jueves, 7 de mayo de 2015

Por Doñana en semana santa





Bien sabéis que este curso estoy en mi genuino medio, las sobrecogedoras sierras jiennenses, pero no puedo evitar alguna escapada al que fue mi escenario del curso pasado: las marismas y arrozales de la Doñana sevillana.
Puestos a elegir, claro que prefiero las serranías con especies como las de la anterior entrada, en un entorno que de por sí ya bastaría para largos paseos perdiendo la mirada en su rico paisaje. La marisma me es menos atractiva como medio físico, pero compensa con la ENORME cantidad y variedad de especies, tanto que con una sola salida ya te puedes poner las botas.

Esta semana santa me fui para Sevilla con la intención de pasar un día en las marismas de la Doñana visitable y una mañana en los arrozales del Brazo del Este en compañia de mi hermano menor, que prefirió acompañarme en mis pajareos en lugar de los poco apetecibles planes de mi familia. De todos modos no le metí unas sesiones tan intensas como si hubiera ido en solitario, no era plan de freírle al pobre, que ya tiene una muy buena disposición a aprender sobre temas naturales.

Nos recibieron en nuestras primeras paradas aves acuáticas como el somormujo lavanco (Podiceps cristatus), las bonitas libélulas Sympetrum fonscolombii en pareja, un buen montón de salamanquesas (Tarentola mauretanica) apiñadas en un observatorio y las clásicas imágenes de cigüeñas blancas (Ciconia ciconia), garcillas bueyeras (Bubulcus ibis) y moritos (Plegadis falcinellus) por todos lados.

















Las tres especies más grandes de garzas estuvieron bien representadas durante la jornada, con las garzas imperiales (Ardea purpurea) siendo más bien discretas como siempre, las garzas reales (Ardea cinerea) estando en mayor abundancia y más visibles, y las garcetas grandes (Egretta alba) dando alguna que otra sorpresa con avistamientos más cercanos de los que nos tienen acostumbrados.




Esta garza real ya llevaba la merienda, una culebra hermosota


Junto a una garceta común





Aquí voy a insertar un gran lapso en el tiempo con unas imágenes del atardecer, que es cuando los martinetes (Nycticorax nycticorax), otro tipo de garzas para no romper el hilo, muestran más actividad y se les ve posados o volando en bandos cuajados de roncos graznidos.










Fue un día especialmente caluroso, prácticamente veraniego, en el que las horas centrales del día invitaban a ponerse cómodo en los observatorios del centro de visitantes José Antonio Valverde y disfrutar de los carismáticos flamencos (Phoenicopterus roseus), que brindaron una buena bronca como podéis ver. Alguno portaba anillas y se leen bien, pero ya ni me molesto en enviarlas para que nadie responda...
Durante algunos tramos del recorrido se los veía en enormes números a lo lejos, así como a las espátulas (Platalea leucorodia), de las que dejo sólo una foto del único ejemplar que se dejó fotografiar en condiciones (estaba al lado de una garceta grande, como bonita curiosidad para que entréis mejor en la escena).









Un buen pelotazo del día fue la presencia de algunos ejemplares de focha moruna (Fulica cristata) en el Caño del Guadiamar, con esos collares que les ponen en la Cañada de los Pájaros (hacen una gran labor criando y liberando individuos de estas fochas y de cercetas pardillas, otra especie amenazada).
Curiosamente, no las identifiqué de lejos por el collar ni por los abultamientos rojos de la cabeza, que no se ven a distancia aunque parezca mentira, sino por su peculiar dorso tan distinto del más redondito que tienen las fochas comunes. Encima dieron observaciones de calidad, ¿qué mas se puede pedir?








Como mi anterior visita fue en Navidad, en lugar de las aves invernantes (como grullas y cigüeñas negras) tuve ahora las estivales, tales como cernícalos primilla (Falco naumanni), milanos negros (Milvus migrans), culebreras (Circaetus gallicus), alcaudones comunes (Lanius senator) y cucos (Cuculus canorus). También hubo alguna especie que otra sin poder fotografiar, para no variar, como una curruca carrasqueña y un precioso macho de colirrojo real.
Un apunte interesante es que a bastantes de los primillas se los puede ver durante todo el año, formando parte del nutrido contingente de aves que deciden no migrar.










Si este día fue muy caluroso, el siguiente tuvo nubes durante buena parte del tiempo y dio lugar a una mañana rara y poco luminosa, que para colmo se unió a la escasez de agua por estar los canales cerrados... se comenta una posible "venganza" de los arroceros contra los calamones, ave que odian por comer tallos tiernos de arroz.
En todo caso, el Brazo del Este es siempre un lugar donde tener muchas y buenas observaciones, como los de grandes bandos de espátulas en reposo. Una furgoneta que pasaba por los carriles de tierra levantó un buen número de aves, permitiendo ver que junto a los moritos había otras especies que no se veían allí ocultas entre la vegetación palustre. Así nos pasaron volando por delante muchísimas avocetas (Recurvirostra avosetta) y un no menor número de combatientes (Philomachus pugnax), con algunos machos presentando ya plumaje nupcial si os fijáis bien.

















A diferencia de mi visita anterior, y al igual que he comentado más arriba, en esta salida tuve a las especies típicas de la temporada estival que ya tenía ganas de volver a ver. Allí estaban de nuevo los fumareles cariblancos (Chlidonias hybrida), garzas imperiales y canasteras (Glareola pratincola), dando un muy interesante relevo a las especies invernantes que ya se marcharon de vuelta al norte.








Carrileando por los terrenos de cultivo también aparecían aves tan bonitas como las lavanderas boyeras (Motacilla flava), abejarucos (Merops apiaster), perdices rojas (Alectoris rufa)... y un sorpresa junto a una terrera común (Calandrella brachydactyla), pues lo que parecía otro aláudido resultó ser ni más ni menos que un torcecuello (Jynx torquilla), bonita especie de pícido que vi por primera vez en mi vida. 
Y es que siempre hay sorpresas en las visitas a Doñana, que seguro que acabarán volviendo de nuevo. Mientras tanto os volveré a ir dejando entradas serranas, pero hay aún otra de humedales pendiente de publicación, ya veréis.










9 comentarios:

  1. Que nivelazo Carlos, menuda sesión más guapa. Un abrazo.

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    1. Con estos modelos tan chulos están asegurados los momentazos.
      ¡Un abrazo!

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  2. Está claro que Doñana da para mucho.. Muy bonitas fotos.. Saludos..

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    1. Y eso que me tocaron dos días un poco raros, pero siempre tiene para dar muchísimo juego.
      ¡Saludos!

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  3. Es un auténtico paraíso de la naturaleza. Se mire hacia donde se mire, todo es un mar de sorpresas para cualquier amante de las aves. No dejo de asombrarme ante tanta variedad.
    Todo un lujo, no me cabe duda; sin palabras me quedo...

    Saludos.

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    1. Y pensar que estuvieron a punto de convertir este edén en una plantación de eucaliptos... por suerte no acabó corriendo la suerte de la laguna de La Janda, aunque aún se ciernen muchas amenazas sobre Doñana.
      ¡Saludos!

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  4. Hola Carlos,

    vaya pasote de entrada, te habrás quedao a gusto... Unas fotos tremendas, envidia de salamanquesas que no he visto en la vida. La garza imperial con la culebra un puntazo, y los flamencos una pasada. Me gustan todas las fotos, y cómo te lo pasarías pululando por allí para conseguirlas, es lo que más me gusta, las vivencias de las salidas al campo.

    Una entrada de 10. Salu2 Linse!!!!

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    1. A mí también me encanta eso, las historias y recuerdos y salir a campear con el mero pensamiento de "a ver qué me encuentro hoy".
      Hay además una segunda especie de salamanquesa (la rosada), pero a ésa no la he pillado aún.
      ¡Saludos!

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