martes, 29 de abril de 2014

La polémica actuación en los Sotos de la Albolafia




El año pasado publiqué un buen puñado de entradas sobre los Sotos de la Albolafia, ese oasis de vida silvestre en medio de una ajetreada urbe como es Córdoba, con sus martinetes, garzas reales, gallinetas, gaviotas, cormoranes, garcillas bueyeras, garcetas comunes, calamones e incluso nutrias.

Este escenario con figura de Monumento Natural ha suscitado una gran polémica el año pasado cuando se acometieron trabajos forestales en su seno, con la intención de clarear un poco el entorno y retirar especies alóctonas como el maldito eucalipto. Acabaron por retirar también árboles como los sauces, dejando las isletas centrales muy arrasadas, lo que ha hecho que muchos opinen en contra.
Para quienes no hayáis conocido el tema hablando conmigo, estos dos enlaces son buenos ejemplos; en uno vemos la durísima crítica de SEO al considerar que se les ha ido de las manos, y por otra parte la valoración de Diego Peinazo (de Ecologistas en Acción Córdoba), que admite algunos excesos pero también ve con buenos ojos el resultado global.





El pasado día 16 pude acercarme a verlo con mis propios ojos, aprovechando que mi familia llevaba allí unos días y escapándome un rato para pasear por los puentes sobre el Guadalquivir.
Desde el puente de San Rafael tenía buen aspecto la cosa, incluso fue agradable ver que nuevamente se pastorean ovejas (propiciando así un medio herbáceo que gusta a algunas especies de aves).







Pero las vistas fueron muy diferentes al posicionarme desde el puente romano, con las isletas que presentaban en efecto un aspecto bastante arrasado, como si hubieran hecho unos trabajos más propios de un parque urbano o un jardín que de una gestión forestal. Aquellos que se quejaban de no poder ver bien los monumentos estarán contentos, por lo menos.
No está tan mal en mi opinión, ahora que pude verlo personalmente, se nota que la vegetación se ha ido recuperando y que será más lozana en un poco más de tiempo, además de mantenerse los árboles de ribera (como chopos) en los tramos de río que limitan con el espacio protegido.






Pasando a la comprobación de la actividad ornítica, la hora a la que pude asomarme no fue la mejor (entre la media mañana y casi llegando al mediodía), pero pude ver ardeidas como la garceta común (Egretta garzetta) con sus colores nupciales, pescando y sacudiendo el plumaje a escasos metros de los paseantes.








Los martinetes (Nycticorax nycticorax) no faltaron a su cita, volando sobre los puentes como de costumbre (ojo al de la foto con su presa, que parece una de esas carpas de colores), al igual que las numerosas garcillas bueyeras (Bubulcus ibis). 







Y sin olvidar la fauna discreta o pequeña, como el andarríos chico (Actitis hypoleucos) y el barbo gitano (Luciobarbus sclateri), o las especies que no fueron fotografiadas, como por ejemplo gallinetas, grajillas, jilgueros o golondrinas dáuricas.






Para finalizar, nada como unas vistas de la Córdoba más monumental, de mano de algunas de las fotos que fue haciendo mi hermano menor con una de mis cámaras mientras dábamos un paseo (le está gustando usarla).


Puente romano

Torre de La Calahorra

Mezquita

Campanario


jueves, 24 de abril de 2014

Sierra de Segura, un magnífico regreso


Torres de Albanchez


Muchos de vosotros sabéis bien que yo estuve trabajando durante el curso 2011-2012 en plena Sierra de Segura cuando en Torres de Albanchez me necesitaron para estar en su sección de Villarrodrigo, pequeño pueblo que está a un paso de salir de Jaén y entrar en Albacete. Un curso inolvidable, por supuesto, junto a los mejores compañeros que he tenido hasta ahora, y en un marco natural perfecto para alguien con mis gustos e inquietudes.
Segura siempre está a la sombra de la vecina Cazorla, que copa todo el prestigio al contar con enclaves carismáticos y mucho gancho turístico, mientras que Segura queda más olvidada y tiene sus masas forestales bastantes maltratadas por la enorme extensión de olivares. Pero sus fauna es igual de fascinante, y uno cuenta allí con la libertad de poder patear libremente vastísimas extensiones de bosque y monte mediterráneo... ¿no es eso algo que no se puede hacer en muchos parques famosos de todo el país, tan llenos de vallas? Pues aquí sí que puedes.

Volviendo a rememorar mis experiencias de hace dos años, cuando justamente empecé este blog con las fotografías de lo que iba viendo por allí, el pasado viernes 18 he vuelto allí para bichear y me he reencontrado con las especies que más me hacían disfrutar, pues aquello es un verdadero punto caliente para ciertas especies de rapaces. En primavera abundan los avistamientos de águilas calzadas (Hieraaetus pennatus) y culebreras (Circaetus gallicus), y pude ver a ambas nada más llegar, con una culebrera sobrevolando la zona mientras aparcaba y las calzadas con sus despliegues de cortejo.
Este ejemplar de calzada de las dos primeras fotos pertenece a una pareja que ya salió en entradas antiguas del blog, como aquí por ejemplo, siendo una verdadera alegría ver algo parecido a un viejo amigo, mientras emitía sus musicales reclamos de celo y esos "pip-pip" que suelen preceder a unos picados impresionantes.
En lo alto del cerro eché en falta ver mi pareja más querida, una con un macho de fase clara y hembra de fase oscura, aunque al macho sí lo vi rondando su territorio de cría y un ejemplar oscuro me sobrevoló de pronto, aunque no fuera aquella hembra.











Las culebreras estuvieron representadas por al menos tres individuos distintos, llegando uno de ellos a ciclear junto a cuatro calzadas, dejando patente el tamaño considerable de esta rapaz que suele dejarse ver en bosques con grandes claros y llanos anexos.






La subida fue entretenida como habéis visto, y me llamó la atención encontrarme con senderistas (de los responsables, a diferencia de aquellos que van llenando todo de basura y no paran de gritar) después de haber comprobado que al fin han señalizado la existencia de rutas circulares por este cerro.
No obstante, estuve a solas la mayor parte del tiempo para poder saborear bien estas vistas serranas, junto a pequeños habitantes del monte como la lagartija colilarga (Psammodromus algirus) y un nutrido surtido de lepidópteros.
Las mariposas escogen los claros de estas cimas rocosas para practicar el comportamiento conocido como "hill-topping", que consiste en que los machos se congregan allí en las horas calurosas para enfrentarse y luchar por el predominio de la zona ante las hembras. De ese modo pude ver muchos ejemplares de saltacercas (Lasiommata megera), macaón (Papilio machaon) y chupaleche (Iphiclides podalirius) como especies más numerosas en sus refriegas y persecuciones, aunque también se dejaron ver otras como la vanesa de los cardos y la arlequín.






Macaón con las alas muy desgastadas




Merece mucho la pena invertir largos ratos de espera y descanso en los amplios miradores naturales de estas laderas (como el de la primera foto, uno de mis preferidos), porque nunca sabes qué podrá pasar por allí volando. Ese día vi al inquieto herrerillo común (Parus caeruleus) mientras se oían los sonidos de los abejarucos y los vencejos reales (Apus melba) me pasaron a escasos metros cortando el aire con su tremenda velocidad, que por algo son de los animales más veloces del mundo, y emitiendo esos reclamos que se asemejan a trinos más que a los griteríos de los demás vencejos. La hembra de la pareja local de cernícalo vulgar (Falco tinnunculus) salió indignada al ver muchas grandes aves planeadoras como el buitre leonado (Gyps fulvus) o un bandito de cinco cigüeñas blancas (Ciconia ciconia), que no hay que olvidar que los cernícalos son los amos y señores del cerro.










La cima está coronada por formaciones rocosas que aún conservan restos del antiguo castillo que dominaba el pueblo, el castillo de La Yedra (no hay que confundirlo con la fortaleza del mismo nombre en Cazorla), y hoy día los únicos "ejércitos" que dominan sus ruinas son los rebaños de ovejas y cabras. Aprovecho el inciso para comentar que el cordero segureño cuenta con Denominación de Origen y recomiendo mucho probarlo a quien pase por la comarca.
Hasta hace bien poco no tenía ni remota idea sobre orquídeas, y no es de extrañar que ahora, dos años más tarde, me haya dado cuenta de que allí crecen algunas. En este cerro encontré un ejemplar de Ophrys lutea, que identifiqué gracias a la ayuda de Javi Conejero, gran conocedor (y fotógrafo) de estas flores.








Después del merecido bocadillo tocó cambiar de escenario, yendo hacia ese collado que tantas veces aparece en entradas viejas del blog, como por ejemplo aquí, y pasar un rato de espera y observación en ese ambiente forestal tan intacto de pinos, enebros, encinas, quejigos y matorral como jara blanca, romero, retama y rosal silvestre.
Aquí es donde solía tener encuentros con el gavilán, el azor, el águila real o el águila imperial, aunque ese día no hubo suerte y me tuve que conformar con una fotografía de ardilla (Sciurus vulgaris segurae) de la subespecie de la zona y avistamientos de cuervos, ratoneros, calzadas y paseriformes.



El Cambrón

Pedanía de Fuente Carrasca





La última parada antes de volver a casa fue Villarrodrigo, donde encontré bastantes orquídeas de la especie mencionada más arriba, además de una nueva cuando vi una Ophrys speculum (esta vez fue Jero Milán, otro pedazo fotógrafo y conocedor de esta flora, quien le dio nombre) junto a ellas.


Bienservida, primer pueblo albaceteño en la distancia



Villarrodrigo

Espero sinceramente que os haya gustado, porque no os imagináis lo que supuso para mí volver a campear por esta tierra que tan importante fue para mí desde septiembre de 2011 hasta julio de 2012; donde el roquero solitario canta por las mañanas desde la vieja torre medieval, el cárabo te sobrevuela en silencio algunas noches, el zorro pasea descaradamente por medio de la calle, el gavilán persigue estorninos y gorriones sobre los tejados, la culebrera caza reptiles al lado de las casas y la garduña hace incursiones nocturnas.