martes, 13 de octubre de 2015

Completísimo fin de semana en Extremadura





Este pasado puente he estado por tierras extremeñas mediante la hospitalidad de mi amigo Ismael en Trujillo, recorriendo en dos días y medio distintos ambientes por el este de Extremadura con distintos alicientes y atractivos como vamos a ir viendo. Parecía que el mal tiempo, patente en estas primeras fotos, iba a hacernos buscar planes alternativos cuando las lluvias se impusieran, pero acabamos teniendo cierta suerte y el resultado final fue más que satisfactorio pese a contar con cielos nublados casi todo el tiempo.
Trujillo sin ninguna duda ha sido un más que bonito comienzo para visitar antes de empezar a salir fuera, con su castillo y demás arquitectura pétrea.









Nuestro primer destino del sábado fue Las Villuercas, con su agreste serranía cuarcítica que inevitablemente me hizo sentirme en mi Sierra Morena con sus oscuros roquedos cortejados por bosque mediterráneo. Fueron notablemente abundantes los buitres leonados, viendo prácticamente indicios de buitreras en cada picacho (en las fotos no os costará nada encontrar las zonas blancas que dejan sus deyecciones), así como también vimos buitres negros, lavanderas cascadeñas, aviones roqueros, picos picapinos, arrendajos, páridos, deyecciones de mirlo acuático y rastros de garduña y zorro.
La pequeña fauna destacó con el escarabajo errante (Ocypus olens) con sus grandes mandíbulas y su posición defensiva en la que curva su abdomen para producir mal olor con unas glándulas que posee para tal efecto, el no menos intimidante avispón (Vespa cabro), muchas ranas comunes (Pelophylax perezi), una macaón (Papilio machaon) en actitud territorial y las alas desgastadas por los combates con otros machos, y la dolorosa escolopendra (Scolopendra cingulata).











Contrariamente a otras comarcas serranas que conocemos, no vimos ni un solo pueblo bonito en nuestro recorrido, siendo ejemplos especialmente feos Navezuelas y Cañamero, aunque sí nos topamos con detalles más agradables como Cabañas del Castillo con las ruinas de la fortaleza que dan nombre al pueblo en una espectacular panorámica, o Guadalupe con su imponente monasterio que parece un palacio más que otra cosa.









El domingo fue el día más arriesgado, con intensas lluvias al salir de Trujillo pero con mejor perspectiva al llegar a Magacela, pueblo de Badajoz con ruinas de castillo y un dolmen que hizo aún más interesante la visita.
Desde allí partimos hacia los llanos de La Serena para probar suerte con las aves denominadas como esteparias en esos vastísimos e infinitos pastizales que constituyen la superficie más extensa sin cultivar de Europa occidental. La cambiante climatología no nos maltrató mucho y finalmente tuvimos una buena sesión pajarera viendo especies representativas de estos medios, como avefrías (Vanellus vanellus), un nutrido bando de gangas ibéricas (Pterocles alchata), tres lejanas avutardas (Otis tarda) en vuelo y lo mejor de todo: tres sisones (Tetrax tetrax) comiendo a su aire sin hacernos mucho caso tras un momento de alerta inicial, nosotros vimos clara la relación entre ese comportamiento tranquilo y la ausencia aún de escopetas...
También destacaron los mochuelos (Athene noctua) con cinco ejemplares distintos y el paso migratorio de paseriformes con muchísimas collalbas grises (Oenanthe oenanthe) y una tarabilla norteña (Saxicola rubetra), entre otras especies más como lavanderas boyeras, abubillas, bisbitas comunes o cogujadas montesinas.
Buscando un sitio donde comer pudimos ver dos castillos más de camino, los de Almorchón y Puebla de Alcocer, este último pueblo donde finalmente comimos cosas ricas y grasientas mientras el tiempo empeoraba hasta dejar el castillo cubierto por la niebla en espeluznante estampa.





Ortóptero sin identificar







Macho mudando el plumaje de cría


Capturando una escolopendra











Por la tarde asomó el sol al digirnos hacia el parque periurbano de Moheda Alta, en Navalvillar de Pela, célebre en el mundo pajarero por acoger el Festival de las Grullas, aves a las que precisamente teníamos ganas de ver sin saber muy bien si allí las habría ya. Y así fue para nuestro deleite, porque había ya muchos ejemplares, tres de ellos bastante cerca de un observatorio frente al arrozal, aunque es sólo un avance de la espectacular cantidad que esta zona acogerá durante la invernada.
Entre las grullas (Grus grus) había un infiltrado de categoría, una cigüeña negra (Ciconia nigra), y también andaba por allí una garceta grande.
El último momento de la tarde lo pasamos en el reciente embalse de Alcollarín, en el que busqué en vano invertebrados como los grillo topos que cantaban como pitorreándose de mí, aunque al menos topé con un gran ejemplar de galápago leproso (Mauremys leprosa).



A la derecha está la cigüeña negra






El lunes por la mañana el tiempo no daba apenas tregua, pero nos animamos a acercarnos a Monfragüe por si caía algún bichete pese a todo. Vimos muchísimos buitres, por supuesto, tanto leonados como negros, gran variedad de paseriformes como trepador azul, curruca rabilarga, escribano montesino y alondra, rastros de nutria, bastantes vencejos reales muy cantarines en migración, y varios ciervos con el sonido de la berrea atronando de fondo, brindando la escena curiosa del día cuando una cierva cruzó a nado el embalse.
Con este buitre leonado (Gyps fulvus), que ya tendría narices no poder fotografiar ninguno en condiciones con la cantidad de ellos que vimos durante todo el fin de semana, me despido con muchas ganas de volver, para ver sitios nuevos y visitar de nuevo los ya conocidos como Las Villuercas, y con un queso de cabra de Los Ibores en mi cocina como delicioso recuerdo.







2 comentarios:

  1. Como siempre admito la variedad de imágenes.. A ver si este año le dedico un tiempo a las grullas.. Un saludo

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    1. Y muy bien que quedarán con tu hábil digiscoping, las malditas no suelen para nada ponerse tan cerca como esa pareja que vi.
      ¡Saludos!

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