jueves, 11 de diciembre de 2014

Los otros vecinos de Segura de la Sierra




Segura de la Sierra es ese precioso pueblo serrano que ha estado apareciendo en bastantes entradas mías, la última de ellas sin ir más lejos, y es que no puedo resistirme a fotografiarlo desde los distintos lugares desde los que es visible esta congregación de casas blancas colgadas del duro cerro calizo con su castillo donde aún es posible oír el eco del poderoso acero de la Orden de Santiago.

Estando en este sensacional parque natural no le faltan vecinos silvestres de excepción al pueblo. En los cercanos collados de la Cornicabra y del Acebuche (incluyendo el antiguo asentamiento de Segura la Vieja) no es raro ver huellas y excrementos de cabra montés (Capra pyrenaica), o llegar a tener avistamientos muy buenos de estos animales tan representativos de la zona, para quienes el cerro donde está Segura de la Sierra es una parte más de su hábitat.
Lo normal es encontrar hembras con sus chivos, o machos muy jóvenes, pero con la llegada del celo comenzaron a frecuentar el lugar los machos monteses en busca de un idilio otoñal.











Los cantiles cercanos al castillo son muy frecuentados por estos ungulados, que demuestran una maestría impresionante al moverse con pasmosa seguridad por planos inclinadísimos, merced a esas pezuñas prodigiosas que les brindó la evolución. En las últimas fotos huían de los ladridos furiosos del perro suelto de un paseante (que se quedó mirando sin hacer nada), corriendo con una soltura  pasmosa allí donde un ciervo ya se habría despeñado a la primera de cambio.










Vivir en este entorno humanizado donde encuentran seguridad les hace comportarse de una manera más confiada que la que muestran las cabras de lugares como Segura la Vieja o El Cambrón, por ejemplo, que huyen desde mucha distancia y a veces ni te permiten verlas antes de se lancen a la carrera. Para muestra un botón, con estos ejemplares que me encontré en medio de la carretera como si nada, alejándose con no mucha prisa que digamos.
El jovencito de la tercera foto ya apareció en otra entrada del blog, es fácilmente reconocible por el mal estado de su hocico.






¿Quién me observa desde los muros del castillo? Ese cabezón cornudo que asoma por allí pertenece a uno de los individuos que suelen pastar en el mismo castillo, puesto que para las cabras no es nada más que una extensión del roquedo.
Durante las tardes nubladas entre semana puedo acercarme al castillo sabiendo que no habrá visitantes, y así tener más asegurado el avistamiento de los caprinos que, una vez pasada la sorpresa inicial cuando me ven, siguen a lo suyo y los machos continúan con sus infructuosos intentos de cortejo.
Tal es el desparpajo allí que, según me han contado, por las noches se adentran en el pueblo y se comen las plantas de las macetas.













Las aves, con su sabido protagonismo en el parque natural, no iban a ser menos, y se dejan ver por allí bisbitas comunes, escribanos montesinos, cuervos, zorzales comunes, currucas, aviones roqueros o buitres leonados, entre otros más.
Destaco al roquero solitario (Monticola solitarius) alegrando los tejados y chimeneas con su melancólico canto y su figura azulada, aunque el muy truhán no se deja trincar de cerca y sólo os puedo mostrar esta modesta imagen. Mucho más agradecidos han sido los acentores alpinos (Prunella collaris), a los que llevaba tiempo oyendo reclamar y viendo en vuelo hasta que una tarde por fin los pude ver posados en las ruinas de una muralla, dejándose observar a buena distancia como ellos acostumbran con su confiada conducta de aves de montaña.










¿Os han gustado los machos monteses de esta entrada? Pues para la próxima entrega aparecerán dos de ellos junto a uno con el que no pueden rivalizar.
¿Os han gustado los acentores alpinos bajo la escasa luz de un atardecer nublado? Pues ya los veréis pronto bajo la luz del sol.
Me gusta crear expectativas...


14 comentarios:

  1. Pues si que me han gustado, así que para la próxima entrada creo que voy a flipar, no? Una entrada excelente, como nos tienes acostumbrado. Un abrazo desde Cantabria.

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    1. Eso espero, de momento sí puedo garantizar que el macho montés que va a salir deja a los de esta entrada como mindundis, jaja.
      ¡Un abrazo!

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  2. Vaya bien que te lo estás pasando este curso con las cabras, a mí me tiene maravillada esa facilidad que tienen para subirse por cualquier sitio. Un saludo!

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    1. Verlas caminar por esas pendientes es la leche, pero cuando además corren y brincan ya es espectáculo, un día una se tiró desde un peñasco alto hacia el canchal y fue como si nosotros nos saltáramos los dos últimos peldaños de una escalerita, increíble.
      ¡Saludos!

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  3. Que ousadas são essas cabras!!!
    Preciosa entrada cheia de aventura e maravilhas desta Segura de la Sierra.
    Beijo.

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    1. Sin duda son muy osadas y audaces, hoy estaban al lado de la carretera en la entrada del pueblo, tan tranquilas.
      ¡Saludos!

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  4. Hola Carlos,

    a este paso vas a tener que salir a campear con una armadura y un yelmo jajaja, un mochazo de una montés tiene que doler jejeje. Bonitas fotos, ya veo que se mueven por donde quieren, curioso.

    Salu2 Linse!!!

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    1. La espada ya la tengo, jajajaja. Por suerte son bastante cobardicas, aunque imponen con esos cuernacos. A los que no me quiero encontrar por sorpresa es a los jabalíes, ya tuve en el pasado encuentros beligerantes con ellos.
      ¡Saludos!

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  5. Impresionnte esas rumiantes Carlitos. Quien las pillara. Un abraso de linse

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    1. ¡Pues puede que los pilles! Cuando se pase el celo imagino que los machotes se volverán más invisibles, pero las cabritas están siempre por ahí.
      ¡Un abrazo de linse!

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  6. Me han gustado las cabras, los acentores y todo el coponario bendito. Es un terreno espectacular. Esta semana me encontré un macho montés devorado por los buitres y, con cabeza y cornamenta; un ejemplar cercano a los cinco años. Lo he dejado a buen recaudo.

    Saludos.

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    1. Me tiene encantado mi tierra de acogida.
      Los pobres buitres dependen tanto hoy día de la cabaña ganadera que me llevo una grata sorpresa cuando ocurre lo que relatas, como cuando el año pasado vi unos pocos leonados con dos negros comiendo un ciervo en un rincón remoto de la sierra, totalmente natural.
      ¡Saludos!

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  7. Ni que decir tiene que ver a las cabras es su medio es algo espectacular, pero encima verlas en un castillo medieval es una imagen muy, muy "true". Seguro que pones la garra.
    A los acentores alpinos los veremos especialmente bonitos en la siguiente entrada, je, je.

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    1. Y tanto, puse una garra muy exagerada ese dia que vi al macho dominante en la misma rampa del castillo.
      Se aproximan dos entradas seguidas con acentores bonitos, porque El Yelmo da de sí para una publicación independiente.

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