domingo, 10 de enero de 2016

Empezando el 2016 bajo la lluvia






Aquí ando ahora mismo por casa en una nublada y tranquila tarde de domingo, recordando que igualmente nublado llegó el primer día del año. Aproveché la tranquilidad de esa mañana para ir a la Sierra de Andújar (la mayor parte de la población estaría resacosa) por si había algo interesante en el río Jándula.

Iba lloviznando, más expectativas tenía de ver algún anfibio mientras me cruzaba con unas perdices (Alectoris rufa) aguantando estoicas sobre los bolos graníticos. Al final la cosa quedó en un ejemplar de sapo corredor (Epidalea calamita) y numerosas llamadas de ranitas meridionales a las que no conseguí ver metidas en las zarzas, y el comentario que me hizo un fotógrafo que había visto una salamandra en la carretera y me puso los dientes larguísimos.

Pero tuve una de esas experiencias que dejan cualquier fotografía totalmente de lado, el mejor avistamiento de nutria de mi vida. Estando yo en silencio en la orilla, atento a que las ranitas volvieran a croar para localizarlas, oí un fuerte sonido en el agua, miré a mi izquierda y vi emerger para mi asombro una nutria nadando tan tranquila a menos de dos metros de mí; hasta que reparó en mi presencia, se quedó quieta un segundo mirándome y desapareció estrepitosamente en el matorral ribereño mientras yo aún alucinaba por lo que acababa de ver, no voy a olvidar jamás ese pelaje mojado, esos bigotes ni esos ojillos pícaros...







El increíble encuentro con la nutria no iba a poder repetirlo, está claro, pero sí la búsqueda de anfibios. Después de un día de lluvias sabía que la noche llegaría propicia para encontrarlos por tranquilas carreterillas de olivar de Bailén. Allí encontré un sapo corredor y una rana común (Pelophylax perezi), ambos en lugares poco transitados, pero fueron convenientemente apartados del asfalto porque es precisamente una de sus mayores amenazas cuando aprovechan la humedad para sus desplazamientos y se topan con la trampa mortal del asfalto y su tráfico.







Después di con lo que iba buscando en concreto. Estas noches suelen aparecer los gallipatos (Pleurodeles waltl) en la zona de graveras inundadas que en varias ocasiones he enseñado en el blog a lo largo de los años. Se dio bien la cosa, encontrando tres ejemplares de distintas edades con su consecuente escala de tamaños que podéis apreciar abajo perfectamente, y encima los vi justo en ese orden de menor a mayor, como si me quisieran ir sorprendiendo a cada tramo.
Son unos urodelos muy acuáticos que pasan mucho tiempo en el lecho de las masas de agua que habitan, así que la mejor manera que se me ocurre de verlos es en estas noches lluviosas que eligen para andurrear por ahí (también los quité de la carretera).
Me resultan de lo más curioso con ese aspecto tan prehistórico, pareciéndome una de las mejores bazas de mi pueblo porque hasta ahora no los he conseguido ver en otros sitios.













Al día siguiente estuve con mi hermano menor en Andújar, y a la vuelta cuando había anochecido sugerí carrilear por su sierra (me había quedado con las ganas de ver una salamandra).
Lo que vimos fueron sapos corredores, pero muchos, eso sí, conté hasta 14 ejemplares de distintos tamaños y colores, de los que sólo fotografié cuatro y me paré con el resto únicamente para apartarlos de la carretera, en la que corrían muchísimo más peligro que los animales que vi en Bailén. Las carreteras de esta sierra tienen más tráfico, que para colmo se salta a la torera el límite de velocidad que marca una señal que advierte claramente de la presencia de linces... si a la gente le importa un comino el lince y el peligro de que alguno muera atropellado, mucha menos consideración tendrán con un sapo, al que encima más de uno atropellará deliberadamente porque son animales "asquerosos".







Y entre sapos corredores apareció uno diferente que fue la sorpresa de la noche, pues al bajar del coche me encontré para mi goce con que uno de ellos, con un dibujo diferente y grandes ojos llamativamente saltones, era un sapo de espuelas (Pelobates cultripes), especie que veía por primera vez.
No contaba con ver este sapo en ningún sitio, la verdad, dadas las costumbres discretas de este anuro excavador que suele estar bien escondido en el refugio que él mismo se hace, pero la noche lluviosa le animó a darse un paseo y ahí pude disfrutarlo. Fijaos en sus patas posteriores más palmeadas que las del sapo corredor, indicando que se reproduce en aguas más profundas que los charcos que elige el corredor.









Y esto es todo de momento, tengo aún pendiente una salida de diciembre, pero ya seguiremos con lo nuevo que siga trayendo enero.




4 comentarios:

  1. Respuestas
    1. Cuando lo vi hasta me entró subidón, qué pasote de bicho.
      ¡Saludos!

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  2. Respuestas
    1. Mereció la pena mojarme para verlos, son unos anfibios muy especiales.
      ¡Saludos!

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