sábado, 28 de junio de 2014

Sábado muy intenso en Doñana, en maravillosa compañía y a más de 40 grados





Hace dos semanas exactas, el día 14, tuve el gran placer de recibir la visita en Sevilla de mis buenos amigos Ramón y Silvia, a quienes conocí junto a otros amigos en Extremadura en el Festival de las grullas de 2012, y desde entonces hemos coincidido por Madrid, Daimiel, Extremadura e incluso Cantabria.
Mi estancia en la capital sevillana durante este curso (recién acabado) fue la  excusa perfecta para que vinieran a conocer uno de los humedales más importantes de Europa, clave en las migraciones e invernada de muchísimas especies de aves, así como lugar de reproducción para otras tantas muchas.

Precisamente tocó durante la semana que más calor hizo, sobrepasando los 40 grados durante buena parte del día, pero aguantamos como valientes y completamos un sábado intensivo en Doñana, empezando por el recorrido visitable del Parque Natural y acabando en los arrozales del Brazo del Este.

Mientras esperaba su llegada me entretuve fotografiando vencejos, hasta que aparecieron fieles a su cita y comenzamos nuestra ruta en la Dehesa de Abajo (Puebla del Río), donde tomamos un desayunazo de tostadas con aceite y tomate.
Nada más llegar vimos una pareja de tarros canelos (que yo no afoté, pero Ramón sí) y un joven críalo (Clamator glandarius), dos especies que aún no había visto allí, ¡buen comienzo!
Les llamó la atención, además de lo bonita que es la dehesa, la cantidad de cigüeñas blancas (Ciconia ciconia) anidando con toda confianza en los acebuches cercanos al tránsito de coches y personas, del mismo modo que los primeros avistamientos de muchísimos moritos en los campos lejanos.









Ya dentro del recinto, nos recibió un bando de 15 espátulas (Platalea leucorodia), el ave favorita de Silvia, mientras que mirando al suelo vi un adulto de hormiga león.
En los observatorios no se veía apenas movimiento, pero fue muy destacable la aparición de una pareja de cerceta pardilla (Marmaronetta angustirostris), amenazada anátida que crían en la cercana Cañada de los Pájaros. También nos llamó la atención ver a uno de los numerosos milanos negros (Milvus migrans) coger algo del agua... un ave que no identifico.









Seguimos por la zona llamada Entremuros, disfrutando de abundantes martinetes, milanos negros y garcetas, hasta que llegamos al centro de visitantes José Antonio Valverde y empezó un buen espectáculo.
Al haberse secado buena parte de la marisma, los flamencos (Phoenicopterus roseus) no están ya tan alejados como de costumbre, dejándose ver muy bien desde los observatorios del Lucio del Lobo, o directamente al descubierto en el Caño del Guadiamar. Junto a ellos estaban los infaltables moritos (Plegadis falcinellus), espátulas, calamones y distintas especies de garzas.
He de resaltar lo bien que lo pasaron mis amigos desde los ventanales del centro de visitantes, disfrutando muchísimo de la colonia de cría de garcillas bueyeras y moritos en los tarajes, y viendo durante unos segundos el rápido vuelo de un avetorillo.






Distintos picos, distintas formas de alimentarse







Flamencos, espátulas, garza imperial, garza real, cigüeña blanca y calamón




También vimos rapaces como culebreras (las famosas que suelen posarse cerca en los postes del camino), cernícalos primilla e incluso una inesperada águila pescadora, que aunque no esté todo registrado en fotografías hay que comentarlo.
Después del momento del bocadillo volvimos sobre nuestros pasos para ir al Brazo del Este, mi zona de pajareo habitual durante el curso. Lo reservé para la tarde porque, como habéis visto a lo largo de los meses en el blog, es lugar propenso a las observaciones cercanas y de calidad, además de tener una luz estupenda al atardecer.
Nos recibieron una garza imperial (Ardea purpurea) y un charrancito (Sternula albifrons) afanado en pescar nada más llegar atravesando un canal al lado del poblado de Los Chapatales, muy buen comienzo, pero al poco rato nos topamos con una segunda garza imperial que había una gran culebra y luchaba por dominarla antes de engullirla (el reptil le quiso morder en su desesperación por escapar, como se ve en las fotos).











Distintas aves insectívoras no paraban de aparecer en pos de sus numerosísimas presas, como por ejemplo aviones zapadores (Riparia riparia), fumareles comunes (Chlidonias niger) y canasteras (Glareola pratincola).
Estas últimas son abundantes y se dejan ver de maravilla, al igual que los calamones y fumareles cariblancos, siendo imposible ir al Brazo y no ver a montones esas tres especies.







Las limícolas aprovechan los arrozales inundados para buscar comida en el barro, como este archibebe común (Tringa totanus) junto a un andarríos bastardo (Tringa glareola). Los moritos y las cigüeñuelas (Himantopus himantopus) se ven por todos lados, adornando los campos con figuras negras y blancas casi por todos lados. La lástima es que no todo el mundo está contento con tener esta variadísima avifauna en los cultivos, y a veces pasan coches que se dedican a pitar por el borde de los carrizales para espantar aves (sobre todo a los calamones, odiados por los arroceros), en fin...





Uno de los muchos cafres que se suelen ver

También vimos muchas garzas imperiales, martinetes, garcillas cangrejeras, un avetorillo en su nido, espátulas, avocetas, calamones, gaviotas reidoras y sombrías, anátidas, agujas colinegras, chorlitejos patinegros, un alcaraván, etc...
Un espectáculo natural como de documental, sobre todo cuando nos marchábamos al ocaso y no paraban de pasar bandos de moritos en vuelo, y salían de los canales al mismo tiempo una espátula, dos garzas imperiales, una garcilla cangrejera y un martinete, ¡no sabiendo ya ni dónde mirar!

Ellos lo disfrutaron tanto que yo también quedé contentísimo, no cabe duda que vieron de todo y en grandes números, comprobando en persona las pedazo jornadas que uno puede pegarse en estos humedales que casi estuvieron a punto de perderse en lo que pudo ser el más insensato error (esto estuvo planeado para convertirse en cultivos y eucaliptales tras un brutal desecado).

Os doy las gracias por haberme visitado en tierras andaluzas y he estado más que encantado de haberos hecho de modesto guía. ¡Esta entrada va por vosotros!



lunes, 23 de junio de 2014

Cazorla y Segura, espectaculares como siempre





Tal como dejé caer en la anterior entrada, hoy le toca el turno a terrenos más agrestes, hablando ni más ni menos que de los fabulosos dominios de la Sierra de Cazorla, que conforma junto a las vecinas sierras de Segura y Las Villas el parque natural más extenso de nuestra geografía.
El día 30 de mayo me lancé a una excursión en solitario para disfrutar de su vasta extensión de naturaleza abrupta y de sus paisajes espectaculares, partiendo como siempre desde el pueblo de La Iruela con su imponente castillo templario y viendo especies como águilas calzadas (Hieraaetus pennatus), cuervos (Corvus corax), vencejos reales (Apus melba), buitres leonados (Gyps fulvus) y chovas piquirrojas (Pyrrhocorax pyrrhocorax), y mamíferos sin fotografiar como ciervos y ardillas.



La Iruela









Entre sus masas de pinos y quercíneas aparecían vistas tan emblemáticas como los Poyos de la Mesa (dos primeras fotos) y el Estrecho de los Perales (tercera foto), además de los inmensos cortados donde anidaron los últimos quebrantahuesos que vivían allí libres antes de su reciente reintroducción.
Fue en el Estrecho de los Perales cuando tuve un encuentro con un lepidóptero protegido: la doncella de ondas rojas (Euphydryas aurinia). Por supuesto que vi más mariposas interesantes, como por ejemplo la chupaleche y la cleopatra, pero no quisieron saber nada de fotos, y sigo sin haber visto aún la deseada y endémica mariposa isabelina.











Hay que señalar que oí con frecuencia a los piquituertos en muchos puntos de mi recorrido, llegando a ver machos con sus tonos rojizos, aunque no aguantara ninguno ante la cámara. Los que sí se dejaron ver mejor fueron los gorriones chillones (Petronia petronia), una lejanísima águila real (Aquila chrysaetos) y un ratonero común (Buteo buteo) con un curioso tono rojizo en su cola.
Aquí debo hacer un inciso, porque he consultado y me han dicho que hay citas de ratoneros moros (especie rara en nuestro país, con la cola así) justo por la zona donde vi este individuo, así como ejemplares de ratonero común con la cola particularmente rojiza (lo que será este ejemplar con más probabilidad). El lugar del avistamiento es más que reseñable, porque se trata de los Campos de Hernán Perea, la altiplanicie más extensa de toda España, un vastísimo espacio donde la soledad y la total serenidad se palpan y respiran absolutamente, personalmente pienso que es un lugar muy recomendable.
Esperaba ver algún quebrantahuesos por ser zona propicia donde patrullan en busca de carroñas, y volvieron a darme plantón como siempre, pero estuve viendo buitres leonados, culebreras y cernícalos.









Ganado muy bien vigilado






No atravesé los campos de Hernán Perea del todo y di la vuelta (aunque planeo hacerlo en otra ocasión, llegando así hasta la Sierra de Segura), y al deshacer el camino hice una larga parada en la Cerrada del Utrero, impresionante cañón calizo donde las chovas piquirrojas, aviones roqueros y vencejos reales te hacen acrobacias y vuelos velocísimos ante tus narices, y los buitres leonados de la colonia de cría bien merecían unas fotos.
Y ojo al momento del cuervo hostigando a un buitre.


Peonías



Vistas desde el puerto de Las Palomas













Para el final reservé un sitio que me gusta desde la primera vez que fui hace dos años, El Chorro, ese cortado sobrecogedor al que se llega desde La Iruela y bordeando el pueblo de Cazorla desde las alturas, hasta llegar a ese enclave con vistas a Quesada y la campiña olivarera, con los inmensos pinares y riscos a las espaldas.
Me dieron la bienvenida unos jovenzuelos muy simpáticos, pues estaba aquello lleno de pollos volanderos de colirrojo tizón (Phoenicurus ochruros) y un pequeño gamo (Dama dama) se asomó a curiosear, mientras que oía reclamos de águilas calzadas desde el pinar, aunque lo que destaca es su comunidad de aves rupícolas. Entre ellas están los vencejos reales, los cernícalos vulgares (Falco tinnunculus) y las chovas piquirrojas, por supuesto, y los buitres leonados como protagonistas al verlos pasar volando bajo tu posición para entrar a sus nidos en la pared caliza, o planeando a escasos metros de tu cabeza como muestran las últimas fotos (la lástima era tener el contraluz a esas horas).
Otros inquilinos son las grajillas y cuervos, y otros que ese día no se dejaron ver, como el alimoche o el halcón peregrino.



Cazorla con su castillo de La Yedra





















Aunque me quedara (como siempre) sin ver al quebrantahuesos ni otros objetivos ambiciosos (alimoche, águila perdicera, mariposa isabelina, lagartja de Valverde, macho montés) lo pasé en grande. Faltan especies carismáticas de Sierra Morena como lo son la cigüeña negra, el águila imperial (aunque se ve cada vez más por Segura) y el buitre negro, pero esos inmensos terrenos sin vallados ni restricciones valen lo inefable. Pronto voy a volver si es posible, tengo una cosilla pendiente muy interesante...