miércoles, 28 de enero de 2015

Calar del Navalperal y castillo de Segura de la Sierra




Poco a poco puedo ir continuando con las actualizaciones del blog, la de hoy es del día 5 de este mes mientras cada vez voy acumulando más material de mis continuas vivencias serranas.

Ese día decidí hacer la subida a la cumbre del Navalperal, amenizándome la primera etapa por el bosque de Las Acebeas pequeñajos como el carbonero común (Parus major), su primo el carbonero garrapinos (Parus ater) y el diminuto reyezuelo listado (Regulus ignicapilla), además de muchos zorzales charlos (Turdus viscivorus) y el repertorio de aves forestales sin fotografiar como pico picapinos, trepador azul, herrerillo capuchino, mito, etc... Da gusto pasear por estos bosques tan llenos de los reclamos y cantos de estos bribones, que encima son muy coloridos en muchos casos.









Al igual que pasó cuando subí al Espino, era la primera vez que subía siendo por la mañana y pude disfrutar del vasto paisaje que queda en contraluz por las tardes. Añadamos a esto la tranquilidad de ir con menos limitación de tiempo, permitiéndome hacer un recorrido bien largo por su cumbre y avistando los pueblos de Torres de Albanchez y Siles al mismo tiempo.


Torres de Albanchez

Orcera

Siles

Siles con la piedra del Cambrón al fondo

Torres de Albanchez y Siles, con el Bucentaina en medio

Ruinas del castillo de La Espinareda (derecha)

Peñalta

El Yelmo

No faltaron a la cita las cabras montesas (Capra pyrenaica), todas hembras con sus crías, aunque algún macho jovencito se vio a mucha distancia. Otro insigne habitante de estos peñones calizos que quiso pasar a saludar fue uno de los tres juveniles de halcón peregrino (Falco peregrinus) que ya conocí en septiembre, pareciendo que este chaval ha querido quedarse un buen tiempo en el territorio de sus padres, bien a gustito.
Más tarde pasó volando a lo lejos un primo menor de su familia, el cernícalo vulgar, que también parece tener territorio en la zona porque ya lo he visto en otras ocasiones por allí.









Los carboneros garrapinos fueron los que más juego me dieron. Si bien el ejemplar del principio de la entrada se me puso muy cerca, los de la cumbre no fueron menos y posaron a buena distancia y a la luz, mientras que iban a lo suyo buscando comida entre los piñones y los nidos de procesionarias, ignorando totalmente mi presencia (algo muy propio en ellos).
Por si no fuera bastante, tuve mi primer avistamiento de piquituertos (Loxia curvirostra) del curso, incluyendo como testimonio unas pocas fotos lejanas del macho de la pareja en cuestión. Después de esto los he estado viendo a menudo en otros sitios, cosas típicas de los pájaros...
















El regreso a casa lo hice por la carretera que conecta con la parte alta del pueblo de Segura de la Sierra, en busca de encuentros cercanos con las cabras montesas que frecuentan sus cortados e incluso llegan a verse en el mismo castillo, y allí estaban al poco de llegar, acompañadas por un ardoroso macho que no renunciaba a su oportunidad con el celo... aunque poco caso le hacían, por no decir que nada de caso.
¡Ya iba siendo hora de fotografiarlas a la luz del sol! Siempre en la sombra o con cielos nublados en las otras ocasiones.

















Ya que uno estaba en tan bonito pueblo coronado por su imponente castillo, tenía que hacer un par de fotos en ese momento con tan buena luz antes de marcharme ya definitivamente a casa... tengo la absoluta certeza de que Segura de la Sierra es el pueblo que más he fotografiado, pero miradlo y decidme si no es para menos.





Ya volverá pronto este pueblo al blog, que tengo ya varias visitas con interesantes amiguetes fotografiados, y alguna cosilla más...

8 comentarios:

  1. No paras Carlos, que envidia, siempre sana. Un abrazo desde el norte, donde llevamos unos días sin ver el sol.

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    1. La verdad es que llevo un mes de enero muy movidito, aunque vosotros a cambio de la climatología os lleváis un repertorio de invernantes mucho más grande del que yo pueda tener,
      ¡Un abrazo!

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  2. Buena entrada. Me ha resultado curiosa la secuencia del garrapinos con la piña, ¿cómo conseguirá sacar el piñón dejando el ala intacta y con un perfecto círculo donde estaba la semilla? Con carboneros así, les va a salir competencia a los piquituertos...

    Saludos desde Valencia

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    1. A mí también me llama la atención, es algo que también lo veo hacer a los herrerillos capuchinos, primos suyos con los que comparten pesar poco para poder colgarse de donde sea y tener un pico más fino que los otros páridos, menuda habilidad tienen.
      ¡Saludos!

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  3. Es precioso el garrapinos. La foto con el ovillo de procesionaria está de lujo por la composición tan guapa del conjunto. Por supuesto, es admirable también la fortaleza de estas orugas para hacer frente a todo tipo de enemigos que han de esperar a que salgan del fuerte para atacarlas.
    Las cabras con sol y a la sombra tienen su fotografía; son espectaculares allí a donde estén.

    Saludos

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    1. Hace unas semanas las procesionarias salían en tropel (por todos lados se veían sus filas indias) animadas por el continuo tiempo soleado y templado, para justo después encontrarse de bruces con la primera gran nevada del año.
      ¡Saludos!

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  4. Piquituertos tenía que haber a la fuerza con ese pedazo de almacén de piñones que hay ahí...
    Las cabras te quedaron genial, las del macho con la lengua fuera y cabeza baja son las típicas fotos que aparecen en los libros jeje.
    Saludos

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    1. Son muy discretos los jodíos, si no llega a ser por el chasquido que hacen al abrir piñas ni repararía en ellos la mayoría de las veces.
      Ver a las cabras comportarse con esa naturalidad es un documental en directo :D
      ¡Saludos!

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