viernes, 18 de marzo de 2016

Villaluenga del Rosario - Llanos del Republicano





Una de las mejores cosas de vivir en Los Palacios y Vfca. es su proximidad con la provincia de Cádiz para seguir conociendo mejor sus serranías. Los humedales sevillanos, y muy concretamente el Brazo del Este al mismito lado de Los Palacios, son desde luego un festival para la observación de aves, pero ya me conocéis y sabéis que lo que más me tira es el monte... cosa que he hecho aprovechando bastantes fines de semana para ir conociendo nuevos parajes por la magnífica Sierra de Grazalema.

Para el día 5 estuve pensando bien a dónde ir, después de no haber ido desde enero, y después de contrastar opiniones en el colegio me decanté por ir a los Llanos del Republicano, partiendo del pueblo más alto y menos poblado de Cádiz, Villaluenga del Rosario, pueblo blanco y bien encajonado en esas moles calizas que tanta atracción ejercen sobre mi persona.

Los Llanos del Republicano, que deben por lo visto su nombre a que se arrojó a un republicano a una sima, son en términos geológicos un poljé, es decir, un hundimiento del terreno entre afloramientos de roca caliza, con elevada humedad al ser atravesado por algún arroyo que acaba desapareciendo por un sumidero. Tan fértil valle es utilizado por los lugareños para pastorear vacas, ovejas, cabras y los simpáticos (y apetitosos) cerdos ibéricos de la última foto.










No tardé en toparme con los ineludibles arroyos de la zona, que tenían en los tramos más amplios numerosas puestas de anfibios (seguramente de Bufo sp.), así como unas larvas que atribuyo al sapillo moteado ibérico (Pelodytes ibericus), además de bastantes arañas Pardosa correteando sobre la superficie del agua.









Adjudico la especie de las larvas por la transparencia de sus intestinos, y por haber encontrado en las cercanías un precioso ejemplar adulto que, curiosamente, compartía refugio con un ratón de campo.
Estoy viendo durante estos meses que las sierras gaditanas son una excelente zona para herpetos, y ahora más abajo vais a seguir comprobándolo cuando aborde la siguiente especie.









Antes de los encuentros anfibios había topado con unos ofidios. Primero con una culebra viperina que maldije por habérseme escabullido por el agua, y justo se me pasó el mal humor a los pocos minutos cuando me encontré con una especie más rara y además endémica de la Península, la culebra de cogulla (Macroprotodon brevis). Pero no acaba ahí la cosa, porque en cosa de un metro cuadrado me encontré con otros dos ejemplares... ¡y encima juntos! Por entonces ya me importó un pimiento que se me hubiera escapado la culebra viperina, claro.











Todo este bicheo derivaría sin lugar a dudas en encontrar varios ejemplares de araña negra de los alcornocales (Macrothele calpeiana) y escorpiones (Buthus occitanus). siempre bienvenidos por ser de mis bichejos preferidos, y la escolopendra (Scolopendra cingulata) más monstruosa que he visto nunca. Lástima de no haberle colocado al lado una moneda para hacer escala, aunque el cabezón y el grosor del cuerpo ya indican la notable robustez de un ejemplar de unos 15 centímetros.















Con respecto a la avifauna, por allí se veían chovas piquirrojas, buitres leonados, perdices rojas, pitos reales, etc... y lo mejor de todo, un par de mirlos capiblancos, que fueron vistos y no vistos (menos mal que ya me conozco sus sonidos).
Dejo la imagen de parte de un bando de milanos negros (Milvus migrans) en su largo viaje migratorio, que al menos haya algo de representación de las aves porque en general no colaboraron nada ante la cámara.
Mirando al suelo vi flores como las del narciso y el lirio (las especies las dejo para quien sepa más que yo), y la sorpresita de las orquídeas Orchis conica, especie que fue nueva para mí.











Esta ruta sube por el Puerto del Correo y accede a los Llanos de Líbar, que me quedé sin conocer porque yo soy como soy, y siempre acabo haciendo lo que me da la gana en las rutas, yendo en zig-zag por ahí mirando todo lo que me llama la atención, y pasando del recorrido oficial, ¡qué le voy a hacer! Pero no me quedé sin ver este precioso refugio en el Puerto del Correo, ni sin pasarme a comprar algo del queso de cabra payoya que da renombre al pueblo y la sierra en general.

No tardaré en volver a estas serranías gaditanas, ya veréis el motivo... seguro que no os lo imagináis, pero cuando lo veáis no os va a extrañar para nada... ¡¿qué será?!










8 comentarios:

  1. Pues no me extraña que te importase un pimiento lo de la viperina, menudo nivelazo. Y el sapillo de super lujo. Gran reportaje, un abrazo Carlos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Sólo por los encuentros con esas especies ya mereció la pena ir hasta allí, que de por sí es un entorno espectacular que merece ser visto.
      ¡Un abrazo!

      Eliminar
  2. Vaya bicherío!! Enhorabuena por esa culebra Carlos.
    Mola ese toque gastronómico que metes como guiño al final de las entradas.
    Abrasos de linse!!!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Sabía yo que a más de uno no os iba a pasar desapercibido el toquecillo, jaja.
      Gracias, encima ver tres de esa especie en la misma salida fue la leche.
      ¡Un abrazo de linse!

      Eliminar
  3. Respuestas
    1. ¡Tengo una batería inagotable para estas cosas!

      Eliminar
  4. Buena cosecha, sí señor.
    Estos días estuve disfrutando de mis queridos milanos negros y, en un día de lluvia pude ver 80 ejemplares posados en los brazos más altos de una torre de tendido eléctrico, bien apretados.

    Saludos

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Es una gozada tenerlos de vuelta con esa manera suya tan llamativa que tienen de llegar. Hace una semana iba conduciendo por una carreterita tranquila mientras ellos iban llegando volando bajo al atardecer, parecían infinitos.
      Nos toca disfrutar de quienes han estado mucho tiempo ausentes.
      ¡Saludos!

      Eliminar