jueves, 12 de noviembre de 2015

Y al fin se dejó ver el avetoro





Está clarísimo que el día menos pensado te puedes llevar un sorpresón en el campo.

Estaba ayer recordando que tocaba actualizar el blog, pensando en que la entrada que escogiera quedaría un poco deslucida justo después de la de Grazalema y antes de la siguiente de Doñana (que me reservo para no poner muy seguido todo lo "espectacular" - entrecomillado porque es subjetivo- y extenso), salí a darme una vuelta por el Brazo del Este que se estaba prodigando muy poco en observaciones de calidad... y justo me apareció una de las especies que me faltaban y que ya casi daba por caso perdido: el críptico y escurridizo avetoro (Botaurus stellaris).

Pero vayamos por partes. Los arrozales cosechados están a reventar de cigüeñas blancas (Ciconia ciconia) con bastantes cigüeñas negras (Ciconia nigra) entre ellas. Para mí es una alegría poder salir pensando que podré ver con seguridad varias de estas lustrosas primas de la archipopular cigüeña blanca.













Los calamones (Porphyrio porphyrio) ha estado este tiempo atrás muy cautelosos y poco visibles, cosa comprensible con la criminalización que sufren por parte de los agricultores. Ahora, con el arroz cosechado y menos gente en los campos de labor, vuelven a dejarse ver y regalan la retina con su atractiva combinación de azul y rojo, aunque la verdad es que no llegan a verse en la tremenda abundancia de hace dos años... han debido recibir mucho castigo por lo visto.







Ya sabéis que por aquí anda un buen puñado de garcillas cangrejeras (Ardeolla ralloides) que decidió no migrar, y suelen verse solas, en pares o incluso a veces tres juntas como en el caso de ayer, aunque la tercera cangrejera se quedó fuera del encuadre.

Junto a ellas campan otras garzas de mayor porte como la ubicua garza real (Ardea cinerea) o la tímida garceta grande (Egretta alba), junto a la blancura de las espátulas (Platalea leucorodia) y del macho de aguilucho pálido (Circus cyaneus) que llegó hace poco a invernar con nosotros.










Se vieron más cosas, como esos malditos pechiazules que no me dejan tiempo para fotografiarlos, o se escucharon los que no se suelen ver, como el rascón y el pájaro moscón. Aprovechando la última y escasa luz del atardecer me puse a observar libélulas un buen rato, cuando avancé unos pasos y una gran ave pardusca levantó el vuelo del arrozal y me dejó boquiabierto al ver que eso era más grande que un juvenil de martinete y me di cuenta rápidamente de que era el inesperado avetoro.

Anduve bien de reflejos y pude inmortalizar mi primer encuentro con la última de nuestras ardeidas que me quedaba por ver, y de una manera que nunca imaginé porque siempre supuse que si alguna vez veía un avetoro sería de lejos o muy oculto por el carrizal.










Daos cuenta de que lo tuve relativamente cerca todo el tiempo que estuve allí quieto mirando las libélulas, él me estuvo viendo a mí antes de decidir marcharse. Y bien que nos volvimos a ver, porque en la distancia hizo una pronunciada curva y volvió a pasar por donde yo estaba, ya a contraluz, pero tan cerca que fue un auténtico goce ver así su vuelo como de enorme búho con cabeza de garza.

Además de ser una especie nueva, y difícil de ver, añadamos que es un ave amenazada al estar tan estrechamente vinculada un hábitat concreto que sufre tanta degradación como lo es el carrizal húmedo. De la gestión de los hábitats depende la supervivencia de especies como el avetoro y otras no tan atractivas para el público pero que igualmente merecen protección en su entorno.






2 comentarios:

  1. Jaja..es que, ese ¡por fin! se resuelve con un llenado de aire puro en los pulmones, seguido del resoplido de un toro o el mugido del avetoro. Enhorabuena. Te ha dado un buen margen para que pudieras afotarlo con una luz que roza ya el casi, casi...
    Estos avetoros arrendajados son complicados de ver los jodíos.

    Saludos.

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    1. Mi teléfono móvil estuvo mugiendo como un avetoro aquella noche, vaya que sí, jajaja. Me pilló raspando muy literalmente la última luz de la tarde, por poco no se convierte en imponente silueta.
      ¡Saludos!

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