miércoles, 11 de mayo de 2016

Sierra Norte de Sevilla





Tenía pendiente este curso hacer una visita al sector sevillano de Sierra Morena, con la ventaja de ya haber estado allí unas pocas veces hace dos años y así poder ir a tiro hecho.

El 24 de abril elegí como primer destino un punto que me pareció especialmente potente la vez anterior: el Cerro del Hierro. Este monumento natural posee un indudable valor geológico y paisajístico por su naturaleza kárstica, aunque lo que no todos sus visitantes conocen es que alberga una muy interesante fauna y flora.
Precisamente empiezo por esta última, al estar al corriente de que es una excelente zona para orquídeas gracias a la completa obra de Rafa R. Porrino sobre estas sierras. Están allí prácticamente todas las especies que pueden citarse en la Sierra, de las que yo al menos vi cinco especies (nada mal teniendo en cuenta que no iba buscándolas expresamente): Serapias parviflora, Oprhys lutea, Ophrys speculum, Orchis champagneuxii y (novedad para mí) Ophrys dyris.










Mirando al suelo en mi paseo, pues es de los pocos lugares de Sierra Morena donde poder ir de ruta sin las dichosas vallas cinegéticas restringiendo apabullantemente, encontré un par de sapos corredores (Bufo calamita).







Las aves son el plato fuerte del paraje, empezando por las "habituales" (entrecomillado porque en otros sitios no lo son tanto) como la golondrina dáurica (Hirundo daurica), el roquero solitario (Monticola solitarius) y el cuco (Cuculus canorus).

De hecho, los cantos de estos dos últimos fueron la banda sonora de casi todo mi recorrido, amenizando sobremanera los avistamientos de vencejos comunes, picogordos, buitres leonados, buitres negros y más especies... sobre todo una que destaco ahora después.








Las estrellas del cerro son las cigüeñas negras (Ciconia nigra), viendo esa mañana dos parejas distintas exhibiéndose en vuelo, desplegando bien visiblemente sus infracobertoras caudales de destacado color blanco y vocalizando.

Después de verlas durante los meses fríos como invernantes en Doñana, resulta de lo más agradable ver ejemplares reproductores en primavera desplegando toda su actividad.











Después puse rumbo a la rivera de Onza, lugar apartado y remoto donde saborear las soledades de Sierra Morena en compañía de las grandes rapaces que allí habitan. Éstas no se hicieron de rogar, y aparecieron buitres negros (Aegypius monachus) entre los más abundantes buitres leonados (Gyps fulvus), además de uno de los mejores momentos del trayecto cuando entraron en escena dos águilas reales (Aquila chrysaetos).

Se vieron muchas más especies, como abejarucos, tórtolas comunes, ranas comunes, una culebra viperina... y las de las fotos, un par de culebrillas ciegas (Blanus mariae) y unos gamos (Dama dama).



Volantón de aláudido, supongo que de totovía










La última parada sería en los llanos de Guadalcanal, utilizando una cañada real para poder pasear entre fincas y vallas (lo que siempre odiaré más de esta cordillera). Hace dos años estuve cuando el estiaje ya hacía de las suyas, pero en esta ocasión me encontré con sus pastizales en plena ebullición primaveral, muy floridos y llenos del canto de trigueros y demás avecillas campestres.

Iba entretenido con unas orquídeas de la especie Orchis papilionacea cuando vi entre los buitres a otra de las estrellas de la Sierra que me quedaba por ver ese día, ni más ni menos que el águila imperial (Aquila adalberti). 










Buitre negro

Tarabilla común (Saxicola torquata)


Y es que esta zona es especialmente buena para ver distintos ejemplares de todas las edades de esta gran águila, junto a su prima la real, pero ya se me iba haciendo tarde y no podría permitirme hacer el recorrido entero, por lo que dediqué los últimos momentos para "bichear" un poco, viendo larvas de sapo corredor, un gallipato (Pleurodeles waltl), carralejas (Berberomeloe majalis) y algunas culebrillas ciegas. También muchas más cosas sin fotografiar, como zarceros comunes, galápagos leprosos o ranitas meridionales.










La jornada salió muy bien para mi gusto, me fui muy satisfecho de vuelta a Los Palacios mientras pensaba que aún tendría tiempo durante el resto de curso para volver por allí haciendo otros recorridos, y pensando en lo espléndida que lució la Sierra al haberla visto por primera vez durante la primavera.





Normalmente cerraría la entrada con esas imágenes de un castillo que tanto me gustan como guinda final (en este caso el castillo de Alanís), pero mejor voy a finalizar con estos dos libros sobre la naturaleza de la Sierra Norte de Sevilla que me parecen más que recomendables (de hecho, yo me basé en el de Rafa Porrino para hacer mis itinerarios):








4 comentarios:

  1. Hola Carlos,

    cada entrada tuya es una guía de naturaleza. ¡Qué variedad de animales! Estoy a la espera de que me lleguen 4 libros yo también, pero sobre toda la península, anfibios, murciélagos...

    Salu2 Linse!

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    1. Muchas gracias, la verdad es que me gusta pensar en ese enfoque.
      Bibliografía sinegética en camino, eso sí que me gusta también, fundamental el estar bien informados.
      ¡Saludo!

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  2. Se me había pasado esta entrada, Carlos. Me alegra que lo pasaras bien con la fauna y flora de Sierra Norte. Y gracias por la parte que me toca (referencia de mi libro)!

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    1. Qué menos que mencionar el libro, con lo utilísimo que me ha sido gracias a lo completo que te quedó.
      ¡Saludos!

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