lunes, 4 de enero de 2016

Sierra de Segura navideña






Allá voy con el relato de la última salida del recientemente finado 2015, cuando escogí el soleado día 30 para ir a mi añorada Sierra de Segura, en la que sigo pensando con tanta frecuencia. Me apetecía mucho ver cabras montesas, acentores alpinos, anfibios y alguna rapaz, cosa que se fue cumpliendo para mi alegría. Esta vez era un tranquilo día entre semana, no el ajetreado y concurrido día de puente que fui a elegir en la ocasión anterior.

Al llegar temprano había una muy densa capa de niebla cubriendo los pueblos, pero sabía que en los puntos altos no sería así, y al llegar al elevado pueblo de Segura de la Sierra pude comprobarlo disfrutando con la estampa de los valles bajo el mar de nubes.



Sierra de las Villas

Bajo esa niebla está Torres de Albanchez

Orcera asomando un poco por abajo


Las cabras montesas (Capra pyrenaica) rondaban el picacho en el que está ubicado el formidable castillo de Segura. Madres solícitas con sus chivos, otras haciendo el gandul y tomando el solecito de las primeras horas, grupitos asomados en esos cortados por los que se mueven como Pedro por su casa...









Desde una de las murallas en ruinas vi una gran cornamenta que captó toda mi atención, esta vez no me iba a quedar con las ganas de ver en condiciones alguno de los machos monteses que aún andan con el celo y rondan los grupos de hembras. Éste le ponía ganas, acercándose a olisquear las damas mientras ponía ese típico gesto tan arrebatadoramente seductor con el labio superior, incluso se permitió hacer una buena caca ante mis narices mientras seguía con el susodicho gesto, muy graciosillo él.









Fue bajando por el roquedo tranquilamente (yo para hacer lo mismo me hubiera jugado la integridad física), se detuvo unos largos minutos a otear el horizonte con la majestuosidad de quien se siente todo un señor del feudo montaraz, estaréis de acuerdo en la silueta de nuestro amigo es magnífica bajo el sol de diciembre. Luego siguió bajando (por un terraplén donde yo me pegaría una galleta segura) junto a sus damas (que siguieron ignorándole, por supuesto).













La otra especialidad invernal de la recia fortaleza serrana son los acentores alpinos (Prunella collaris) que llegan aquí a pasar los meses más fríos, quién sabe de qué lugar, tal vez la vecina Sierra Nevada.
La vez anterior me tomaron el pelo y se esfumaron a la primera de cambio, pero en esta ocasión permaneció un numeroso grupo de 15-20 ejemplares en las mismas rampas y muros del castillo. Ojalá el resto de pájaros tuvieran esa cortés costumbre de dejarse observar tan bien, pero mucho me temo que lo contrario se lo debemos "agradecer" a los numerosos cafres con los que nos ha tocado convivir.













Dije que tenía ganas de anfibios, y es que iba a tiro hecho con dos especies que sabía que podría encontrar con ciertas garantías. Primero fue con un par de tritones pigmeos (Triturus pygmaeus), del que fotografié una hermosa hembra, y luego las salamandras (Salamandra salamandra morenica), con las que una vez más me hube de conformar con sus larvas en una fuente. Resalto desde aquí la importancia de fuentes, abrevaderos, albercas y demás construcciones tradicionales que llegan a convertirse en el único tipo de puntos de agua para la reproducción de algunas especies en zonas concretas.
En estos trayectos topé con una ardilla (Sciurus vulgaris) en la cuneta, que rápidamente trepó a un pino carrasco para, desde allí, increparme con roedora indignación.














Una paradita en Torres de Albanchez, el que fue mi hogar temporal en el curso 2011/2012, me ayudaría a anotar con suerte alguna rapaz. Allí estuvo el gavilán (Accipiter nisus) para no dejarme con las ganas, junto a numerosas aves forestales como el zorzal charlo (Turdus viscivorus). Esta desconocida zona de la sierra es siempre una visita que llena de tranquilidad y relax, y algo diferente también, pasando de los altos bosques de pino laricio a las tierras más bajas con monte mediterráneo, olivares, encinares y huertos.



Fuente Carrasca, al fondo las montañas albaceteñas



Peña del Cambrón



Había que ir también a Siles, mi pasado destino del curso 2014/2015 que tantísimo me encantó. Me acerqué al mirador de La Rayuela, en El Puntal, por ser otro buen punto de observación en espera de alguna de las rapaces que pueblan la zona, y esta vez los honores los hizo el halcón peregrino (Falco peregrinus) durante breves minutos, entre el más prolongado trasiego de buitres leonados (Gyps fulvus) y cuervos (Corvus corax). También allí a mi paso una ardilla se encaramó a toda prisa a un pino, pero ésta no tenía tan malas pulgas como la otra y tan sólo se me quedó mirando.




Siles



El Puntal







A la lista de especies habría que sumar los piquituertos, zorzales comunes, reyezuelos listados, trepadores azules, carboneros garrapinos, petirrojos, mitos y demás pequeños amigos que llenan de vida los bosques segureños, junto a otros de mayor tamaño como el cernícalo vulgar o la chova piquirroja. Voy a cerrar la crónica de tan relajante día, que me sentó de maravilla en medio de estas fechas de consumismo y "felicidad" de usar y tirar, con imágenes para mí icónicas de mi pasada estancia en estas serranías: el Navaperal (posiblemente el monte al que más veces ascendi junto con el cerro de Torres de Albanchez), el pueblo de Siles y su torre del Cubo.
Ya habrá alguna visita más en primavera, ya llegará...









2 comentarios:

  1. Bonito y variado reportaje Carlos. El Cambrón como siempre espectacular.
    Una cosa, en la foto de Fuente Carrasca, lo que se ve al fondo es el pico La Sarga, hace un mes estuve arriba.
    Saludos

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    1. El año pasado me quedé con las ganas de conocer los picos albaceteños cercanos a Siles, aunque al menos fui tres veces al Calar del Mundo y me encantó el recorrido desde el Puerto del Arenal.
      ¡Saludos!

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