miércoles, 29 de julio de 2015

Un día por Cazorla



El bonito y emblemático pueblo de Cazorla


La semana pasada di una vuelta con mi hermano menor por la Sierra de Cazorla, por gusto de ir por aquellos parajes impresionantes que tanto me gustan y por si caía algún bicho interesante ya de paso.

Tenía ganas, por ejemplo, de ver alguno de esos ya famosos zorros (Vulpes vulpes) que se dejan ver con mucho descaro por todo el mundo menos yo, y esta vez por fin lo conseguí al aparecer junto a un camino este jovenzuelo. El motivo de tal confianza es el que pensáis, se acercan donde pasan los turistas porque saben que conseguirán comida, cosa que puede acarrear que algún día un mameluco se lleve un mordisco de estos cánidos que, pese a su simpático aspecto al acercarse a nosotros, no son perros ni animales domesticados, o que algún descerebrado le ofrezca a un ejemplar algún alimento nada apropiado para estos animales y lo haga enfermar.
El apartado de los mamíferos se completó con un par de gamos (Dama dama) que aguantaron un buen rato antes de perderse entre la espesura del bosque.









El cazador cazado





Cerca del nacimiento del Guadalquivir nos entretuvimos mucho con los odonatos, y hablo en plural porque mi hermano también se afanó mucho en fotografiar las especies aquí mostradas: Cordulegaster boltonii, Pyrrhosoma nymphula y Calopteryx virgo (buena indicadora de la calidad de las aguas).
También había algunos ejemplares de Boyeria irene y un pequeño anisóptero pálido sin identificar, junto al interesante dato de un desplumadero de paloma torcaz que indicaba la presencia del gavilán. Y, bueno, tal vez os preguntéis por qué no muestro una imagen con el nacimiento del Guadalquivir, pero os aseguro que no merece mucho la pena porque no es especialmente bello, lo más interesante de ir allí es saber que uno está ante el humilde inicio del gran río andaluz.











Con respecto a las aves, estuvieron representadas en la salida con especies como el águila real, el cuervo, el vencejo real, el buitre leonado, la chova piquirroja, el carbonero garrapinos, el herrerillo capuchino o el avión roquero.
Haciendo una parada en el mirador del puerto de Las Palomas tuve un avistamiento de un pájaro al que tenía ganas de pillar aquí en Jaén por fin: la collalba negra (Oenanthe leucura).
Unas laderas degradadas por un incendio que tuvo lugar en 2001 me hacían pensar mucho en esta collalba que gusta tanto de estos ambientes, y al final mi insistencia con el lugar me dio la razón y pude observar un buen rato al ejemplar de las fotos, además de disfrutar del tremendo paisaje del que dejo unas buenas muestras.



Banderillas

El Yelmo

Buitre leonado (Gyps fulvus)



Arroyofrío

Cerrada del Utrero y Poyos de La Mesa


Quisimos terminar la tarde visitando el Museo de Artes y Costumbres Populares del Alto Guadalquivir, situado en el castillo del pueblo de Cazorla, pero nos topamos con la absurda realidad... en horario de verano sólo abre por las mañanas, mientras que en invierno también se puede visitar por la tarde, chocante cuando se sabe que hay mayor afluencia de turistas en verano, en fin.
Pero no fue en balde porque siempre gusta pasear por esta villa coronada por su castillo de La Yedra y enmarcada por los relieves calizos que le merecieron en época romana el nombre de "mons argentarius" (monte de plata).













miércoles, 22 de julio de 2015

Flamencos en Ciudad Real... y espátulas en Jaén





Antes de volver a las andadas serranas tengo un par de cartuchos ornitológicos tan interesantes como lo suelen deparar las salidas por nuestros humedales, algo de lo que andamos bien servidos en nuestra variada geografía.

El día 4 acompañé a un amigo a una gestión en tierras manchegas, y decidí aprovechar para salir muy temprano y que parásemos de camino en la laguna de Navaseca, esa muy atractiva alternativa a las Tablas de Daimiel que siempre ofrece buenos momentos. A mi amigo le encantó la cantidad de flamencos (Phoenicopterus roseus) que se veían nada más llegar, brindando una estampa preciosa a primeras horas de la mañana.






De entre el resto de aves presentes os muestro otras tres especies que también destacan por sus colores claros. Había muchos tarros blancos (Tadorna tadorna), algún ganso del Nilo (Alopochen aegyptiaca) de extraño color pálido y avocetas (Recurvirostra avosetta).






En esas fechas se veían muchos pollos ya creciditos, y algunos más pequeños de las segundas puestas que emprenden algunas parejas. Así vimos por ejemplo pollos de cigüeñuela (Himantopus himantopus), gallinetas (Gallinula chloropus) de distintas edades, malvasías (Oxyura leucocephala) y golondrinas (Hirundo rustica), mientras que un mochuelo (Athene noctua) echaba una siestecita al marcharnos.












El día 13 me di una vuelta por un lugar mucho más cercano en mi propia provincia, por la Laguna Grande (cerca de Baeza y Puente del Obispo). Destacaron las ardeidas, viendo al poco de llegar garzas imperiales (Ardea purpurea) y reales (Ardea cinerea), y garcetas comunes (Egretta garzetta), aunque los que más llamaban la atención eran los martinetes (Nycticorax nycticorax) que iban llegando al atardecer, sobre todo juveniles.












Y aquí es cuando llegó la gran sorpresa inesperada. Entre el jaleo de martinetes y garcillas bueyeras, que iban llegando para posarse en las orillas junto a cigüeñuelas y las otras garzas antes de irse al dormidero, aparecieron unas aves blancas más grandes que las garcillas, y más interesantes porque resultaron ser 6 espátulas (Platalea leucorodia) que parecían haber escogido esta laguna jiennense para pasar la noche en su viaje migratorio al sur, y tal vez para también pasar un tiempo alimentándose y coger fuerzas al día siguiente. Se les veía llegar cansadas, pero después de dar unas cuantas vueltas para comprobar que era lugar seguro se posaron tranquilamente junto al resto de zancudas... que incluyeron como sorpresa extra un grupito de 5 avocetas, por si acaso esto no acababa de recordarme a aquellas magníficas tardes que pasé hace un año por la Doñana sevillana.
Y así las dejé a todas al irme, descansando merecidamente mientras el ocaso oscurecía más y más.




















Es desde luego un punto a tener en cuenta durante las migraciones de las aves, cosa que ya empecé a comprobar cuando el año pasado vi allí unos correlimos zarapitines. El resto del año es más normal ver lo que tenéis abajo, aves como el somormujo lavanco (Podiceps cristatus) y la garcilla bueyera (Bubulcus ibis) junto a una buena cantidad de galápagos leprosos (Mauremys leprosa).









Como despedida os voy a dejar una imagen tan inesperada como bonita, la fabulosa estampa de las espátulas volando ante algo tan jiennense como las moles calizas de Sierra Mágina, la mayor altura de la provincia.