viernes, 26 de septiembre de 2014

Desde la terraza




Bienvenidos de nuevo a mis andanzas por la espléndida Sierra de Segura, lugar privilegiado en el que puedo disfrutar de magníficos paseos de observación de fauna silvestre. 
Hoy, sin embargo, he optado por hacer una entrada basada en las aves que puedo ver desde la terraza de mi piso de Siles, con esas fabulosas vistas de la foto que he colocado a modo de cabecera. Mirad esa panorámica y decidme si aquello no era para acabar viendo una buena representación de avifauna local.

Lo normal es ver, aparte de las aves más comunes en todo pueblo y ciudad, carboneros comunes como avecillas más frecuentes con su habitual desparpajo, y otros como herrerillos comunes y lavanderas blancas y cascadeñas. Entre estos pequeños destaco la aparición del pasado lunes de un mosquitero musical (Phylloscopus trochillus) que hizo un alto en su periplo migratorio y buscaba insectos constantemente, pero lo mejor de todo es que un roquero solitario (Monticola solitarius) ha escogido los tejados y chimeneas de alrededor como posaderos habituales.







Pasemos al plato fuerte, porque la mejor baza está en levantar la mirada al cielo y coincidir con alguna de las emblemáticas rapaces de la sierra. El día 14 tuve oportunidad de ver al atardecer varios ejemplares de águilas calzadas (Hieraaetus pennatus) y culebreras (Circaetus gallicus) compartir espacio aéreo con un halcón peregrino (Falco peregrinus).









El día 17 se repitió la presencia de culebreras y calzadas, esta vez acompañadas por unos vencejos reales (Apus melba) que iban dentro de un bando migrador de aviones y golondrinas. Ya veis que el cielo estaba totalmente nublado, y a las pocas horas cayó la primera lluvia importante de la temporada.







Y esto no es nada comparado con el día 17 a mediodía, viendo de nuevo esas especies con mejor calidad. Encima sumemos que avisté volando muy alto un par de rapaces de extraño aspecto, no eran ratoneros, ni aguiluchos laguneros, sino dos abejeros (Pernis apivorus) que resultaron ser los últimos que he visto en esta migración. Ojo al ejemplar de las fotos, con un plumaje nunca visto por mí hasta ahora.





Los vencejos reales volaban constantemente sobre el pueblo, en grandes números justo el mismo día en que hubo una gran irrupción de golondrinas dáuricas. 







A las águilas calzadas no las fotografié, pero una de las culebreras dio un espectáculo maravilloso y emocionante cuando se animó a cazar en los huertos que hay detrás de mi edificio. En esta secuencia podéis ver su técnica habitual e inconfundible, cerniéndose contra el viento mientras mira hacia abajo, hasta que ve algo que llama su atención y se deja caer en picado con el pecho por delante al ir llegando hasta su presa.











Habría sido el remate si hubiera surgido tras los árboles con una serpiente capturada, pero apareció al poco rato dejando claro que no había tenido éxito en el lance. Aunque esto me brindó ocasión de contemplar a la rapaz a mis anchas, mientras se iba remontando en círculos poco a poco... es una gozada de ave, recomiendo pinchar sobre las fotos para ampliarlas y verlas en condiciones.










Todo esto no es lo único, por supuesto, también se ven cuervos y buitres leonados, por ejemplo, y en tres ocasiones he visto gavilanes... con sus típicas apariciones fugaces sin tiempo a tomar alguna imagen testimonial, pero ya caerán, ya...
Como imagen final para la entrada os enseño un poco el "observatorio", que de por sí ya está genial para sentarse a mirar la sierra y relajarse como en pocos lugares se podría hacer.




lunes, 22 de septiembre de 2014

Acercándose el otoño


Navalperal


Continuando con las andanzas por la Sierra de Segura, la semana pasada me acerqué a Torres de Albanchez el día 15, porque sencillamente no puedo evitar sentir atracción por mi "local patch" de hace tres años.
Al empezar la subida al Cerro del Castillo noté mejor el paso migratorio de paseriformes al ver muchos papamoscas cerrojillos (Ficedula hypoleuca) entre los pajarillos locales como carboneros comunes y garrapinos, pinzones vulgares y herrerillos capuchinos. Sentándome en uno de mis "miradores" naturales preferidos, uno con buenas vistas al valle del río Onsares con la peña del Cambrón al fondo, pasaron unos pocos vencejos reales (Apus melba) dentro de un numeroso bando migrador de aviones comunes.








En la cima se repitió la situación de la semana pasada cuando encontré una gavilana (encima posada en los mismos árboles) y una cabra montesa (Capra pyrenaica), aunque esta vez sí pude al menos hacerle cutrefoto testimonial a esta última. Hacía tiempo que no vería un escribano montesino (Emberiza cia), especie común aquí, y animándome a subir más por las rocas obtuve unas panorámicas mejores que las de la semana pasada; en una sola imagen podéis ver (de izquierda a derecha) los Calares del Mundo y la Sima, el Navalperal, Peñalta y el Yelmo, con el pueblo de Segura de la Sierra ahí medio escondido.






Tan magnífica atalaya es ideal para tener encuentros con las reinas del lugar, las águilas calzadas (Hieraaetus pennatus), tan activas y vocales como suelen ser.








Una de estas calzadas fue especial, siendo la de fase oscura que me recibió por primera vez hace tres años, siendo un reencuentro en toda regla. Sus frecuentes reclamos atrajeron la atención de un ejemplar de fase clara que llegó a pasar volando delante de mis narices, con una pericia aérea increíble.








El jueves cambié el bosque mediterráneo por entornos más frescos y umbríos. La idea era mirar algunos arroyos y ríos por si detectara la presencia del mirlo acuático, porque la verdad es que tener cerca la especie sería un plus interesante, así que tomé la carretera que va hacia Las Acebeas y continué hasta el río Madera. No encontré indicios de mirlos acuáticos, pero tuve una estética salida en la que se barruntaba el otoño, estando ya dando su nota de color los frutos de majuelos, madroños y zarzas.







En cuanto a fauna, fueron muchas las cornejas (Corvus corone) en los claros de los bosques, y un pito real (Picus viridis) dando un toque colorido entre tanto pajarraco negro. Un par de gamos (Dama dama) se me cruzaron, dándome tiempo a una sola foto tan espantosa que parece espectral, a diferencia de una cierva (Cervus elaphus) que se dejó retratar mejor pese a la falta de luz.









Comprobaréis que sólo he mencionado dos días, ¿qué ocurre con el resto? Eso me lo reservo para otra entrada distinta...
Para acabar os dejo con la imagen de las primeras lluvias en condiciones de la temporada, que falta le hacía al campo.