domingo, 25 de octubre de 2015

Primer contacto con la Sierra de Grazalema






Continúo con una nueva entrega de mi epopeya por el Sistema Bético, tocándole esta vez el turno a la preciosa y popular Sierra de Grazalema, en la provincia de Cádiz y relativamente cerca de mi actual residencia en Los Palacios y Vfca.
Hablando de Los Palacios, hace unas semanas que una compañera del colegio me prestó el libro "Andar por el Macizo de Grazalema II"  de Luis Gilpérez Fraile, espoleando aún más las ganas de ir que de por sí ya tenía, así que elegí El Torreón (mayor altura de la provincia gaditana con 1.654 metros) para ir dos semanas después... dos semanas después que ha sido justo ayer.

El tiempo muy nublado y un poco lluvioso me fue haciendo cambiar de opinión porque no podría disfrutar bien las panorámicas, pensando en mejor ir como mera toma de contacto de cara a futuras salidas en las que ya sabría de antemano ir al grano, quedándome por las cotas bajas, pero ya sabéis como soy, y una vez allí no pude evitar hacer la cabra montés como siempre y acabé haciendo la ruta y llegando a la cima.

Pero vayamos por partes, llegué a un área recreativa y a las proximidades del Puerto del Boyar, donde me di una vueltecita para disfrutar de la otoñada, porque todas las estaciones tienen sus atractivos y da igual la meteorología para ello, entre hojarasca crujiente, las primeras setas (aunque las de mi foto parecen piedras) y las coloridas bayas que sirven el buffet libre a los pájaros durante los próximos y difíciles meses.







Unas espesas y llamativas trampas de seda me avisaron, una vez más, de la presencia de la araña negra de los alcornocales (Macrothele calpeiana), ese pequeño monstruo que me fascina tanto. Buscando un poco di con tres ejemplares, uno de ellos muy pequeño aún y los otros dos ya con una talla respetable. Por primera vez encuentro a estas arañas con esos ácaros en su dorso que hasta ahora sólo había visto en imágenes de internet.












Rebuscar tanto por el suelo y bajo rocas me hizo ver otros pequeños habitantes del monte como estas larvas de coleóptero, un avispón (Vespa cabro) patrullando el suelo a baja altura y un jovencísimo lagarto ocelado (Timon lepidus) mostrando la mala leche que le acompañará toda su vida.









Llegué al inicio de la ruta, para la que hay que pedir permiso previamente por tratarse de un lugar de alto valor ecológico muy protegido. La subida es en continua subida, con un desnivel de 783 metros y un sendero más asalvajado que los que suelo ver por Jaén.
La vegetación es desde el primer momento espléndida, un bosque de encinas y alcornoques con enebros, quejigos, algarrobos, madroños de buen porte, lentiscos, mirtos, jaras blancas y el protagonista del parque natural, nuestro abeto relicto de la era glacial, el pinsapo (Abies pinsapo).
Es un árbol muy necesitado de altas pluviometrías que sólo ha sobrevivido en Sierra Bermeja, Sierra de las Nieves y, por supuesto, Sierra de Grazalema, en las provincias de Málaga y Cádiz.










Los días grises no me gustan mucho para la observación de aves, que en vuelo suelen verse como figuras negras contra ese telón nublado, como por ejemplo sucedía con los numerosos buitres leonados (Gyps fulvus) que sobrevolaban la zona con agradable frecuencia.
Unos ruiditos peculiares me pusieron en alerta, pues ya conocía del año pasado (cuando fui a Sierra Mágina, en Jáen) esos sonidos que hacen los mirlos capiblancos (Turdus torquatus), apareciendo bastantes ejemplares volando de un lado a otro y posándose juntos, incluso en un momento dado junto a un roquero solitario (Monticola solitarius), cosa que nunca creí llegar a ver.
No fueron desde luego las únicas aves, porque hubo otros avistamientos muy interesantes como el de dos acentores alpinos volando en la cumbre (menos mal que conozco también sus reclamos) y un águila real. También se dejaron ver o escucharon piquituertos, escribanos montesinos, carboneros comunes, petirrojos en abundancia, un cernícalo vulgar, currucas rabilargas, colirrojos tizones o chochines entre otros, con la guinda final del ulular de búhos chicos en dos lugares distintos al marcharme.











Con la fauna peluda se dio muy bien la cosa, pude ver cabras montesas (Capra pyrenaica) con mucha frecuencia y no pocas veces a una distancia muy agradecida. Se muestran bastante confiadas, pero de todos modos hay que tener tacto, basta con sentarse tranquilamente y ellas abandonan su recelo para seguir a lo suyo y mostrarte de cerca sus comportamientos, como por ejemplo el celo, que ya vi que está empezando al acercarse jóvenes machos con intenciones muy claras. Siempre me divierte su celo, cuando los machos se aproximan con cautela y la cabeza gacha, sacando la lengua y agitándola, aunque de poco les valió al ser rechazados inexorablemente... no tienen nada que hacer frente a los grandes machos monteses maduros que no tardarán en aparecer; al final de la serie de fotos dejé uno de mis vídeos mal grabados en los que se ve lo descrito.

Me llamó la atención ver que muchos senderistas pasaban cerca de donde estaban sin darse ni cuenta de que allí estaban. Yo desde luego no perdí ocasión y rememoré esas maravillosas tardes otoñales e invernales en la Sierra de Segura con las cabras. ¿Se nota mucho que es uno de los animales que más me gusta encontrar por la montaña? En fin, y es que el paseo por las laderas se acabó convirtiendo en que hice el yeti por las cimas como siempre.




















Ya podéis ver que me encantó esta sierra, que ha conectado conmigo de una forma similar a mi adorada Sierra de Segura, pese a que no me gustó mucho que digamos encontrar vallados, pero desde luego se disfruta de su naturaleza mucho mejor que otros lugares donde la titularidad privada ejerce su despotismo con firmeza. La salida acabó con un pequeño recorrido en coche (en el que vi más cabras al mismo lado de la carretera) hasta el Puerto de Las Palomas, lugar al que iré en otro momento para seguir bicheando. Os despido a la manera que tanto me gusta, con los pueblos de Algodonales, Zahara de la Sierra  (del que sólo vi su castillo desde ese punto) y Setenil de las Bodegas en la distancia.









6 comentarios:

  1. Bonita zona Carlos, aunque veo que no hubo mucho pajareo.
    Estuve en Ubrique y Benaocaz hace cuatro o cinco años y me encantó el verdor de esa zona, he de decir que estuve en el mes de diciembre, ¡claro!
    Saludos.

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    1. El tiempo no era el mejor para ir de pajareo, pero ver los primeros mirlos capiblancos (especie de alta montaña que sólo llega a Andalucía para pasar el invierno desde tierras más norteñas) mereció mucho la pena, y el bicherío general estuvo realmente bien.
      Yo estuve también en Ubrique en invierno hace unos 8 años, y empezar a patear esta sierra me ha encantado.
      ¡Saludos!

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  2. Pedazo de entradón te has marcado Carlos, por un momento he ensado que estaba viendo "El hombre y la Tierra". No falta detalle, que pasada de fotos y de lugar.
    Un abraso de linse!!!

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    1. Y eso que fui pensando que con suerte hacía unas pocas fotos de recuerdo, pero al final mira, entrada entera, jajaja.
      Muchas gracias por pasarte de visita sinegética virtual. ¡Un abrazo de linse!

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  3. La foto de los capis con el roquero no será la leche, pero sí todo un documento!
    Muy guapa la arañota y las cabras, incluido el vídeo (ese pulso...jaja)
    Saludos

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    1. Grabar vídeos sosteniendo mi teleobjetivo es un mojón, para qué voy a negarlo, jajajaja.
      No veas la sonrisa que se puso al ver a través del visor que uno de los "mirlos" era azul.
      ¡Saludos!

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