lunes, 30 de noviembre de 2015

Bicheando el P.N. Los Alcornocales





El pasado domingo 22 de noviembre me animé a alejarme todavía más en mis aventuras por las sierras Béticas, llegando hasta el gaditano Parque Natural de Los Alcornocales para bichearlo en condiciones.
Una compañera del colegio ha pateado mucho esta zona y me recomendó El Picacho, El Aljibe y La Sauceda, decantándome al final por El Picacho. Su altura, la segunda más alta del parque, es de 882 metros, que puede parecer poco si lo comparamos con los picos y calares de la Sierra de Segura que tanto enseñé por el blog el año pasado, pero la verdad es que la ruta con sus desniveles y repechos puede echar para atrás a quienes no estén muy acostumbrados a ir por el monte.

Al poco de comenzar di con esta laguna que también veis en la foto de arriba, hogar de anfibios como leí en los carteles a pie de ruta, cosa que me hizo buscarlos febrilmente al ver citados el tritón pigmeo y la salamandra... finalmente sólo vi ranas comunes (Pelophylax perezi), pero con los reptiles me tocó el premio del día cuando encontré un inesperado eslizón ibérico (Chalcides bedriagai).
No os imagináis las ganas que les tenía a los eslizones después de los muchos esquinazos que me dieron en la Sierra de Segura, siempre desapareciendo a toda velocidad entre la hierba.










Su aspecto de intermedio evolutivo entre los lagartos y las serpientes hace que parezca torpe a primera vista con esas pequeñísimas patitas que apenas usa para apoyarse, pero cuando quiere huir las pega al cuerpo y repta a una velocidad endemoniada. Tuve la suerte de encontrarlo bajo una roca, que por cierto estos animales utilizan para calentarse a su vera en lugar de exponerse al descubierto como otros reptiles.
Hay que aclarar que estos animalillos NO son en absoluto venenosos como afirman muchas supercherías populares, que llegan a exagerar con refranes como "si te pica el eslizón, pala y azadón"... en fin, no todo el saber popular es acertado y está lleno de verdaderas estupideces en lo que a animales respecta. Que su aspecto serpentino no os engañe y no lo matéis si alguna vez veis uno, es de lo más inofensivo.








Buscando por el bosque fui encontrando a otros pequeños habitantes, creedme si os digo que vi hasta once escorpiones (Buthus occitanus) diferentes, mi récord hasta el momento (dudo que lo supere).








No podía faltar otro arácnido que precisamente comparte nombre con el parque natural, la araña negra de los alcornocales (Macrothele calpeiana) con un par de adultos y varios diminutos juveniles.
No se llevó todo el protagonismo en cuanto a arañas, porque una araña tigre de la especie Argiope trifasciata también hizo mis delicias al encontrarla con su abultada presa convenientemente envuelta en seda para consumir en el local.







Aquí parece la portada de un disco moderno



No todo son artrópodos espeluznantes (aunque para mí son muy atractivos), se veían insectos tan bellos como la libélula Aeshna cyanea (sin fotografiar) y la mariposa saltacercas (Lasiommata megera) al lado de un arroyo.




La subida fue preciosa, paseando por estos bosques de alcornoques con encinas, rusco, zarzaparrilla y rododendros que serán una maravilla cuando florezcan en primavera. Pero no menos bonita fue la panorámica en su cima, alcanzando a ver la vecina Sierra de Grazalema y los buitres leonados (Gyps fulvus) fundiéndose con el paisaje.














Aquí tuve el único esparcimiento ornitológico de la jornada con estos buitres y dos fugaces apariciones de un halcón peregrino (Falco peregrinus). El domingo estuvo muy concurrido y ya sabéis que la gente no sabe ir por la sierra sin gritar, parece que el español lleva grabado en los genes esto de ir voceando y haciendo el imbécil por la naturaleza, así que no vi nada aparte de esto y los típicos pájaros forestales... aunque en verdad estuvo muy bien pasar un buen rato con los cicleos de estos gigantes de nuestros cielos.
También es justo mencionar que un grupito senderista paró a charlar conmigo al verme fotografiar escorpiones y hubo mucho interés y preguntas por su parte.












En definitiva, una ruta realmente bonita en uno de los parques naturales más extensos del país, con el premio del eslizón y el interesante plus del resto de bicherío.
A esto sumemos que en los trayectos de ida y vuelta vi por la carretera un milano negro (y ya van dos veces que veo al interfecto a las afueras de Los Palacios) que no quiso migrar y un elanio azul.




viernes, 27 de noviembre de 2015

Las tardes cortas... y atípicas





Llegan las tardes cortas del otoño, conllevando tener que salir de casa más temprano si quiero apurar mejor el tiempo antes de que oscurezca, prácticamente nada más terminar de comer.
Aunque no se nota la estación meteorológicamente hablando, con días muy despejados y soleados en los que incluso ha hecho algo de calor. Esta sensación se os va a incrementar al ver en esta entrada especies de aves a las que muchos de vosotros asociáis más con la temporada estival, como es el caso de las cigüeñas negras (Ciconia nigra) que llegan a los arrozales del Brazo del Este a pasar el invierno.











Las espátulas (Platalea leucorodia) ya han dejado atrás sus máximos números tras el paso migratorio postnupcial, aunque se siguen viendo muchos de los ejemplares que residen con nosotros durante todo el año.






Las garcetas grandes (Egretta alba) aumentan su presencia con los ejemplares invernantes, cosa que también ocurre en cierta medida con las garzas reales (Ardea cinerea), mientras que las pocas garcillas cangrejeras (Ardeola ralloides) no migradoras escogen bien sus puntos de campeo favoritos hasta el punto de que siempre puedo contar con verlas (y de cerca como veréis).














Una vez que no recelan nuestra presencia gusta mucho ver a las garzas en sus trajines de pesca, cada especie a su manera, fallando por ejemplo la cangrejera su lance a pececillos mientras que la garza real atrapa una carpa bien hermosota.






Las águilas pescadoras (Pandion haliaetus) se encuentran con otras rapaces que sólo llegan aquí a invernar, tal es el caso del aguilucho pálido (Circus cyaneus), y los aguiluchos laguneros (Circus aeroginosus) se vuelven abundantísimos al sumarse los invernantes a nuestros residentes (tremendos sus dormideros en los cañaverales).



Aguilucho pálido macho

Aguilucho pálido hembra






Hay otros invernantes mucho menores, como los muy abundantes mosquiteros comunes (Phylloscopus collybita) que salen a patadas de cualquier matorral, entre ellos algunos preciosos pechiazules (Luscinia svecica) que aún se resisten a dejarse fotografiar en todo su esplendor.









Si ya es llamativo ver aves invernantes en tardes en las que uno aún no lleva abrigo, yendo incluso un día de esta semana llevando una sola manga, más lo es cuando todavía se ven muchas libélulas como las atractivas Aeshna mixta... y vencejos pálidos (Apus pallidus), siendo la primera vez que oigo sus característicos chillidos en pleno otoño.








¿Echáis en falta en la entrada a los calamones? ¿Y algo de limícolas? Todo a su tiempo, ya saldrán por aquí.



Moritos, estrellas del paraje