lunes, 23 de mayo de 2016

Sierra de Segura: una colorida visita en un lluvioso día gris


El Yelmo


Esta entrada es del tipo que me producen una inmensa satisfacción. He ido publicando crónicas de salidas por serranías nuevas que he ido conociendo durante el curso, y aún quedan más por ir actualizando, pero ésta de hoy es especial por ser sobre mi querida Sierra de Segura, a la que fui el día 6 aprovechando que no había clases en Los Palacios y Vfca.

Durante todos estos meses no he dejado de acordarme de su vasta inmensidad cuajada de pinos laricios y sobrecogedoras moles calizas donde habitan interesantísimas y variadas especies de fauna y flora. Escarpados roquedos donde corren sin vértigo las cabras montesas, mosaicos agrarios y forestales donde cazan diversas aves rapaces, húmedos bosques donde aún perviven avellanos y acebos, fuentes y arroyos con rica comunidad de anfibios, roqueros solitarios y ardillas a sus anchas por los tejados de sus pueblos... tenía que volver a vivir estas sensaciones.

Empecé por el castillo de Segura de la Sierra, como siempre, para intentar disfrutar de sus habitantes silvestres en la tranquilidad de los primeros momentos de la mañana. Allí estaban cantando a todo pulmón los reyezuelos listados (Regulus ignicapilla), con la gran suerte de que uno de ellos eligiera como escenario una ramita despejada en dos ocasiones.
En la misma base del castillo crecían unas orquídeas de la especie Ophrys lutea, aunque no estaban por allí las famosas cabras montesas (Capra pyrenaica) que suelen hacer las delicias de quien las encuentra, pero no me quedé sin verlas porque resultaron estar un poco más apartadas de la fortaleza.



Castillo de Segura de la Sierra

Peñalta

Orcera

Sierra de Las Villas














Después me acerqué a la laguna de La Hueta por si ya tenía agua, recordad que en mis dos visitas invernales estaba totalmente seca, y esta vez sí que la hallé repleta del vital elemento líquido. Quise grabar un vídeo en el que se oyera el magnífico concierto que ofrecían ranas comunes, ranitas meridionales y aves forestales como reyezuelos listados y herrerillos capuchinos, pero justo al hacer intentos no salía como esperaba... de todos modos lo mejor fue saborearlo in situ con esas soberbias vistas hacia el Monte Navalperal que dan a la laguna una estética impresionante.


Por allí vi una orquídea Neotinea maculata, un joven lagarto ocelado (Timon lepidus) mostrando carácter y un par de abejeros (Pernis apivorus) en migración. Las protagonistas, sin duda, fueron las ranitas meridionales (Hyla meridionalis), al ver numerosos adultos entre los que estaba un ejemplar curiosamente oscuro que se camuflaba bastante bien en las zonas más turbias.















Fui hacia Siles por la carretera de Las Acebeas, haciendo numerosas paradas en lugares como en el paraje del mismo nombre (formidable tesoro botánico) y su camping. Allí estaban orquídeas como Ophrys scolopax, Dactylorhiza sulphurea, Orchis champagneuxii y Orchis cazorlensis, escuchando mientras el canto del cuco y del cárabo (sí, éste durante el día) y viendo herpetos como la rana común y la culebra viperina.









A media mañana aparqué el bicherío por motivos muy importantes para mí, porque visité el colegio de Siles donde estuve el año pasado, y es que fue la mayor razón que tuve para elegir justamente ese día en el que yo no tenía clases pero sí el resto de colegios.

Me tomé mi tiempo, la ocasión lo merecía sobradamente, y no fue hasta por la tarde cuando retomé la actividad bichera. Tenía fichado El Puntal para cerrar mi visita serrana, al estar al mismo lado del pueblo y tener una riqueza de orquídeas que descubrí muy tarde el año pasado. Fui viendo Ophrys speculum, Ophrys lutea, Orchis cazorlensis y Orchis olbiensis, sumando un total de 10 especies si incluimos otras dos que vi pero no fotografié (Orchis langei y Limodorum abortivum).











Y llegué a mi último destino, la laguna de Siles. Ya veis que el tiempo estuvo plomizo y desapacible, allí llegó a descargar lluvia en una ocasión en la que tuve que resguardarme al abrigo de las rocas y encinas.

Estuve viendo y oyendo gallinetas, cucos, picos picapinos, agateadores, páridos, etc... mientras caminaba por esos prados encharcados donde crecían Orchis champagneuxii en ingentes cantidades, y es que es una verdadera maravilla encontrarte con esta diversidad de medios en unas sierras donde puedes patear a tu antojo, pasando del pinar a un poljé muy cercano a ese monumento kárstico que es el Calar del Mundo.

En junio del año pasado vi que había eslizones por allí, pero todos se escabullían a vertiginosa velocidad por la hierba alta sin que pudiera tener tiempo de identificar la especie. Esta vez no se me resistieron y pude comprobar para mi alegría que se trataba de eslizones tridáctilos (Chalcides striatus), especie que fotografío por vez primera.

Después de esto, me marché al ver que el tiempo iba poniendo peor cara, y menos mal, porque al irme a mi pueblo en coche empezó a descargar lluvia fuertemente, viendo por la carretera sapos corredores al ir llegando a Bailén.
Os dejo finalmente con las imágenes de la laguna y un par de eslizones tridáctilos. Quién pudiera volver a vivir allí y seguir descubriendo los secretos que guardan sus picos y masas forestales...












4 comentarios:

  1. Será que el pobre cárabo tiene ahora que adelantar el marcaje de su territorio, incluso a horas diurnas, como revela un estudio sobre la territorialidad de esta mediana rapaz para escapar de las garras del búho real (aunque en el caso del estudio mencionado, retrasaba el canto a horas nocturnas más tardanas para no coincidir con él).
    Me falta ver al reyezuelo con la cresta levantada, veo que es una chulada añadida a un pajarillo tan pincho.

    Saludos

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    1. Muy interesante el dato, sobre todo porque no se conoce bien la presencia de búho real en la zona y esto podría dar pistas.
      Con paciencia llegará el momento punki del reyezuelo, tienen tanta mala leche con sus competidores que es sólo cuestión de tiempo.
      ¡Saludos!

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  2. Que guapa la ranita oscura, las hylas de por aquí arriba no llegan a ponerse tan oscuras, o por lo menos yo nunca las vi. Bonito reportaje Carlos, un abrazo.

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    1. Tenía constancia de ranitas de color pardo clarito y e incluso he visto alguna, pero no imaginaba que las haya tan oscuras y, como dije, el caso es que se camuflaba muy bien en las zonas más lodosas.
      ¡Un abrazo!

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