sábado, 16 de mayo de 2015

Enseñando la Sierra de Segura, segunda parte





A primeros de mes he recibido la visita de un amigo euskaldun que tenía muchas ganas de volver a visitar la Sierra de Segura, después de haber venido hace tres años cuando yo vivía en Torres de Albanchez, y esta nueva visita ha estado otra vez llena de espectaculares salidas serranas y muchas risas.

Mientras esperaba su llegada tuve tiempo de fotografiar en mi piso de Siles a los vencejos comunes (Apus apus) y una bellísima polilla tigre (Arctia villica), así como también de dar una pequeña vuelta por las afueras del pueblo y ver una lagartija colilarga (Psammodromus algirus) y encontrar las orquídeas Ophrys lutea, Ophrys speculum y Orchis olbiensis, siendo esta última una novedad.

















Cuando llegó mi buen amigo, lo primero que visitamos fue la Torre del Cubo, que ha estado abierta a las visitas sólo durante la Navidad y Semana Santa (siempre justo cuando yo no estaba en Siles), de modo que había que aprovechar su apertura durante el puente, y aprender muchos datos sobre la historia del pueblo con la importante figura de Rodrigo Manrique (maestre de la Orden de Santiago y padre del ilustre Jorge Manrique) en torno.











Por la tarde hicimos una salida por Las Acebeas y la ascensión a la cumbre del Navalperal, que escogí por sus excelentes vistas del paisaje segureño durante la mayor parte del recorrido. 
Llegados a este punto he de comentar que dedicamos el fin de semana a disfrutar del senderismo, de tal manera que llevé la cámara guardada la mayor parte del tiempo y no me paré apenas a tomar fotografías, aunque de todos modos alguna cosilla había que fotografiar, sobre todo con especies interesantes, como fue el caso de una pareja de collalbas grises (Oenanthe oenanthe) en los prados rocosos de la cima.
Por mencionar otros animales, vimos culebreras, buitres leonados, un roquero solitario, un ratonero, totovías, escolopendras, dos escorpiones y muchas aceiteras, con el canto del cuco de fondo.
Para cerrar esta primera salida, nada como un picadillo serrano y un venado en salsa con un licor de membrillo para cenar.









El sábado 2 de mayo llegó muy caluroso y casi veraniego, pero no nos dejamos avasallar y continuamos con lo previsto. Tras visitar el centro de visitantes El Sequero con su museo de los oficios de la sierra y hacer unas compras de productos típicos, fuimos a ver el nacimiento del Río Mundo, que estaba muy masificado ese día pese a que el caudal que caía por la cascada era ínfimo.
Desde allí, después de una buena comilona a base de gazpacho manchego y caldereta de cabrito, hicimos la subida al enorme Calar del Mundo desde la Cañada de los Mojones, que nos regaló la vista con sus vastísimas panorámicas, viendo especies como el escarabajo rústico (Buprestis rustica), la mariposas arlequín (Zerynthia rumina) y cejialba (Callophrys rubi), un águila calzada (Hieraaetus pennatus) portando un lagarto ocelado y una culebrera (Circaetus gallicus) buscando capturar también algún reptil, además de otros no fotografiados como el escribano soteño, el mosquitero papialbo, el bisbita campestre y la lagartija de Valverde (esta última en el entorno del río).
También aquí tuvimos el canto del cuco como bonita banda sonora.













Para el domingo atendí una petición de mi invitado y fuimos al Yelmo, emblemático pico de esta zona de la comarca que forma parte importante de su paisaje. De camino tuve la suerte de toparme con una nueva especie de orquídea, la Orchis cazorlensis, toda una joya para mi gusto.
En su cima tuvimos unas excelentes vistas de los pueblos de Hornos de Segura y Segura de la Sierra, con sus sendos castillos y el primero de ellos junto al embalse del Tranco y la Sierra de las Villas. 
¿Alguien adivina qué ave se escuchaba cantar? Sí, de nuevo el cuco.







El Yelmo es punto de práctica de vuelo libre



Desde allí nos fuimos a pasar la tarde en el término de Santiago-Pontones, para ver la manera en que las sierras boscosas de Siles y cercanías dan paso a una serranía más rocosa y hostil, donde las condiciones de vida son más duras. Por sus tranquilas carreterillas vimos un grupo de gamos (Dama dama) y alguna ardilla (Sciurus vulgaris), de camino hacia el nacimiento del Río Segura, una preciosa fuente de tonos verdosos que aún no había visitado.










Para despedir la entrada me permito un poco de humor, con una foto nuestra haciendo el cafre tras haber llevado a cabo la hazaña de subir al Yelmo en un tiempo ciertamente menor de lo esperado.
El cafre barbudo de la ropa de camuflaje es el que se despide de vosotros hasta la próxima entrada, que nos trasladará a los humedales para cambiar de aires de momento.





6 comentarios:

  1. jajaja, brillante despedida, claro que si. Buen reportaje, un abrazo.

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    1. Que se note que lo pasábamos en grande, jajaja.
      ¡Un abrazo!

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  2. El vasco se llevó de lo mejorcito de la Sierra de Segura, además de su platos típicos que deberías habernos enseñado. Y además aderezado todo con fauna y flora.
    No nos mientas, sabemos que tú siempre eres así.

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    1. Hago esas cosas a diario, ¡para qué engañar a la gente!
      Así de contento se volvió para el norte, ya teníamos ganas los dos de repetir aquellas jornadas segureñas de hace tres años.

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  3. Una excursión con un gran abanico de especies de gran vistosidad. Un placer ver y vivir este
    tipo de salidas con tanta variedad.
    El próximo día no os olvidéis el gorro, que las insolaciones son muy malas jaja...

    Saludos

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    1. Me gusta que en esta entrada se ve que uno puede ver estos repertorios de especies incluso cuando se sale sin pensar en buscarlas.
      Estos días he llevado gorra y no he hecho el cosaco más de la cuenta, jajaja.

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