viernes, 22 de enero de 2016

Garganta de la Pulga





Los últimos meses del año pasado descubrí lo impresionante que es la Sierra de Grazalema tras varias salidas que fueron saliendo a pedir de boca con su variada e interesantísima fauna, pero toca hoy hablar de otro parque natural de Cádiz que antes conocía bien poco y ahora he podido profundizar mejor. Hablo de Los Alcornocales, extensa superficie de 170.000 hectáreas en el extremo occidental de las Cordilleras Béticas.

Ya estuve en El Picacho el pasado mes de noviembre, y para el domingo pasado escogí otra recomendación de una compañera del colegio, la Garganta de la Pulga, entre los municipios de Ubrique (Cádiz) y Cortes de la Frontera (Málaga). De hecho, al ir llegando vi carteles tanto de Grazalema como de la Serranía de Ronda, como si se me quisiera recordar lo mucho que tengo que ver.

Antes de empezar la ruta propiamente dicha me entretuve muchísimo pateando esos bosques maravillosos de alcornoques con quejigos, matorral mediterráneo, helechos, frescos arroyos cantarines e imponentes picachos calizos donde era casi constante el trasiego de buitres leonados. Hay zonas valladas, esa peste tan presente en tantas áreas naturales de Andalucía, pero por fortuna aquí se puede patear mucho monte libremente en las zonas de saca de corcho y en los parajes habilitados para el senderismo.










No aparecerán aves en esta entrada, que sólo estuvieron representadas por los buitres leonados, aviones roqueros y distintas avecillas forestales, pero el protagonismo de artrópodos y herpetos fue bestial. Los primeros tuvieron una apabullante representación, empezando por estas orugas, distintas pequeñas arañas sin identificar, escolopendras (en este caso la especie Scolopendra oraniensis si no me equivoco), abejas (Apis mellifera) y distintos abejorros en las flores del gamón.



Cymbalophora pudica, una de las polillas conocidas como gitanas









Un plato fuerte fueron los escorpiones (Buthus occitanus), que no en vano fueron hasta 13 ejemplares de distintos tamaños, uno de ellos especialmente grandullón, superando así mi anterior récord de 11 ejemplares, que casualmente también fue en el mismo parque natural. En las fotografías tenéis a 11 de ellos, toda una ración de aguijones (ojo a la gotita de veneno del primer ejemplar).




















Tampoco se quedaron precisamente cortas las arañas negras de los alcornocales (Macrothele calpeiana), con hasta 11 ejemplares, aunque la mayoría fueron juveniles de pequeña talla.












Otro arácnido interesante fue la falsa viuda negra (Steatoda paykuliana), que desde luego se basa en el parecido con las venenosas viudas negras auténticas del género Latrodectus para infundir temor a posibles depredadores, porque no puede ser más inofensiva cuando su mayor defensa es plegar las patas y hacerse un ovillo hasta que se siente a salvo.
También apareció de pronto un hermoso grillo de matorral de la especie Thyreonotus corsicus, una hembra viendo su desarrollado oviscapto.








Por si fuera poco (esto por sí solo habría bastado para devolverme contentísimo a casa), ahora vienen los herpetos. Al igual que en mi anterior visita, encontré un eslizón ibérico (Chalcides bedriagai) compartiendo refugio con dos arañas negras de los alcornocales. ¡Desde luego me tocó premio bajo esa roca!
Se nota que perdió su cola al ser atacado por un depredador, al regenerarla con un aspecto diferente tal como suele pasar en otros reptiles.










Durante el día vi varios pilones de los que auguran alguna sorpresa anfibia, eran ese tipo de fuentes tradicionales con fácil acceso y mucha vegetación en su interior. Y así fue, al acabar encontrando tres sapillos pintojos (Discoglossus galganoi), especie nueva para mí que fue sin duda lo mejor de la jornada. Uno de ellos se me escabulló por una grieta, el muy bastardo asqueroso, pero los otros dos hicieron mis delicias con sus distintos diseños y coloraciones, y su curiosa morfología que podía apreciar por vez primera; más que sapos parecen ranas, aunque muy gordinflonas y achaparradas, y lo mejor de todo es su cara. Bonitos, ¿verdad?





Esto sí es camuflaje












Estos anfibios son muy bonitos, pero más bonito aún es encontrar medidas para que puedan seguir viviendo aquí. Vi cerca de ellos un pilón con rampas de entrada y salida para que no queden atrapados en una trampa mortal cuando buscan puntos de agua donde reproducirse. De hecho, dentro nadaban varios renacuajos de especie sin determinar, junto con larvas de libélulas, una de ellas posiblemente la espectacular Macromia splendens (especie en peligro).







Ya que mencioné al inicio los pueblos de Ubrique y Cortes de la Frontera, aquí los tenéis con toda su blancura serrana, para hacer todavía más preciosa y memorable una excursión así.








4 comentarios:

  1. Que excursión más chula Carlos. Veo que en Andalucía ya estais en primavera, con esos gamones en flor! El sapillo pintojo aquí en Valencia es casi un ser de leyenda.

    Saludos!

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    1. Esta siendo un invierno rarísimo que poco o nada tiene de invierno, este fin de semana he estado viendo distintas especies de mariposa como la limonera, y hoy un avión común cebando a su pareja en el nido.
      ¡Saludos!

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  2. Que detallazo las rampas para anfibios, veo que por ahí abajo hay gente civilizada, por aquí arriba no lo he visto nunca, más que las que pongo yo de forma chapucera. Preciosas fotos Carlos, un abrazo desde Villarriba, jejeje.

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    1. Es una maravilla ver eso entre tantos abrevaderos modernos (como los de chapa), tan inútiles para la fauna.
      ¡Un abrazo de Villabajo!

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