domingo, 18 de septiembre de 2016

Desde el nacimiento del Segura a los Campos de Hernán Perea





Tras el paréntesis de Sierra Morena volvemos a la Sierra de Segura para darnos una buena pateada (virtual en el caso del lector). 
Pero primero quisiera repasar una visita que hice con mis dos hermanos la tarde del día 3 de este mes al nacimiento del río Segura, donde yo de paso pude ver una ardilla (Sciurus vulgaris), un águila calzada (Hieraaetus pennatus), una lagartija de Valverde (Algyroides marchi) y la mariposa C-blanca (Polygonia c-album). 






 




Otra cosa interesante que queríamos ver, nueva para mí además, era una serie de pinturas rupestres que hay en el abrigo de la Cañada de la Cruz. Están actualmente tan borrosas que cuesta ver lo que representan, pero una de ellas es claramente una figura humana, y he de decir que le tenía muchas ganas desde que el amigo Javi Reyes me lo comentó (gracias por darme las indicaciones).

Tampoco faltaron los bichos, mi hermano mediano vio una cabra montés (Capra pyrenaica) y en los abrigos rupestres abundaban las lagartijas de Valverde (aunque la de todas las fotos es la misma, un ejemplar más grande que el resto).











Desde allí parten distintas rutas senderistas, y mi hermano menor y yo nos fuimos al día siguiente por la que marcaba el GR-144, viendo al poco de empezar una cabra montés, algún papamoscas cerrojillo (Ficedula hypoleuca), bastantes abejeros (Pernis apivorus) en migración, un par de alcotanes (Falco subbuteo) y un ratonero (Buteo buteo).
Los abejeros son una de las rapaces más variables en aspecto que podemos ver en nuestra geografía, pero en la tercera foto tenéis un buen ejemplo de la diferencia entre sexos (macho en la parte superior y hembra en la inferior).












Llega un momento en que el bosque se va aclarando y el entorno se vuelve más duro y desolado, al ir llegando a los Campos de Hernán Perea, la altiplanicie más extensa de España con su siempre sensación de inmensa soledad solamente rota por la aparición de rapaces como las que vimos: tres ejemplares distintos de águilas reales (Aquila chrysaetos), un águila calzada y una culebrera (Circaetus gallicus), además de un aguilucho lagunero en migración sin fotografiar.
Nosotros no nos internamos allí y nos conformamos con sentarnos a admirar este paisaje tan distinto al del resto del parque natural, y que hay que respetar porque más de uno se ha llevado sorpresas desagradables al subestimar la peligrosidad del paraje en determinados momentos.















En un medio tan hostil no falta, sin embargo, la nota de color de los insectos alimentándose en los cardos, como en este caso con himenópteros y los lepidópteros Zygaena fausta y Lycaena phlaeas.
Algo interesante que me gustaría añadir antes de acabar es que vimos una balsa de agua a la que colocaron unas ayuditas en sus bordes para que los anfibios puedan entrar a reproducirse y luego salir sin problemas tanto adultos como metamórficos (se sabe que crían en la zona el sapo partero bético y el sapillo moteado ibérico).

Para la próxima tocará algo más refrescante, en contraste con el día de intensa exposición solar que veis aquí.










2 comentarios:

  1. Fascinante lo del arte rupestre, parece que no esté controlado bajo rejas como aquí, no? Precioso reportaje Carlos, las lagartijas de super lujo. Un fuerte abrazo.

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    1. Pues depende de la zona, esta pintura y de la entrada anterior no están valladas al estar en zonas muy escarpadas y de complicado acceso, pero hay otras que sí que tienen rejas al ser conocidas y estar a merced de los cafres.
      ¡Un abrazo!

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