrada he visionado un largo y alternativo título de tu blog: "Entre viajes y pollos y anfibios y castillos y pinturas rupestres y rapaces y cabras... no acabo jaja.

    Salu2!

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    1. Hace unos años vi otra así con ese ocre tan extenso, llaman la atención. Hoy he visto dos culebreras, aquí se ven hasta octubre todavía.
      Como empiece así no paro, jajajajaja, al final tendré que llamarlo "entre cosas sinegéticas" y acabo antes.
      ¡Saludos!

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  2. Si es que ya te lo he dicho en numerosas ocasiones, eres hijo de sierra morena. Impresionante. Un abraso de linse

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    1. Gracias, para mí es un honor enorme (y no sé si merecido) llevar ese epíteto.
      ¡Un abrazo de linse!

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