viernes, 20 de mayo de 2016

Marismas del Odiel





El 2 de mayo tenía un espléndido día libre por delante para ir a algún sitio al que aún no hubiera ido durante el curso, y la opción por la que me acabé decantando fue Huelva con sus Marismas del Odiel.

Al igual que con mis visitas a las Salinas de Bonanza (en la provincia de Cádiz), este enclave ofrece jugosas posibilidades con especies de aves costeras que lógicamente no puedo disfrutar en los humedales sevillanos que suelo frecuentar, y en efecto pude llevarme un buen repertorio de observaciones a casa.

Empecé con especies a las que estoy sobradamente acostumbrado en mis campeos por Los Palacios, como lo son el flamenco (Phoenicopterus roseus) y la espátula (Platalea leucorodia).








Pero no tardaron en aparecer especies más propias de estos medios costeros, como el zarapito real (Numenius arquata), la aguja colipinta (Limosa lapponica) y el zarapito trinador (Numenius phaeopus). Fue destacable que algunas de las agujas presentaban ya un avanzado plumaje nupcial con tonos rojizos (más extensos que en sus primas las agujas colinegras) y el pico totalmente negro.








Nutridos bandos de otras limícolas más pequeñas correteaban por las orillas. Abajo tenemos representados a los chorlitejos grandes (Charadrius hiaticula) junto a algunos correlimos comunes (Calidris alpina) y un vuelvepiedras (Arenaria interpres).










Con los estérnidos salió bien saldada la jornada, porque vi más especies de las esperadas. Había muchos fumareles comunes (Chlidonias niger) volando sobre el mar, imagen nunca vista por mí con estas aves propias de humedales interiores, y también un charrán común (Sterna hirundo) entre los bandos de charrancitos (Sternula albifrons). Añadamos a esto las especies más grandes, como los charranes patinegros (Sterna sandvicensis) en la distancia, y una pagaza piquirroja que vi mientras iba conduciendo.
Ver y oír las dos especies de charranes me trajo inmediatos recuerdos de mis veranos en la Bahía de Santander, pese a estar en la otra punta de la Península.













Las gaviotas de Audouin (Larus audouinii), una de las especies que contaba con ver, se mostraron bastardamente distantes, pese a que se suponen fáciles las gaviotas en general.









Las canasteras (Glareola pratincola), en cambio, se mostraron cercanas como de costumbre.












Antes del mediodía quedé con una excompañera de colegio que es de allí, y me dio una vuelta enseñándome algunos lugares buenos para que algún día me anime a probar suerte con los camaleones.
De paso se fueron viendo aves como los chorlitejos grandes, correlimos comunes, zarapitos trinadores, agujas colipintas y espátulas, además de los cangrejos conocidos como bocas (Uca tangeri), mientras conocía lugares nuevos como la Laguna de El Portil.















Por la tarde se suponía que volvería directamente para casa, pero al ver el desvío a las Marismas del Odiel no pude evitar dar una vuelta más. Cerca del centro de visitantes vi una pareja de ánades frisos (Anas strepera) junto a los flamencos y espátulas.












Mereció la pena esta segunda vuelta, porque entre las limícolas había un chorlito gris (Pluvialis squatarola) con plumaje nupcial, algo que nunca había visto. La foto ya lejana y a contraluz es una birria, pero con los prismáticos lo vi muy bien antes de que se alejara.

También andaban por las playas los correlimos tridáctilos (Calidris alba) con sus cómicas carreras al vaivén de las olas, y me despidieron ingentes bandos mixtos de fumareles comunes y charrancitos congregados en la arena.

Y es que estos aires marinos sientan muy bien entre mis habituales trasiegos entre la sierra y los humedales.











No hay comentarios:

Publicar un comentario