martes, 7 de abril de 2015

Sierra Morena en su punto




En entradas anteriores ya me visteis dar la brasa con que se acercaba mi momento preferido del año para disfrutar la sierra... momento que llegó y he estado paladeando con fruición.
Tras la prueba invernal ahora el monte vuelve un año más a incrementar sus pulsos vitales, con la revitalización de la vegetación, la llegada de las aves estivales y la más frecuente aparición de animales que durante el resto del año no se dejan ver.

Así es por ejemplo con los reptiles y anfibios, como los que estuve viendo en un río de Despeñaperros (en la foto de más arriba) que visité el año pasado y tuvo su entrada en su momento (aquí). Se hizo habitual oír el "plop" de los galápagos leprosos (Mauremys leprosa) al lanzarse al agua, con más suerte viéndolos tomar el sol en las orillas o incluso nadando en las limpias aguas de estos ríos serranos en los que habitan especies amenazadas de peces como el calandino. Es el único momento del año en que podemos ver a los sapos comunes (Bufo bufo) en el medio acuático para continuar con su ciclo vital anfibio y poder aparearse y depositar sus huevos en el agua. Otras especies vistas ese mismo día fueron la rana común y la culebra viperina.

Deseo aprovechar para recordar que el sapo no es una especie en absoluto dañina a la que debamos temer, pues es totalmente inofensivo y muy beneficioso. Sé que no es necesario el recordatorio entre amantes de la naturaleza, pero aún hay mucha gente con aprensión (incluso supersticiosa) hacia estos animales, y ahora mismo alguien con estos prejuicios puede estar leyéndome.







Imponente ejemplar hembra




Si levantamos la mirada al cielo podremos tener la oportunidad de ver a nuestras carismáticas rapaces, uno de los más poderosos alicientes para ir al monte, en sus vuelos de cortejo.
Cada una a su manera, las culebreras (Circaetus gallicus) volando juntas sin muchas florituras, los ratoneros (Buteo buteo) piando como descosidos mientras ciclean, y las águilas calzadas (Hieraaetus pennatus) siendo más fogosas con frecuentes reclamos cantarines y unos picados increíbles.
Todo esto con la banda sonora del canto del cuco y dejándose ver a veces el gavilán exhibiendo bien el blanco de sus plumas infracoberteras caudales, pues es modesto en sus nupcias pero muy resultón.










Es el águila calzada una rapaz pequeña pero con mucho carácter, siendo tan belicosa que arremete contra otras rapaces mayores que se atrevan a volar sobre su territorio, como fue el caso de un joven ejemplar de águila real (Aquila chrysaetos) que aprendió esa mañana que no basta con su gran tamaño para imponer respeto entre sus vecinos.






El águila calzada y la culebrera son especies estivales que llegaron en marzo por estas tierras, al igual que los vencejos reales (Apus melba) y pálidos (Apus pallidus). La semana pasada ha estado muy entretenida en observaciones de aves migradoras, llegando a ver cosas como vencejos reales y aguiluchos laguneros (Circus aeroginosus) sobrevolando pueblos como La Carolina, y espectáculos como el de los numerosos bandos de milanos negros (Milvus migrans) coincidiendo en las térmicas con las concentraciones de buitres leonados (Gyps fulvus) que buscan las carroñas del ganado en las dehesas de La Fernandina.
Otras buenas anotaciones son las oropéndolas, los abejarucos, los aguiluchos cenizos y los alcaudones comunes recién llegados de su viaje, y un milano real sobrevolando las dehesas, imaginándome que este último es otro migrador porque es una especie que no se prodiga mucho que digamos por aquí.










Y sin olvidarnos de las rapaces residentes que regularmente surcan los cielos de Despeñaperros, contando con especies tan atractivísimas como el halcón peregrino (Falco peregrinus), el águila imperial (Aquila adalberti) y el buitre negro (Aegypius monachus), bastando ellos solos para hacer las delicias de muchos ornitólogos que no los tienen en sus tierras... y también nuestras delicias, porque siempre es una maravilla verlos.








También estamos atentos a los sonidos del bosque, que delatan en los alcornoques al pico picapinos (Dendrocopos major) y al discreto agateador común (Certhia brachydactila).







No puedo hablar de la primavera sin mencionar la fabulosa paleta de colores viviente que se extiende ante nuestros ojos ávidos de deleite sensorial. De entre los muchos lepidópteros que revolotean por los claros del bosque destaco a la mariposa arlequín (Zerynthia rumina) por ser tan característica de estas laderas soleadas y cuajadas de jara y romero.
Con más atención debemos fijarnos en los pequeños detalles casi exóticos que son nuestras orquídeas. De momento he encontrado entre las encinas de La Fernandina y el monte Burguillos la abundante Ophrys tenthredinifera, la Serapia lingua y la Orchis papilionacea, aunque hay más por descubrir.
Como guinda final, dejo como otras tantas veces las ruinas del castillo de Navas de Tolosa sobre el cortado rocoso sobrevolado por muchas de las aves aquí mostradas.















8 comentarios:

  1. Ya iba tocando poder disfrutar de la primavera, has sacado un poco de todo: anfibios encelados, rapaces en migración, orquídeas de lo más guapas...Aunque ya cambiaba yo algo de ello por una de esas arlequines, grrr
    Saludos

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    1. Ya tenemos el monte más jugoso para el bicheo, y lo que nos queda aún por ver. Si alguna vez te pasas por Sierra Morena en época estival ya te inflarás de ver arlequines :D
      ¡Saludos!

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  2. Menudos fotones Carlos, me han gustado mucho. La primavera es la pera, un abrazo desde Cantabria.

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    1. Para mi gusto es el mejor momento para el pajareo, por aquí no tenemos la invernada tan interesante que disfrutáis en el Cantábrico.
      ¡Un abrazo!

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  3. tu si que estas en punto cabrón. Solo al hijo de sierra morena se le podia presentar delante semejante variedad. Rapaces, picapinos, orquideas...eres el puto amo del monte andalus. Un abraso de linse

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    1. Ya veo que te ha gustado, bribón, jajajaja. Y todavía tengo cosillas por ver, me gustaría trincar este año en condiciones cosas como el paso de abejeros, el tiempo dirá.
      ¡Un abrazo de linse!

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