miércoles, 4 de marzo de 2015

Entre buitres e indicios primaverales en Baños de la Encina


Embalse del Rumblar


Esta breve entrada enlaza perfectamente con la anterior al seguir ubicada en Sierra Morena, concretamente para la ocasión en el pueblo de Baños de la Encina, cuyo término forma parte de la valiosísima Sierra de Andújar.

El domingo 22 de febrero se despejó cerca del mediodía, de modo que mi hermano menor y yo fuimos a este bonito pueblo aprovechando que nos encontrábamos cerca, y qué buena idea fue porque los primeros compases de la primavera se dejaron sentir de manera espléndida.

Con los primeros almendros en flor muy cerca pude ver un adelanto del bullir de insectos que pronto tendrá lugar, con mariposas como la macaón (Papilio machaon) y bastantes abejas (Apis melifera). En cuanto a aves se refiere, era un no parar de cantos de fringílidos como jilgueros y los inquietos y fosforitos verdecillos (Serinus serinus), con la guinda ver mis primeras golondrinas comunes (Hirundo rustica) de este año.
No quiero olvidarme de unos estorninos negros del lugar con unas grandes dotes para la imitación, siendo capaces de emular los sonidos de alcaravanes, urracas y rabilargos con mucho talento.











Sin moverme del lugar, el imponente castillo de Burgalimar, los buitres comenzaron a acercarse y sobrevolar la zona, primero los buitres leonados (Gyps fulvus) y luego unos cuantos buitres negros (Aegypius monachus) como colofón... bueno, no, el colofón estaba por llegar al darme cuenta de que iban aterrizando en un cerro cercano, llegando a verse posados entre encinas y ganado vacuno, seguramente atraídos por el cadáver de alguna de esas reses.













No estuvimos mucho tiempo por acercarse la hora de comer, pero ya podéis ver que fue un rato de lo más agradable en un entorno precioso y rodeados de una naturaleza que nada tiene que ver con nuestros calendarios y ya entra en la primavera.

 No puedo acabar sin decir que el día anterior vi mi primer cernícalo primilla del año, y estos días he estado viendo la llegada de otras aves estivales como aviones comunes, golondrinas dáuricas, milanos negros y culebreras (en grandes bandos estas dos últimas especies, sobre todo los milanos), y justo la pasada noche estuve oyendo el canto de un autillo.
Y es que llega la temporada que más me gusta del año, cuando la naturaleza se revitaliza con fuerza y vuelven con nosotros las migradoras que han sobrevivido un año más a su duro viaje.

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