miércoles, 18 de marzo de 2015

El despuntar de la primavera




Resulta curioso publicar esta entrada llena de pulsos primaverales en la Sierra de Segura justo el día que llegaron bajadas de temperatura y lluvia (que hace mucha falta, sea dicho), pero es la que toca ahora mismo para hablar de estas primeras semanas de marzo con los muy perceptibles cambios que han llegado.

Pero antes hago un breve inciso para hablar de esos vecinos silvestres que vienen a amenizarme la mañana cuando me levanto y oigo el coro de verderones, verdecillos, carboneros, herrerillos, mirlos y demás, sirviendo de ejemplo visual este herrerillo común (Parus caeruleus) y un par de ardillas (Sciurus vulgaris) que a veces corretean por el gran pino que se ve desde mi dormitorio.
A veces se suma una especie nueva al repertorio, como ha sido últimamente el caso de los piquituertos, las chovas piquirrojas, el águila real (Aquila chrysaetos) de la foto y los recién llegados autillos (Otus scops) que suelen cantar cerca de mi edificio al caer la noche y antes del amanecer.
Me ha gustado sobremanera comprobar que el autillo es una especie conocida por gran parte de los vecinos de Siles, y es que a mí desde luego me gusta mucho escuchar sus aflautados reclamos desde la cama.










Y ahora sí seguimos hablando de los cambios estacionales. Antes del aspecto lozano que iréis viendo en las sucesivas fotos, tuvimos días nublados y oscuros como el de esta imagen de abajo con el castillo de Segura escoltado por El Yelmo nevado y cubierto de nubarrones, sobreviviendo como pudieron al invierno los más pequeños del bosque, como el reyezuelo listado (Regulus ignicapilla) y la curruca rabilarga (Sylvia undata).









Como todos los años, los almendros han sido de los primeros signos del despertar vital, junto con el cada vez más frecuente revoloteo de insectos como abejas, abejorros y mariposas, siendo el lepidóptero que más he visto a principio de mes la mariposa de los olmos (Nymphalis polychloros), tanto que tengo un buen repertorio fotográfico de ellas y vais a seguir viéndolas en más entradas, aunque también se ven volar otras como la cleopatra, la colias común o la arlequín.
















Es tiempo de volver a disfrutar de las aves migratorias que vuelven a criar al viejo continente. Hoy día sabemos cada vez más sobre sus rutas y lugares de invernada, siendo sumamente interesantes las informaciones que revelan las aves que portan emisores y nos permiten tener todo un cuaderno de viaje.
Las golondrinas comunes (Hirundo rustica) nuevamente vuelan bajo por las calles de Siles, y las culebreras (Circaetus gallicus) también nos regalan la vista de su blanca silueta colgando del cielo. Ha sido de especial interés verlas llegar en buenos números durante estos días, llegando a coincidir más de 20 ejemplares juntos en el collado que hay entre Torres de Albanchez y Villarrodrigo, aunque lo normal es verlas pasar con cuentagotas, todas planeando muy altas y separadas entre sí.
Mientras tanto, hace tiempo que no tengo avistamientos de los acentores alpinos que eligen invernar aquí, tan sólo oí un breve reclamo de vuelo un día, pero los zorzales comunes se siguen viendo mucho, aunque sea posible que se deba al paso migratorio.









El Puntal y la culebrera en su torreta

La culebrera posada en una torreta eléctrica da la ocasión de pediros que toméis algo de vuestro tiempo en conocer la iniciativa "Pon un tendido en tu punto de mira", con la muy importante labor de detectar los tendidos más peligrosos para las aves y poder solicitar su mejora. 
Si veis un ave muerta o sus restos bajo una de estos tendidos, no dudéis en colaborar con una fotografía del animal y otra con la "matrícula" de la torreta, además de las coordenadas del lugar.
Para más información, pinchad aquí y aquí.




Retomando la entrada, no he dejado de lado a las especies residentes que tenemos entre nosotros todo el año, como los cuervos (Corvus corax) con sus ruidosos bandos en torno al castillo de Segura, empezando a flirtear con sus acrobáticos vuelos y persecuciones.
También en el entorno de este carismático pueblo serrano he tenido la oportunidad de trincar más o menos bien unos preciosos ejemplares macho de piquituerto (Loxia curvirostra) y de roquero solitario (Monticola solitarius).
Pese al llamativo aspecto de los piquituertos, no resultan tan frecuentes de ver como podría pensarse con la enorme extensión de pinares que hay para darles sustento, pues son bastante discretos y comen en silencio con el único sonido del chasquido de las piñas bajo sus picos en forma de pinzas, a diferencia de otros fringílidos mucho más bulliciosos y notorios. Los roqueros, en cambio, son más fáciles de avistar con su costumbre de posarse muy al descubierto en los tejados y chimeneas de los pueblos, y más ahora que los machos están muy cantarines y nos regalan los oídos con sus aflautadas melodías similares a las del mirlo (pero con un toque más melancólico), tanto es así que incluso he visto un par de días un ejemplar desde el patio del colegio de Siles.








Carbonero garrapinos (Parus ater)





Desde que terminó el celo de la cabra montés (Capra pyrenaica) no he vuelto a topar con los impresionantes machos, pero ver hembras y recentales no deja de ser agradecido, sobre todo cuando hacen cosas como saltar al vacío delante de tus narices y seguir corriendo con la facilidad de cuando tú saltas el último escalón de tu casa, alucinante lo que son capaces de hacer.










Como botón final dejo las rapaces, aves muy señeras y emblemáticas de la comunidad ornítica de estas sierras. He tenido el placer de observar muchos ejemplares de gavilán (Accipiter nisus) y alguno de su primo mayor el azor (Accipiter gentilis), como el ejemplar juvenil de la tercera foto, que ha pasado la dura prueba de sobrevivir a su primer invierno tras emanciparse, y parece irle bien a tenor de lo llenito que llevaba el buche.
Como dije en la entrada anterior, las águilas reales se han dejado ver bastante a menudo para mi regocijo, como este subadulto molestado por los siempre chinchosos cuervos, y en más entradas vais a tener ocasión de seguir viendo a su majestad.









Todas las estaciones tienen su encanto, y este año he disfrutado del invierno en la sierra más que nunca, con sus sobrecogedores paisajes nevados, los formidables machos monteses y los simpáticos acentores alpinos (además de los dos machos de lúgano que vi un día) pero en general no es la mejor estación para mi gusto en las salidas serranas, con la gran merma de especies con respecto a otros medios donde la ausencia de estivales se suple de sobra con abundantes especies invernantes de gran interés. Pero ya comienza mi momento favorito del año, con la cantera de estivales llegando y grandes momentos esperándome para seguir descubriendo. Ya llegarán las águilas calzadas, los vencejos reales, las orquídeas y más...




6 comentarios:

  1. Lo tuyo es como un docu de Felix, no tiene desperdicio. Me lo pasé en grande leyendote. Un abraso de linse

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Por estas tierras estuvo Félix grabando a las cabras, los ciervos y el águila real, muy grande el maestro.
      ¡Un abrazo de linse!

      Eliminar
  2. Buen reportaje
    el roquero y piquituerto , no los vi nunca , chulos .
    Un saludo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. A buen seguro los acabarás viendo, allí donde son frecuentes no tardan en dejarse echar el ojo, sobre todo el roquero.
      ¡Saludos!

      Eliminar
  3. A mi desde que estoy en León el invierno me ha dejado de gustar bastante, al igual que tu no tengo narices a encontrar variedad de especies ya que son pocas las invernantes que llegan, y respecto a la montaña no se puede ir a las zonas y picos buenos por la maldita nieve...
    Me ha gustado mucho ver que tienes al autillo entre tus vecinos, y también que ya les has cogido el truco a los piquituertos.
    Las cabras como siempre simpatiquísimas, a pesar de que se hayan esfumado los grandes machos.
    Ahora por fin nos llega la primavera, paso prenupcial y arrivada de estivales, con todas las especies en su máximo apogeo de actividad, y no solo las aves... Ya había ganas, la verdad jeje
    Saludos

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Ahora estás en mi misma tesitura, el monte resulta mucho más interesante en primavera para el pajarero, y tenemos más horas de luz.
      Al autillo lo suelo oír ya todas las noches, verás como lo consiga trincar bien al maldito. Los vencejos reales ya van llegando también, y fijo que la calzada se deja ver muy pronto.
      ¡Saludos!

      Eliminar