martes, 17 de mayo de 2016

Roqueros rojos en Grazalema (junto a muchísimo más)





Mi última visita a la Sierra de Grazalema ha sido tan gratificante como aquella otra ocasión en invierno con los mirlos capiblancos, consiguiendo ver otra especie de ave de montaña en las mismas fabulosas condiciones de cercanía.
Hablo del roquero rojo, ave que podemos encontrar en zonas montañosas de nuestro país durante la época estival, y que yo aún no había visto bien, tan sólo un ejemplar volando muy lejos en Picos de Europa.

Para desquitarme al fin, pensé en incluir en mi ruta un lugar donde vi que la especie habita gracias a otros blogs (aquí y aquí, les agradezco mucho el haberlo compartido). Para evitar las hordas de excursionistas gritones que te lo espantan todo, pensé en pasar allí la noche y empezar mi salida desde muy temprano (bien es sabido que al dominguero chillón no le gusta madrugar), y de paso me di así una vueltecilla nocturna por si caía algo

No era la noche más propicia para anfibios porque no había llovido, pero de todos modos encontré varias larvas de salamandra penibética (Salamandra longirostris) y un sapo común (Bufo spinosus). También tuve encuentros con ciervos y jabalíes, y en un gran árbol se escuchaban unos sonidos extraños que seguramente serían de un cárabo o un búho chico.








Me fui encontrando orquídeas como la Ophrys apifera, la de la primera foto de un ejemplar un poco raro (me dicen que puede ser la variante trolli). Pero no era cuestión de ir fotografiando todas las demás que estaban en zonas por las que pasaría al día siguiente.







Al día siguiente, el 30 de este mes, me puse en marcha con la única distracción de algunas cabras montesas (Capra pyrenaica) por la carretera. Y es que las malditas estaban muy cerca, con la misma confianza que tienen en las zonas de Jaén donde no las abaten a tiros.








Mi destino era el Puerto de las Palomas, para subir allí al Cerro Coros a ver si sonaba la flauta del roquero rojo. Entre chovas piquirrojas (Pyrrhocorax pyrrhocorax) a punto estuve de desviarme de mi ruta al ver un macho montés más alejado que sus congéneres más jóvenes, pero no podía permitirme distraerme tanto antes de llegar a la cima.








Y es que aquel rincón es interensantísimo aunque no viera ningún roquero rojo. Sobre manchas de pinsapos (Abies pinsapo) fui disfrutando por el camino de detalles como la súbita aparición del escribano montesino (Emberiza cia) y la nota de color de la orquídea Orchis langei. Amenizando además la llegada a las zonas altas con el canto del roquero solitario y el vuelo rasante y furtivo de un gavilán.








Y en esas estaba cuando, de repente, vi un ave con mucho color naranja cantando desde una encina baja. No cabía duda de que era un roquero rojo (Monticola saxatilis), que después estuvo posándose en las rocas del terreno, viendo un poco después otro ejemplar más que también había escogido una encina como posadero en compañía de un gorrión chillón (Petronia petronia).











Verlos así ya era sobradamente satisfactorio, pero quedaba lo mejor por venir...
Yo sabía ya por experiencia que los pájaros de montaña pueden ser muy agradecidos, si vas a tu aire ellos harán lo mismo, incluso llegan a pasar bastante de tu presencia como acabó ocurriendo de hecho con este último ejemplar, que de pronto bajó de su posadero hasta poca distancia de donde estaba yo tranquilamente sentado.








Después llegó otro macho buscando bronca y se alejaron ambos, viendo luego en la distancia a uno de ellos junto a una hembra. También una collalba negra (Oenanthe leucura) y una collalba rubia (Oenanthe hispanica), esta última de llegada estival al igual que el roquero rojo.

Hagamos recuento de lo que se llega a ver en este cerro... durante todo el año están el roquero solitario y la collalba negra, en temporada estival el roquero rojo y la collalba rubia, y en la invernada visitantes como el acentor alpino y el mirlo capiblanco junto a sorpresas como aquel zorzal real.
Un sitio magnífico para pájaros montaraces, aunque se me terminó la fiesta cuando empezaron a llegar los primeros excursionistas bien precedidos por sus gritos. Al menos pude seguir disfrutando de las maravillosas vistas hacia Algodonales y Zahara de la Sierra con su embalse.










La idea para el resto de la salida fue buscar sitios donde poder bichear un poco por el bosque con más tranquilidad, y encontré unos parajes inesperadamente agrestes y apartados del vocerío, curiosamente muy cerca de un área recreativa donde la gente hasta llevaba un micrófono...

Allí pude ir viendo una culebrera, buitres leonados, paseriformes forestales, dos lagartos ocelados, mariposas arlequín, etc... Fotografié una largatija colilarga (Psammodromus algirus), una culebrilla ciega (Blanus cinereus) y orquídeas como Ophrys lutea, Ophrys tenthredinifera, Serapias parviflora y Ophrys scolopax.
















Sin olvidarme de mis adoradas arañas negras de los alcornocales (Macrothele calpeiana) con algún escorpión (Buthus occitanus).









Habiendo salido desde temprano, el pescado ya estaba vendido y decidí que me podía volver para casa, no sin antes encontrar una pluma de cárabo junto al coche, ni sin hacer unas fotos de estampas características como las del Salto del Cabrero y La Silla.
Este curso me ha brindado oportunidades únicas para conocer estos enclaves de Andalucía occidental que difícilmente hubiera visitado desde mi hogar en Jaén, ¡menudos recuerdos me estoy llevando de Grazalema!








6 comentarios:

  1. Hola Carlos!!!! Tiempo sin pasarme... muy variada, como siempre, la entrada y cómo te lo pasas por tierras sureñas ;) Un abrazo Linse!!

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    1. ¡¡Hola!! Pues es una franca alegría verte por aquí. Allá donde voy me lo paso como los cosacos.
      ¡Un abrazo!

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  2. No te puedes imaginar lo que me gusta el roquero rojo pero, he de reconocer, que la imagen del gorrión chillón con las rectrices desplegadas me ha dejado de piedra pómez. Jamás mis ojos han sido capaces de ver las características motas blancas con tanta claridad. Me ha gustado mucho la foto, es una pasada.
    Hace una semana vi un roquero rojo en una terrera y yo estaba dentro del coche. Como siempre, con la cámara sin montar.

    Saludos

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    1. Yo hasta la fecha ni sabía que tuvieran así la cola, siempre nos enseñan algo estos amiguetes silvestres.
      Ya es un clásico encontrarse con algo así y no llevar la cámara lista, y sabemos que nos pasará muchísimas veces más.
      ¡Saludos!

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  3. Bonita sesión, las fotos del roquero rojo están de super lujo. Enhorabuena Carlos, un abrazo.

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    1. Iba con la idea de intentar ver más o menos bien los roqueros, ni de lejos contaba con volverme a casa con esas imágenes.
      ¡Un abrazo!

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