lunes, 14 de diciembre de 2015

Inevitable visita a la Sierra de Segura





Estoy pasando unos meses alucinantes como ya habéis podido ir viendo, sacando más jugo que nunca al pajareo marismeño (las cigüeñas negras, los ánsares, ese momentazo con el avetoro...) y conociendo nuevas sierras como las gaditanas de Grazalema y Los Alcornocales.
Pero, como ya podréis suponer quienes me conocéis, no puedo evitar echar mucho de menos la Sierra de Segura, muchísimo...

He aprovechado el pasado puente para escaparme un día y durante toda la jornada me estuve sintiendo como en casa, es mi sitio.
Contaba de antemano con que habría mucha gente yendo de casas rurales y excursiones por el puente, así que salí bien temprano para intentar ver a las cabras montesas (Capra pyrenaica) que viven en el peñón rocoso del pueblo de Segura de la Sierra, sobre todo en torno a su castillo medieval para darle ese toque tan singular. No quisieron esta vez estar junto a la fortaleza, pero por allí andaban en los cortados junto a chovas piquirrojas (Pyrrhocorax pyrrhocorax). También había un buen bando de acentores alpinos, pero se largaron con viento fresco de primeras.



Calar del Espino
Calar de Morillas

Sierra de Las Villas














Me acerqué desde allí a la laguna de La Hueta, lugar apartado y tranquilo donde me apetecía ver algún anfibio. La falta de lluvia en este otoño tan rarísimo se está notando mucho en sitios así porque me la encontré totalmente seca (en junio estaba llena y rodeada de juncos verdes)... andando por los juncos secos fui levantando rocas y pude dar con varios tritones pigmeos (Triturus pigmaeus), es la primera vez que los veo allí.










Ir a la ruta del Navalperal sería claramente una locura con tantos visitantes gritones, pero de todos modos quise ir para mirar una alberca del bosque de Las Acebeas... que también estaba bajo mínimos, apenas unos dedos de agua y ni una triste rana común por allí. También fue devastador ver tantísimos pinos (muchos de ellos magníficos ejemplares de pino laricio) afectados por las procesionarias.

Siempre hay algo positivo, y en este caso fue poder ver al fin algunos acebos con fruto (tiene guasa que el curso pasado no viera ni uno así de cargado). Por si alguien se perdió entregas anteriores del blog, ha de saber que este bosque con su microclima es un recuerdo de tiempos pasados y aún conserva plantas insólitas por estos parajes como el acebo, el avellano y el abedul.









Con el panorama de las familias gritonas y los grupos de excursionistas igualmente jaleosos, busqué una cumbre agreste y dura como la del Yelmo, pico emblemático de la sierra al que la gente prefiere subir en coche (la carreterucha se las trae) para hacer cuatro fotos con el móvil y marcharse.
Pude así pasar mucho tiempo a solas en los lugares más apartados y volver una vez más a maravillarme con las increíbles vistas que se disfrutan desde esta atalaya pétrea, mejor voy nombrando los lugares en cada foto porque hay MUCHO que ver.




Hornos de Segura

Segura de la Sierra

Torres de Albanchez (viví allí hace cuatro años)

Ruinas del castillo de La Espinareda

Torres de Albanchez, Orcera y Segura de la Sierra

Calar del Navalperal

Calar del Espino

Peña del Cambrón

Cerro Bucentaina y Piedra del Agujero

Castillo de Segura

Puntal de la Misa




Allí me quité la espinita que me quedó en el castillo de Segura con los acentores alpinos (Prunella collaris). Son aves que vienen a estas sierras a pasar la invernada desde otros puntos de la Península, aquí probablemente desde sus áreas de cría en Sierra Nevada, y normalmente exhiben un comportamiento confiado y tranquilo, pero la ubicación de estos ejemplares me hizo hacer un poco la cabra montés.










Decidí hacer el camino de regreso por la tarde por el mismo lugar de la ida, y así poder ver de nuevo a las cabras montesas, algunas de ellas directamente desde la carreterilla de montaña. Los machos monteses no estuvieron muy colaboradores, sobre todo un gran ejemplar adulto que cortejaba a las hembras en medio de un denso pinar con romeros, pero algún otro se dejó ver un poco mejor en sus galanteos de puro equilibrismo. Mirad las imágenes y comprenderéis por qué digo esto último, es increíble la habilidad que tienen para andar por los cortados.













Circular por estos vías poco transitadas y alejadas permitieron ver otros animales como piquituertos y ciervas, y no hay que olvidar la posibilidad de que nos aparezca alguna de las estrellas orníticas de la zona, como el águila real (Aquila chrysaetos) y el halcón peregrino (Falco peregrinus).






La última parada, ya acabando la tarde, fue en la ribera del Guadalimar a su paso por el pueblo de La Puerta del Segura, atraído por el intenso tono dorado de sus álamos temblones.
A lo largo del día no pude quitarme la sensación de que yo debería haber seguido allí este curso, pero tampoco me puedo quejar del presente, ¡y seguiré buscando lo mejor de Sevilla, Cádiz y lo que se ponga a tiro!







4 comentarios:

  1. Muy bonitas imágenes.. Unos paisaje espectaculares, y qué bonitos los acentores alpinos.. Enhorabuena por la fotos..

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    1. Muchas gracias, sobre todo por gustarte mi sierra preferida.
      ¡Saludos!

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  2. Tritón pigmeo, otro reto para mi, que pasada de bichos!!!

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    1. Para mí será un reto llegar a ver un macho con la pedazo cresta nupcial.
      ¡Un abrazo!

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