jueves, 6 de noviembre de 2014

Sierra Mágina, el techo de Jaén




En Jaén contamos ni más ni menos que con cuatro parques naturales, siendo dos de ellos ya conocidos para los lectores del blog (Despeñaperros y Sierra de Andújar) y otro que actualmente vuelve a aparecer mucho en las entradas por ser donde vivo ahora mismo (Segura, Cazorla y Las Villas). El cuarto parque es uno que, lamentablemente, no conocía en condiciones, pero ya tomé cartas en el asunto y me dispuse a darle caña a Sierra Mágina tras una recopilación adecuada de información.

Mi primera incursión ha tenido lugar subiendo al Pico de Mágina, que con sus 2.167 metros es la mayor altura de toda la provincia, cuando el sábado 1 de noviembre fui para allá con mi hermano menor.
La idea era combinar esta propuesta tan prometedora en estética y panorámicas con la posibilidad de ver las rapaces que allí habitan (águila real, águila perdicera y halcón peregrino, pero ese día ni una apareció) y las cabras montesas, pues es aquí donde mayor cantidad de estos mamíferos se da en todo Jaén.

Por suerte, se puede entrar con el coche por un carril de tierra durante el primer tramo de ladera de pinares (en caso contrario, sería una rutaza bestial de 7 horas), empezando a encontrar unas vistas espléndidas conforme el bosque da paso al matorral abierto y vemos las moles pétreas de esta serranía caliza.






Justo en el lugar donde dejamos el coche, en una zona ganadera con muchos arbustos cargados de frutos carnosos (escaramujo, majuelo y agracejo) me encontré con un ave que no había visto hasta ahora: el mirlo capiblanco (Turdus torquatus).
Pese a que las fotos son meramente testimoniales, había una gran cantidad de ellos, entre adultos de ambos sexos y ejemplares jóvenes, incluso pasando volando, seguramente porque tuve la suerte de topar con ellos en plena migración. Para quien no esté al tanto, esta especie es típica de alta montaña y en estas latitudes se ven durante los pasos migratorios o la invernada (se sabe que Sierra Mágina es uno de los lugares que escogen). 
Eso sí, eran desconfiados a más no poder, o se dejaban ver de cerca cuando más ramas de por medio no podía haber, al revés que ocurre con los colirrojos tizones (Phoenicurus ochruros). Otros pájaros vistos fueron la alondra, el bisbita común y la curruca cabecinegra.









Pese a habernos quitado del medio ese primer tramo de ladera, la subida no fue un camino de rosas, siendo no pocas veces el sendero poco más que un camino de cabras, y no digamos ya cuando empezaba a encaramarse por la roca.
La recompensa esperaba en las vistas tan amplias y limpias que hubo (pese a que el pronóstico era de un día nublado), y en encontrar interesantes huellas de la vida serrana como un chozo de pastores y un nevero.








Y todavía queda la sorpresa faunística. Si bien las rapaces me dieron esquinazo (ni un triste buitre, mira tú), las cabras montesas (Capra pyrenaica) se portaron muy bien y aparecieron muchos ejemplares a distintas distancias a lo largo de la mañana, pero lo mejor de todo es que muchos individuos eran machos adultos, de manera que por fin cumplí mi ilusión de ver en condiciones machos monteses.
Eran los machos más grandes que había visto hasta el momento, y fijaos en que hablo ya en pasado, pero eso es algo que sólo sabéis los que me tenéis en Facebook y Whatsapp y ya aparecerá por el blog cuando corresponda (me gusta crear intriga, lo sé). 
Por lo tanto, fue un subidón poder ver esos grandes ejemplares tan robustos y sanos, sobre todo después de la manera en que la sarna diezmó a estos animales en la provincia.























Disfrutar así de las cabras tuvo un precio, porque tuvimos que ser prestos y adelantar sin mucha demora a un grupo numeroso de excursionistas que iban todo el rato dando gritos y hablando a voces, si no queríamos que nos espantaran a todo bicho viviente. De hecho, uno de los machos monteses de las fotos estaba siendo cosido a ladridos por uno de los tres perros que llevaba el grupo.
Cuando ellos llegaron a la cima nos tocó esperar a que se fueran para ir nosotros a posar también en el vértice geodésico y documentar la gesta, por supuesto, en medio de estos duros paisajes de roca y vegetación áspera bien adaptada.







Desde aquí se ve la Hoya de Guadix




La bajada, tras el bocata de rigor en la cumbre, estuvo amenizada por aves como el arrendajo, el carbonero garrapinos, el avión roquero y el petirrojo, pero sobre todo por las chovas piquirrojas (Pyrrhocorax pyrrhocorax) con su clásica estampa y banda sonora de montaña. También en ese momento no pudimos descuidarnos con el ritmo, porque de nuevo aparecía a lo lejos el grupo excursionista de gritones y no queríamos vernos absorbidos en su vórtice de follón y alboroto.








Como es la primera vez que aparece Sierra Mágina en el blog, os dejo como guinda final unas imágenes del pueblo de Cambil y de los castillos de La Guardia de Jaén y de Huelma, para que veáis que también esta serranía también tiene su flamante huella medieval. Y también dejo para el final un dato: tenemos en Jaén cuatro parques naturales maravillosos, pero podrían ser cinco si se hiciera algo con la Sierra Sur de Jaén, un espacio natural sin ninguna figura de protección que luce no pocos valores naturales.






8 comentarios:

  1. Ganas tenía de leer esta entrada. No sabes cuánto me alegro de no ser esos senderistas (que por poco no era yo, jejeje)

    Al final del texto no puedo evitar sentirme identificado, porque también procedo de una Sierra Sur con alto valor biológico, geológico y etnográfico, sin ninguna figura de protección: la Sierra Sur de Sevilla. Aquí son claros los intereses que hay detrás de esta serranía que se antepone a la protección y sostenibilidad, pero ¿qué ocurre en la Sierra Sur de Jaén?

    Un saludo

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    1. No veas, ¡me tenían frito con los gritos!

      En el caso de Jaén, esa Sierra Sur es una gran desconocida, aunque la gente de la zona le saca mucho partido y hay rutas y sitios para aburrir (por lo que veo en internet). Yo veo una gran dejadez por parte de las administraciones.
      ¡Saludos!

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  2. Que gozada esas cabras y el mirlo.
    No paras, dan gusto estas entradas.
    Saludos Carlos.

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    1. Muchas gracias, no puedo evitar estar siempre que puedo en el monte, como las cabras, aunque ahora mismo he hecho un pequeño parón el finde por la lluvia (que hace falta).
      ¡Saludos!

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  3. Capiblancos monteses..... a ti no de te escapa nada macho. Eres un linse en todas regla. Un abraso felino

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    1. Y ya has visto que a los monteses más grandes también los he acabado por ver (aunque los hay todavía más formidables y espero que caigan).
      ¡Un abrazo de linse!

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  4. La riqueza de las sierras (y otros lugares) de Jaén queda más que demostrada con tus entradas. Realmente las cabras molan, pero yo me quedo con esos mirlos capiblancos, tendrás que volver más por allí.

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    1. Gracias, es una de mis intenciones como ya sabes, yo espero que guste esta ventana a las sierras de mi tierra.
      Verle la media luna "blanca" al mirlo de la primera foto fue el subidón de cuando ves un animal nuevo, eso queda ya en la memoria.

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