domingo, 26 de junio de 2016

¡Al fin la víbora hocicuda!




Llevaba muchísimo tiempo sin enlazar entradas que realmente fueran continuaciones cronológicas y las iba seleccionando con otros criterios, sobre todo por ir variando y alternando las sierras y los humedales, pero esta vez me ha parecido interesante que se vea lo que hice justo después de aquella maravillosa salida por la Sierra de las Nieves.

Ya expliqué en la entrada anterior que pasé la noche en Júzcar, con idea de ir desde allí hacia el P.N. Los Alcornocales atravesando el Valle del Genal, que para mí era totalmente desconocido y me encantó la estampa de sus pueblos que veis justo abajo.




Benalauría

Benadalid

Atajate

Alpandeire


También hube de atravesar el pueblo de Cortes de la Frontera para acceder desde allí a Los Alcornocales por un lugar que ya conocí en invierno, la Garganta de la Pulga. Estuvo bien la cosa en avistamientos de rapaces, con los buitres leonados (Gyps fulvus) muy omnipresentes e incluso sorprendidos en una carroña de cabra doméstica, culebreras (Circaetus gallicus) y águilas calzadas (Hieraaetus pennatus).












Mirando al suelo vi varias especies de orquídeas: Serapias lingua, Epipactis helleborine, Ophrys tenthredinifera y Orchis langei. Hice bien en disfrutar por esas fechas de todas las que veía, pues recientemente ya sólo veo ejemplares totalmente secos, aunque imagino que en lugares muy húmedos quedarán aún algunas especies como ya vi el año pasado en la Sierra de Segura.











También por el suelo encontré bichetes como escorpiones (Buthus occitanus), arañas negras de los alcornocales (Macrothele calpeiana), una culebrilla ciega (Blanus mariae) y un sapo común (Bufo spinosus), además de toparme de pronto con una cierva que echó a correr y ver y oír numerosas avecillas forestales.










Pero, amigos míos, lo mejor estaba aún por llegar... me quedé un poco desilusionado al no encontrar en esa ocasión ningún sapillo pintojo, pero al irme a casa tuve el gran encuentro del día (y de los mejores de los últimos tiempos).
Decidí parar un momento a examinar un claro del bosque con numerosas ramas caídas de alcornoque, y allí entre el corcho y la hojarasca se movió algo con un dibujo en zig-zag que me subió la pulsaciones... ¡¡UNA VÍBORA!!
Así es, por fin tenía ante mí una víbora hocicuda (Vipera latastei) tras largos meses buscándola por los hábitats propicios en distintas sierras andaluzas. Era un ejemplar juvenil con una preciosa y poco común coloración que me cautivó con esos ojazos de pupila vertical y ese dibujo críptico que casi la funde con la hojarasca del suelo.
Fijaos bien en el extremo de su cola, bien fino y con un color amarillento para usarlo como señuelo y así atraer a sus posibles presas.












Cuando acabó el 2015 hice una entrada recopilando lo mejor del año y pensando ya en lo que estaba por venir en este 2016, y justo mencioné si tal vez conseguiría ya ver la víbora hocicuda. Pues aquí está, y espero que sea la primera de otras tantas más.
Con este subidón tocó ya volver a Los Palacios pasando, una vez más, por Ubrique, que siempre gusta con su blanca estampa ante las moles calizas.








9 comentarios:

  1. Enhorabuena, y además que fotazas. Me muero de envidia, jajajaja. Un abrazo Carlos.

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    1. Muchas gracias. Este verano me animaré a subir a Cantabria, a ver si cae su prima la víbora de Seoane (y estaría bien que bicheásemos juntos).
      ¡Un abrazo!

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  2. Una pasada esa hocicuda y muy buenas las fotos.
    Saludos Carlos.

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    1. Fue sin duda lo mejor de la jornada, qué bicha más bonita.
      ¡Saludos!

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  3. Qué pasote de entrada!! Enhorabuena por esa víbora, el retrato es alucinante.
    Un abrazo!!

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    1. Ahora puedo decir que me arrodillé con el macro frente a una víbora, jajaja.

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    1. Y el abraso te lo devuelvo por aquí, que ha sido más sinegético.

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