jueves, 27 de noviembre de 2014

Agua, mucha agua



Castillo de Segura amortajado por la niebla



Como todos sabemos sobradamente, el otoño llegó tarde meteorológicamente hablando, habiendo tenido este mes unas semanas de días muy lluviosos que debieron llegar antes.

Voy a comenzar retomando el tema de las observaciones de aves desde mi piso en Siles, señalando en primer lugar la disminución de avistamientos de aves rapaces desde la marcha de las especies estivales, viéndose sólo buitres leonados (Gyps fulvus) en contadas ocasiones.

Sin contar a las especies habituales y diarias como tórtolas turcas, estorninos negros y gorriones comunes, lo más normal es ver carboneros comunes (Parus major) y herrerillos comunes (Parus caeruleus), a los que uno ve incluso yendo por la calle, y lavanderas blancas (Motacilla alba) que aumentaron su número en estas fechas como era de esperar. Otras especies que se ven y oyen son la curruca capirotada, los zorzales común y charlo, el mito, el reyezuelo listado, el petirrojo, el jilguero y el verderón, destacando el reclamo de pico picapinos que escuché un día.

A pesar de que la mayoría de días son bastante sosos y no se ve nada, una mañana tuve la visita de una ardilla (Sciurus vulgaris) y pude ver hace dos findes un macho adulto de roquero solitario (Monticola solitarius) desde mi dormitorio.








Las salidas al campo no han dado mucho de sí en los días oscuros y cortos de noviembre, en los que el amarillo intenso de los álamos temblones ayudan a disipar el aspecto melancólico de la sierra mientras que los graciosos grupos familiares de mitos (Aegithalos caudatus) llenan momentáneamente de vida el bosque con tan sólo apariciones aisladas de otras aves como el gavilán.

Mi mejor baza estos días están siendo las cabras montesas (Capra pyrenaica), muy visibles en pleno celo con los machos uniéndose a los grupos de hembras y jóvenes, pudiendo verlos incluso bajo persistentes lloviznas que no les avasallan como duros animales que son. Incluyo fotografías de dos tardes diferentes, una de ellas en la que llegué a encontrar a los caprinos en pleno castillo de Segura de la Sierra, que para estos animales no deja de ser parte del roquedo.












Tremenda diferencia de cabezas

La pasmosa agilidad con la que se lanzan roquedo abajo




El sábado día 15 visité dos enclaves serranos de la zona albaceteña colindante, empezando por el nacimiento del río Mundo porque esperaba que a estas alturas llevara una buena cantidad de agua. 
Es durante el invierno cuando se da el llamado reventón, con el máximo de agua con toda su fuerza durante un par de días, pero ahora mismo no se queda corta la cosa en agua y tenía muchas ganas de ver el lugar por primera vez en otoño, siendo fabulosa la combinación de las preciosas cascadas junto a la gama cromática del otoño. 
Me atreví con mis primeras fotografías de efecto seda, he dejado un par de ellas que creo que no están mal.













No era una salida bichera, aunque era inevitable que me fijara en los buitres leonados, las chovas piquirrojas y la breve aparición de un halcón peregrino.
Una sorpresa muy simpática fue encontrar un minúsculo roedor tan afanado en su comida que ni me prestó atención, será que almacenar grasa para el invierno es más importante que hacer caso a un tío pesado con cámara. Creo que es un ratón de campo (Apodemus sylvatica), aunque de esto no puedo estar seguro y agradeceré correcciones.
Lo que sí sé es que a no pocos paseantes les gustó verlo, y fue muy de agradecer que una pareja sugiriera lo que yo estaba pensando, ocultar al pequeñajo para no tuviera tentación de cogerlo alguna de las familias con niños que visitaban las cascadas.






Por la tarde me acerqué a conocer el pequeño y bonito pantano de Arroyofrío, saliendo de pronto el sol para permitirme apreciar mejor el cálido tono dorado de los chopos y disfrutar del vuelo de un gavilán (Accipiter nisus) y de los muchos buitres leonados que seguramente acudían al escenario de una montería que se llevaba a cabo en un monte cercano.
En este lugar pude ver también lavanderas cascadeñas, aunque la estrella es el mirlo acuático que espero poder ver en una nueva visita.
A mi parecer, nada mejor que estas imágenes para despedir la entrada hasta la siguiente entrega, que os llevará por un largo y completísimo recorrido por estas serranías segureñas.









domingo, 23 de noviembre de 2014

No sólo aves



Tengo por aquí guardadas algunas fotos segureñas del día 15 de octubre que vienen al pelo para responder a una pregunta que a veces me hacen en persona: ¿Sólo te gustan las aves? O en su defecto: ¿Sólo haces fotos de pájaros?

Obviamente la respuesta es no, es entonces cuando uno explica que le gustan mucho los mamíferos, reptiles, insectos y demás animales, pero las aves son las que mejor se pueden observar. Sus hábitats mayoritariamente diurnos y su capacidad de vuelo hacen que se dejen ver mucho más que el resto de vertebrados (que llegan a ser odiosamente huidizos), de modo que es por ello que acaban siendo el grupo estrella cuando uno se aficiona a salir a disfrutar de la naturaleza, existiendo abundante bibliografía y guías especializadas de identificación, incluso dándose el fenómeno de los pajareros que salen al campo con las aves en mente... como yo mismo, sirviendo de ejemplo mi temporada pasada yendo a los humedales sevillanos a ver aves exclusivamente.

No obstante, disfruto siempre que puedo de los otros animales, como cuando tengo buenas oportunidades con los mamíferos, cosa que no es rara en mis salidas por Jaén.
Precisamente, la tarde del mencionado 15 de octubre estuvo muy centrada en mamíferos, siendo un día nublado que poquísimo juego me iba a poder dar con las aves. Para comenzar, tenemos ni más ni menos que mi mejor sesión hasta la fecha con una ardilla (Sciurus vulgaris) en las afueras de Siles, donde se nota que les dan de comer porque una se acercó a mirarme un buen rato.
Son monísimas, pero de cerca se les aprecian unas garras tremendas, y llegas a ver también esos enormes dientes naranjas (no es el caso en estas fotos), poderosa herramienta de los roedores.















Después me dirigí hacia el pueblo de Segura por si tenía ocasión de disfrutar del mamífero que está apareciendo mucho últimamente en mis entradas de la sierra: la cabra montés (Capra pyrenaica).
Estaban en el mismo entorno del castillo, comiendo tan tranquilas en las rocas de su cerro, tan sólo hembras con chivos y algunos ejemplares jóvenes, porque a los machos adultos aún no los había visto por esas fechas.

Una anécdota graciosa sucedió cuando un grupo de paseantes pasó con cautela por mi lado para saber qué miraba yo con mi cámara, y empezaron a comentar que eran ciervos, agregando que estaban con la berrea al oírse de fondo los mugidos de las vacas en las casas de campo.













Curiosamente, al regresar a casa sí que vi unos cuantos ciervos (Cervus elaphus) verdaderos en la zona de Las Acebeas, cuando la oscuridad ya estaba muy presente.




Para completar la entrada, unas fotos tomadas en días diferentes servirán para ilustrar lo mucho que gusta también el mundo en miniatura de otras clases animales menores. Yo creo que todos los amantes de los animales hemos disfrutado muchísimo en nuestra infancia con los artrópodos, siendo incluso nuestros primeros pasos en la observación directa e identificación de especies.
Sirva de ejemplo esta libélula Sympetrum striolatum fotografiada en Torres de Albanchez, temible depredador a pequeña escala del que nos podemos fijar en sus fascinantes ojos compuestos y en esas antenas que, de tan poco uso como tienen, acaban por ser de reducido tamaño.
Como representación del mundo reptiliano, escojo una lagartija verdosa (Podarcis virescens) soleándose a sus anchas en las afueras de Orcera, porque todo nos llama la atención, ya sea un ave de majestuoso vuelo o una pequeña lagartija de movimientos furtivos.