lunes, 13 de junio de 2016

¡La mesa está puesta!





Hoy propongo una entrada breve y sencilla, pero con el encanto de esas escenas cotidianas que a aquellos que vivan en otros lugares les parecerán novedosas y llamativas, del mismo modo que a mí me llama la atención cuando en otros blogs veo imágenes con treparriscos, rebecos, colimbos, alcas, alcatraces, etc...

Todos (o casi todos) conocemos la estampa del tractor arando la tierra con una cohorte de aves detrás en pos de los bichejos que quedan expuestos al remover la tierra, sobre todo con las garcillas bueyeras (Bubulcus ibis), cigüeñas blancas (Ciconia ciconia) y gaviotas reidoras (Larus ridibundus). Mirando estas fotos veréis que también hay fumareles cariblancos (Chlidonias hybrida), pagazas piconegras (Gelochelidon nilotica) y algunos moritos (Plegadis falcinellus) para darle un acentuado toque sureño a tan agraria estampa.
Seguramente el conductor del tractor no imagina que algunos de los pajarracos que le siguen son interesantes objetos de deseo para no pocos observadores de aves.

Nota: me avisa Miguel Rodríguez que una de las gaviotas es una cabecinegra (Larus melanocephalus) de segundo año.






La gaviota cabecinegra está encima del fumarel











Continuando con esta temática del "papeo", una espátula (Platalea leucorodia) especialmente confiada y tranquila ante mi presencia será una modelo excelente para mostraros la manera de alimentarse de esta especie.
Comprobaréis bien su método moviendo el pico de lado a lado hasta que detecta una presa y la captura, sacando luego la cabeza del agua para engullirla.




















Esta espátula es ya una buena amiga que me regala las mejores observaciones de su especie durante estas semanas. Y ojo a la de estas fotos de abajo con su idéntico comportamiento confiado y la querencia por la misma zona de pesca, que hace que incluso llegue volando y se pose a pocos metros de mí como si nada.
Aquí veréis el frenesí que le entra cuando encuentra una presa grande y apetitosa, haciéndole correr aleteando con la cara sumergida.
















Y aquí tenéis otra, esta vez en compañía de un joven flamenco (Phoenicopterus roseus) con menos paciencia que ella ante el tío barbudo que observaba a ambas aves.
Y esto es todo de momento, un pequeño respiro con bonitas escenas de la marisma hasta que llegue la próxima entrada bien cargadita de naturaleza montaraz... y las siguientes entregas con la actualidad marismeña (habrá polluelos, lo adelanto).










4 comentarios:

  1. Esto de los tractores labrando es de lo más hipnótico para el observador. Me gusta horrores ver a las aves buscar esos perseguidos bocados aunque sean de las más corrientes.
    Mola el barullo, el barullo a toda pastilla. Una maravilla.

    Saludos

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    1. Totalmente, es algo que me ha gustado siempre, desde niño (hasta mis padres se quedaban mirando con aire divertido).
      ¡Saludos!

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  2. La mancha amarilla del pico es única en cada ejemplar. Compara con fotos de otro día y así podrás comprobar que es la misma.
    Buenas fotos, como siempre!

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    1. Pues entonces va a ser que hay más de una espátula confiadota, cosa buena.
      ¡Gracias!

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