lunes, 9 de noviembre de 2015

Espectáculo de mirlos capiblancos en Grazalema





Se debe notar lo muchísimo que me debió gustar la Sierra de Grazalema en mi anterior visita, porque ayer mismo volví para disfrutar nuevamente de su duro relieve calizo con las panorámicas sobresalientes que en esta ocasión sí iba a tener con los cielos tan despejados de estos días; cosa que durará poco porque esta sierra es bien conocida por su alta pluviosidad (tan necesaria para la existencia de los pinsapos).

No iba a estar el día entero esta vez, así que fui a tiro hecho al Puerto de Las Palomas y el Cerro Coros, una rutilla corta que fácilmente nos pone en 1.328 metros de altura con unas vistas increíbles en torno que mejor voy nombrando bajo cada fotografía.




Embalse de Zahara -El Gastor

Algodonales ante la Sierra de Líjar

Castillo de Zahara de la Sierra

Tajo Las Grajas y Tajo Algarín, al fondo Olvera y Pruna



Durante el recorrido, entre ganado bovino y ovino, me sobrevolaron numerosos buitres leonados (Gyps fulvus), un cernícalo vulgar (Falco tinnunculus) y una inesperada águila calzada (Hieraaetus pennatus) con pocas o nulas ganas de migrar.











Unos reclamitos ya conocidos por mí me pusieron sobre la pista de una de las avecillas que desde el año pasado me encanta encontrar en las cimas rocosas, los acentores alpinos (Prunella collaris). El fortísimo viento en la cima me impedía fotografiar en condiciones los tres ejemplares que vi, pero da igual, verlos siempre gusta muchísimo, tan tranquilos mientras rebuscan por los prados de montaña.









No conseguí ver ninguna de las collalbas negras que allí viven, pero me esperaba el sorpresón del día... un verdadero plato fuerte...

Vi que numerosos pájaros, principalmente fringílidos y páridos con algún petirrojo o zorzal común, bajaban con frecuencia a beber a un abrevadero de ganado bajo un gran encina, así que me senté tranquilamente a la sombra de un pinsapo (un lujo de asiento) a esperar seguir viendo de cerca estas avecillas cuando volvieran por más agua, cuando de pronto llegó algo más grande y oscuro. Ni más ni menos que un mirlo capiblanco (Turdus torquatus) se me plantó a pocos metros y empezó a beber como si tal cosa, me quedé pasmado después de pensar que los únicos avistamientos que tendría de esta ave serían los pocos ejemplares en vuelo fugaz que vi durante la ruta.

Pero no quedó la cosa en un solo ejemplar, iban viniendo más de vez en cuando, llegando a coincidir dos al mismo tiempo.


Verdecillo (Serinus serinus)

Jilguero (Carduelis carduelis)

Zorzal común (Turdus philomelos)








El modus operandi me quedó claro al ir pasando el tiempo. Antes de decidirse a beber venían volando desde sus escondites en los árboles y se posaban a inspeccionar en el interior de la encina bajo cuya sombra estaba el abrevadero.

Encina que acabé optando por usar como nuevo y mejor aguardo, de tal modo que incluso llegaban a entrar en la encina estando yo allí a pocos metros, increíble para tratarse de unas aves tan sumamente desconfiadas y huidizas. Arriba veis que el bebedero estaba en sombra, pero de cuando en cuando los capiblancos se posaban en el suelo, rocas, encinas y pinsapos de los alrededores al sol, luciendo su plumaje con bordes blancos en las partes bajas a modo de "escamas" que caracterizan la subespecie alpestris del sur y centro de Europa.

En la misma mañana disfruté de dos de las aves que llegan hasta aquí a invernar; en el caso del acentor alpino sí es una especie que se reproduce en Andalucía (Sierra Nevada), pero al mirlo capiblanco lo vemos exclusivamente durante los pasos migratorios y en la invernada.


















Ya veis lo bonita que resulta la estampa de los mirlos capiblancos posados en pisapos (Abies pinsapo), la gran joya botánica del parque que está presente en algunos rodales y con ejemplares sueltos en la zona concreta que visité.

Desde luego hay bosques de este singular abeto mediterráneo, teniendo uno de ellos un popular sendero señalizado que requiere autorización para realizarlo al estar en zona de reserva.






Y es que en la sierra no todo son aves y paisajes impresionantes, hay mucha más fauna para disfrutar aunque ese día no vi cabras montesas como me hubiese gustado, pero sí me llevé una gran satisfacción artrópoda al encontrar cuatro escorpiones (Buthus occitanus) de diferentes tallas y tres arañas negras de los alcornocales (Macrothele calpeiana) de buen tamaño, siendo dos de ellas las más grandes que he visto hasta la fecha, pero aún sin ser los monstruos de siete centímetros que he leído que pueden alcanzar.


Sierra del Endrinal

El Torreón, mi anterior visita















Por supuesto que se vieron más cosas, como aviones roqueros, colirrojos tizones, bisbitas comunes, currucas cabecinegras, un macho de aguilucho pálido (este último por la carretera al volver a casa), escolopendras, grillos del género Gryllomorpha o la mariposa vanesa de los cardos, entre otras cosas.

Nos despide una segunda panorámica que me deja con ganas de volver pronto, muy pronto.





12 comentarios:

  1. Vaya fotazas de los capiblancos, te has consolado, jejeje. Excelente reportaje Carlos, me ha encantado.

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    1. Y tanto, ya pensaba que me iba a volver a casa con poca cosa cuando me encontré esa maravillosa sorpresa.
      ¡Un abrazo!

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  2. Esa arañita me suena de algo... jajaja
    Carlos, jamás me habías dado tanta envidia como ahora! Bueno... podía haber sido peor: que fotografiaras roquero rojo, jajajaja!

    Un saludo!

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    1. Las arañas que nos dieron esquinazo en Zuheros, y mira que estaban por todos sitios sus trampas de seda, jaja.
      Buuuuueno, pues ya podrá ser el primavera (aunque tienen fama de ser muy putos los roqueros rojos).
      ¡Saludos sinegéticos!

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  3. Toda una suerte ver los capiblancos tan de cerca, y sin hide! Ya me has dado ganas de intentarlo yo también este invierno, sé de algunos sitios donde suelen verse. Un sitio especial Grazalema, como un pequeño Pirineo del sur.

    Un saludo

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    1. Este cerro es como el Molón por las especies, con collalba negra, roquero solitario, acentor alpino y roquero rojo, a lo que hay que añadir la presencia de los capiblancos en la ladera.
      ¡Saludos!

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  4. Vaya despliegue de alpinas. Acentores y capiblancos a la vez que arañotes y alacranes, quien lo diría.
    Con los capis concretamente te quedarías a gusto!!
    Saludos

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    1. Vaya que sí, justo aparecieron cuando estaba decepcionado por no ver las collalbas negras, ¡muchísimo más que un consuelo!
      Esta sierra es como un toque norteño en el sur.
      ¡Saludos!

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  5. Con lo que me molan a mi los capiblancos. Impresionante linse. Un saludo sinegetico.

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    1. Justo hace dos días conté a un amigo la anécdota del capiblanco en tu aguardo, aquello fue un pasote.
      ¡Un abrazo de linse!

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  6. Me llevé un sorpresón cuando lo vi en mi pueblo, aunque fuera de paso, paso muy pasado ya que no lo repetí en mi retina.
    Ahora los veo a patadas, a patadas en tu blog y, es que el sur es algo demasiado fantástico.
    Me alegra un montón que cada salida te topes con todo lo que te topas. Enhorabuena Carlos.

    Saludos.

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    1. Hasta el año pasado no vi nunca la especie, que tantas veces salía dibujada en mis blocs cuando tenía 14 añetes; vi un bando muy de lejos, quién me diría la manera en que los vería ahora.
      Muchas gracias. ¡Saludos!

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