sábado, 31 de octubre de 2015

Pequeñas salidas nocturnas de otoño




Hoy toca entrada "bichera", breve pero con especies muy interesantes para mi gusto, un complemento ideal para las salidas de aves, porque quien disfruta de todos los grupos de animales tiene más opciones para pasarlo en grande con la naturaleza.

Esta semana tuve una corta salida nocturna por Los Palacios y Vca. para ver qué me encontraba, pensaba en anfibios pero fueron finalmente los artrópodos quienes se llevaron la palma. En el rato que estuve di con una araña tigre (Argiope trifasciata) que aún tenía que alcanzar más talla pero ya era bien bonita, muchos escorpiones acuáticos (Nepa cinerea) bajo piedras en la orilla de la Laguna de la Mejorada y algunos grillotopos (Gryllotalpa gryllotalpa) en el mismo sitio, pues ellos daban el concierto nocturno del lugar con su continua estridulación.
Llevaba tiempo con ganas de volver a ver un grillo topo (la última vez fue en Siles en junio), y ya me he ido quedando bien a gusto (justo hoy he visto otro, pero eso es otra historia para otra entrada). Yo creo que no es para menos, es un ortóptero muy curioso y con una gran fuerza, cuando lo coges intenta excavar en tu mano y notas la fuerza que ejerce contra tus dedos, de tal manera que sería capaz de abrirte la mano si tuviera mayor tamaño.












Antes de esto, en Bailén tuve una breve salida de anfibios la noche del 17 de este mes al decidir que sería buen momento tras unas copiosas lluvias.
Yo pensaba sobre todo en ver algún gallipato, recordando que dos años atrás vi uno en un lugar concreto en otra noche lluviosa, animado por los avisos de un amigo que ya los había ido viendo, y tuve suerte porque me salí con la mía viendo en una vía entre olivares y humedales artificiales un sapo corredor (Bufo calamita) y un gallipato (Pleurodeles waltl). Insistiendo más tal vez hubiera visto más cosas aparte de estos dos amiguetes y un par de ranas comunes, pero decidí que era bastante con esto tras arreciar la lluvia y acabar con la espalda empapada y los pantalones embarrados. Después de todo, se había cumplido el humilde objetivo de ver una vez más al mayor de nuestros tritones, endemismo íbero-magrebí con verdadero aspecto prehistórico.

No olvidemos el cuidado que debemos tener al circular en estas noches lluviosas que los anfibios aprovechan para poder desplazarse, no pocas veces atravesando nuestras peligrosas carreteras como ha sido en este caso.











Estas fotos lunares justo las hice en la salida artrópoda del principio de la entrada, he tenido varios anocheceres de película en Los Palacios y en ese momento por fin me pilló con la cámara en la mano, ahí queda.





miércoles, 28 de octubre de 2015

Ningún día es malo





Hay días en que a uno le apetece más quedarse en casa, sobre todo cuando la meteorología no acompaña, prefiriendo dedicar esa tarde de lluvia a adelantar trabajo y/o buscar material e ideas para el colegio en internet, entre otras cosas, pero también hay otras ocasiones en las que nada te detiene y escoges salir incluso en el día más feo posible.
Tal fue el caso del día 29 de septiembre, con el plomizo cielo anunciando una buena descarga que finalmente acabó en tormenta que llegó a inundar algunas calles de Los Palacios y Vfca. Me dio tiempo, no obstante, a disfrutar nada más llegar al Brazo del Este de especies tan atractivas como la garceta grande (Egretta alba), la garcilla cangrejera (Ardeola ralloides), la cigüeña negra (Ciconia nigra) y el águila pescadora (Pandion haliaetus).










Ahora sí que se va a notar el progresivo empeoramiento del panorama en estas fotos aún más oscuras del vuelo de limícolas como combatientes (Philomachus pugnax) y archibebes claros (Tringa nebularia). Entre otras especies como la avoceta (Recurvirostra avosetta) encontré la pequeña sorpresa del día que justificó con creces haberme animado a salir, en forma de una especie nueva como lo fue el archibebe oscuro (Tringa erythropus), que puede que no sea de las especies raras pero yo hasta ahora no había visto ninguno con seguridad.
Y al empezar a llover despedí esa pequeña salida pajarera de la misma manera que la empecé: viendo una garceta grande (ésta aguantando la lluvia con estoicismo).










También pueden en otros momentos echarnos para atrás los días en los que no parece que tengamos mucho tiempo para hacer nada en condiciones. Es justo lo que pasó el día 5 de este mes, cuando sólo iba a tener alrededor de una hora libre después de acabar los quehaceres de un lunes por la tarde, pero me decidí con rapidez y acabé en medio de esos arrozales cosechados que atraen a multitud de moritos (Plegadis falcinellus), espátulas (Platalea leucorodia) y cigüeñas blancas (Ciconia ciconia). Las imágenes hablan por sí mismas (como a mí me gusta en este blog) y ya veis que no exagero al mencionar la abundancia de estas aves.











Y no quiso la tarde, ya apenas con algo de luz, que me fuera sin un par de buenos avistamientos cercanos de calamón (Porphyrio porphyrio) y garcilla cangrejera.
Que nada nos quite las ganas de salir al campo, nos puede estar esperando algún que otro premio a nuestra determinación.









domingo, 25 de octubre de 2015

Primer contacto con la Sierra de Grazalema






Continúo con una nueva entrega de mi epopeya por el Sistema Bético, tocándole esta vez el turno a la preciosa y popular Sierra de Grazalema, en la provincia de Cádiz y relativamente cerca de mi actual residencia en Los Palacios y Vfca.
Hablando de Los Palacios, hace unas semanas que una compañera del colegio me prestó el libro "Andar por el Macizo de Grazalema II"  de Luis Gilpérez Fraile, espoleando aún más las ganas de ir que de por sí ya tenía, así que elegí El Torreón (mayor altura de la provincia gaditana con 1.654 metros) para ir dos semanas después... dos semanas después que ha sido justo ayer.

El tiempo muy nublado y un poco lluvioso me fue haciendo cambiar de opinión porque no podría disfrutar bien las panorámicas, pensando en mejor ir como mera toma de contacto de cara a futuras salidas en las que ya sabría de antemano ir al grano, quedándome por las cotas bajas, pero ya sabéis como soy, y una vez allí no pude evitar hacer la cabra montés como siempre y acabé haciendo la ruta y llegando a la cima.

Pero vayamos por partes, llegué a un área recreativa y a las proximidades del Puerto del Boyar, donde me di una vueltecita para disfrutar de la otoñada, porque todas las estaciones tienen sus atractivos y da igual la meteorología para ello, entre hojarasca crujiente, las primeras setas (aunque las de mi foto parecen piedras) y las coloridas bayas que sirven el buffet libre a los pájaros durante los próximos y difíciles meses.







Unas espesas y llamativas trampas de seda me avisaron, una vez más, de la presencia de la araña negra de los alcornocales (Macrothele calpeiana), ese pequeño monstruo que me fascina tanto. Buscando un poco di con tres ejemplares, uno de ellos muy pequeño aún y los otros dos ya con una talla respetable. Por primera vez encuentro a estas arañas con esos ácaros en su dorso que hasta ahora sólo había visto en imágenes de internet.












Rebuscar tanto por el suelo y bajo rocas me hizo ver otros pequeños habitantes del monte como estas larvas de coleóptero, un avispón (Vespa cabro) patrullando el suelo a baja altura y un jovencísimo lagarto ocelado (Timon lepidus) mostrando la mala leche que le acompañará toda su vida.









Llegué al inicio de la ruta, para la que hay que pedir permiso previamente por tratarse de un lugar de alto valor ecológico muy protegido. La subida es en continua subida, con un desnivel de 783 metros y un sendero más asalvajado que los que suelo ver por Jaén.
La vegetación es desde el primer momento espléndida, un bosque de encinas y alcornoques con enebros, quejigos, algarrobos, madroños de buen porte, lentiscos, mirtos, jaras blancas y el protagonista del parque natural, nuestro abeto relicto de la era glacial, el pinsapo (Abies pinsapo).
Es un árbol muy necesitado de altas pluviometrías que sólo ha sobrevivido en Sierra Bermeja, Sierra de las Nieves y, por supuesto, Sierra de Grazalema, en las provincias de Málaga y Cádiz.










Los días grises no me gustan mucho para la observación de aves, que en vuelo suelen verse como figuras negras contra ese telón nublado, como por ejemplo sucedía con los numerosos buitres leonados (Gyps fulvus) que sobrevolaban la zona con agradable frecuencia.
Unos ruiditos peculiares me pusieron en alerta, pues ya conocía del año pasado (cuando fui a Sierra Mágina, en Jáen) esos sonidos que hacen los mirlos capiblancos (Turdus torquatus), apareciendo bastantes ejemplares volando de un lado a otro y posándose juntos, incluso en un momento dado junto a un roquero solitario (Monticola solitarius), cosa que nunca creí llegar a ver.
No fueron desde luego las únicas aves, porque hubo otros avistamientos muy interesantes como el de dos acentores alpinos volando en la cumbre (menos mal que conozco también sus reclamos) y un águila real. También se dejaron ver o escucharon piquituertos, escribanos montesinos, carboneros comunes, petirrojos en abundancia, un cernícalo vulgar, currucas rabilargas, colirrojos tizones o chochines entre otros, con la guinda final del ulular de búhos chicos en dos lugares distintos al marcharme.











Con la fauna peluda se dio muy bien la cosa, pude ver cabras montesas (Capra pyrenaica) con mucha frecuencia y no pocas veces a una distancia muy agradecida. Se muestran bastante confiadas, pero de todos modos hay que tener tacto, basta con sentarse tranquilamente y ellas abandonan su recelo para seguir a lo suyo y mostrarte de cerca sus comportamientos, como por ejemplo el celo, que ya vi que está empezando al acercarse jóvenes machos con intenciones muy claras. Siempre me divierte su celo, cuando los machos se aproximan con cautela y la cabeza gacha, sacando la lengua y agitándola, aunque de poco les valió al ser rechazados inexorablemente... no tienen nada que hacer frente a los grandes machos monteses maduros que no tardarán en aparecer; al final de la serie de fotos dejé uno de mis vídeos mal grabados en los que se ve lo descrito.

Me llamó la atención ver que muchos senderistas pasaban cerca de donde estaban sin darse ni cuenta de que allí estaban. Yo desde luego no perdí ocasión y rememoré esas maravillosas tardes otoñales e invernales en la Sierra de Segura con las cabras. ¿Se nota mucho que es uno de los animales que más me gusta encontrar por la montaña? En fin, y es que el paseo por las laderas se acabó convirtiendo en que hice el yeti por las cimas como siempre.




















Ya podéis ver que me encantó esta sierra, que ha conectado conmigo de una forma similar a mi adorada Sierra de Segura, pese a que no me gustó mucho que digamos encontrar vallados, pero desde luego se disfruta de su naturaleza mucho mejor que otros lugares donde la titularidad privada ejerce su despotismo con firmeza. La salida acabó con un pequeño recorrido en coche (en el que vi más cabras al mismo lado de la carretera) hasta el Puerto de Las Palomas, lugar al que iré en otro momento para seguir bicheando. Os despido a la manera que tanto me gusta, con los pueblos de Algodonales, Zahara de la Sierra  (del que sólo vi su castillo desde ese punto) y Setenil de las Bodegas en la distancia.