martes, 9 de febrero de 2016

Sierra de Aracena y Picos de Aroche


Aracena


Quién me lo iba a decir, cuando se me ocurrió llamar "Sierra Morena Oriental" al blog pensando en mi tierra de origen, que hoy iba a estar escribiendo sobre el extremo opuesto de la cordillera, la Sierra Morena de Huelva.

Llevaba tiempo queriendo hacer una visita a la Sierra de Aracena para observar fauna, y digo esto último porque ya conocí la zona en mi adolescencia y además estuve en septiembre con dos amigos viendo sus pueblos y parajes, pero me faltaba dedicar una jornada bichera en exclusiva, cosa que pude hacer por fin el domingo 31 de enero.

Decidí ir hasta Aroche pensando en la ruta que Rafa R. Porrino diseñó desde esta población hasta Encinasola con el propósito de observar rapaces, especialmente grandes carroñeras. En esta web podéis pinchar para ver un resumen de la más detallada descripción que aparece en el libro dedicado al pajareo por esta sierra de su colección para ver aves en Sierra Morena.

Para llegar allí desde mi hogar temporal en Los Palacios y Villafranca tuve que atravesar buena parte de la comarca, pasando por pueblos como Cortegana, soberbio ejemplo que pongo con su castillo dominando las vastas extensiones de bosque mediterráneo de alcornoque y encina. No pude evitar una paradita junto al pueblo de Aracena para mirar un rincón donde sospeché que podría encontrar la araña negra de los alcornocales (Macrothele calpeiana), que a estas alturas es ya un icono actual del blog.








Después de pasar por Aroche... mejor dicho, atravesar Aroche porque tuve ganas de ver sus casas blancas entre callejuelas empedradas, llegué al río Chanza y pasé largo rato buscando por sus cauces. Bajo el puente estaban estas grandes huellas con toda la pinta de pertenecer a la nutria, y me fui encontrando con ranas comunes (Pelophylax perezi), coleópteros de la especie Chlaenius festivus, distintas arañas y un gran ejemplar de escorpión (Buthus occitanus).








Pardosa sp.


Arctosa cinerea

¿Eratigena o Tegenaria?





En cuanto a aves, por allí pululaban garcetas comunes y aviones roqueros (por cierto, aprovecho para decir que vi golondrinas comunes en Galaroza), pero lo que más llamó la atención fue la gran cantidad de buitres leonados (Gyps fulvus) que comenzaron a aparecer para remontar las térmicas, y entre ellos una inesperada águila calzada (Hieraaetus pennatus), de las pocas que pasan el invierno allí.









Siguiendo con mi recorrido comprobé el persona el destrozo que supone la agresiva gestión forestal de esa parte de la sierra, con espantosas plantaciones de eucaliptos por doquier. Paré en un lugar apartado al ver desde el coche un pilón muy apetecible para mirar anfibios, donde precisamente uno estaba atrapado sin poder salir por el bajo nivel del agua. Rescaté al pobre, puse una gruesa rama como rampa improvisada para que pueda servir de escape a otro posible desafortunado, y fotografié al amiguete porque no estaba muy seguro de su identidad. A mí no me convencía que fuera una rana común y estuve todo el día pensando en si no sería un sapillo pintojo (Discoglossus galganoi), cosa que acabó resultando ser al comprobarlo preguntando ya por la noche.








Pasada esa parte tan fea del parque natural llegué a una zona despejada con dehesas en las que cicleaban numerosísimos buitres leonados, entre los que había buitres negros (Aegypius monachus).
Uno de estos últimos llevaba marcas alares, indicando su procedencia portuguesa, pero mayor fue la sorpresa de ver un joven de águila perdicera (Hieraaetus fasciatus), especie que no resulta fácil de ver por la comarca.











Hablando de Portugal, la carretera pasa muy cerca de la frontera y no pude evitar entrar para ver el pueblo de Barrancos, ya puedo decir que he estado en Portugal aunque haya sido brevemente. Luego seguí hacia Encinasola como estaba previsto, pasando mucho tiempo cerca del puente sobre el río Múrtigas.
Por allí se veían garcetas comunes, azulones, cormoranes, buitres leonados, cigüeñas blancas, ratoneros, un cernícalo vulgar y galápagos leprosos. Una sorpresita fue encontrar una culebra de cogulla (Macroprotodon brevis), así como fue también agradable el vuelo cercano de dos de los muchos milanos reales (Milvus milvus) que fui viendo durante toda la jornada.



Barrancos


Encinasola

Creo que es el baluarte de San Felipe













Al hacer el camino de regreso decidí a parar un momento en Aracena para subir a su castillo, aún quedaba tiempo de luz y algo se podía hacer, pero al llegar me despedí de la idea de ver los acentores alpinos que invernan allí cuando vi la cantidad de turistas. Animado por el anterior hallazgo de la culebra de cogulla, recordé que en las laderas del castillo hay citas de víbora hocicuda y puse a ello, sin éxito, pero pude encontrar una culebrilla ciega (Blanus mariae) antes de la puesta de sol, algo que desde luego no deja de serme muy interesante.











Antes de terminar el relato de esta fantástica salida serrana, el lector observador se habrá dado cuenta de que hay fotos de castillos y pueblos con la vegetación reseca, cuando ahora mismo está todo verde. Se debe a que he aprovechado las fotos que hice en mi visita de septiembre con amigos para hacer más completa esta entrada, así que remataré aún más la cosa con unas fotos que por entonces hice a Santa Olalla del Cala, Zufre y Almonaster la Real. ¡Hasta la próxima!









No hay comentarios:

Publicar un comentario