jueves, 3 de diciembre de 2015

El calamón, un emblema muy odiado






He aquí el motivo por el que los calamones (Porphyrio porphyrio) apenas han aparecido en entradas anteriores durante tanto tiempo, me reservaba hablar aparte de estos espectaculares rálidos para que conozcáis un poco su situación en el Brazo del Este.

El gallo azul, así se le conoce en las marismas, a punto estuvo de extinguirse en décadas pasadas hasta quedar confinado a las marismas del Guadalquivir, desde donde se ha ido expandiendo de nuevo gracias a las medidas de protección sobre el ave y su hábitat. Actualmente su tendencia es positiva y es muy abundante y fácil de encontrar en estos humedales que siempre fueron su mejor hogar; no obstante, tenemos el 90% de la población europea de este animal.

Normalmente lo más sencillo es escuchar sus reclamos y grititos, con ese sonido "indignado" y malhumorado tan característico, o verlos corretear o salir volando torpemente, pero a veces podemos tener la suerte de ver de cerca y bien su atractivo plumaje de tonos azules y púrpuras combinado con el brillante colorido rojo de sus patas y pico (sin olvidar el blanco inmaculado de su "culo" cuando camina levantando la cola).








Desgraciadamente, repito que lo más normal es verlo de lejos o con actitud precavida, pues no son pocas las amenazas que se ciernen sobre él pese a todo. Aún persiste el odio de los arroceros por su alimentación eminentemente vegetariana que puede incluir la planta del arroz, habiendo mucho furtivismo e incluso incendios provocados en los cañaverales.







Por si no fuera suficiente la persecución directa, este maltratado paraje natural tiene más problemas. Primero están los imbéciles que circulan junto a los canales y meandros haciendo sonar el claxon para espantar las aves, como por ejemplo este impresentable que se dedicó a levantar grandes bandos de cigüeñuelas.
Luego están los numerosos galgueros que llegan a dejar sueltos sus animales, y se unen a los perros que capturan aves acuáticas (ya se han llegado a fotografiar perros con calamones muertos en las fauces), y yo personalmente vi a este galgo acechando en una zona de calamones y gallinetas hasta que se largó con viento fresco al verme.
Por último están los pastores que meten sus ovejas donde les viene en gana, destrozando la vegetación marismeña como por ejemplo las salicornias, y los agricultores que se saltan a la torera la prohibición de quemar rastrojeras.








Durante la cosecha del arroz no se vio apenas a los calamones, y ahora estas semanas es cuando estoy por fin volviendo a verlos salir a darse sus paseos vespertinos o agrupados en la marisma. Pero no llego a ver la enorme abundancia que sin duda recordaréis aún de mis fotos de hace dos años, cuando llegaba a fotografiar exageradas estampas llenas de puntitos azules.









Es penoso que aún existan estas mentalidades hoy día, pero espero que la tranquilidad y abundancia de los gallos azules no paren de crecer.





2 comentarios:

  1. No tenía ni idea que un bicho tan guapo pudiese ser odiado, vaya pila de jilipollas que hay por ahí. Excelente reportaje Carlos, un abrazo.

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    1. Hasta hace dos años yo tampoco sabía que se los demonizara tanto, pero así es, les tienen una tirria enorme y se nota que les han dado caña porque antes había muchos más.
      ¡Un abrazo!

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