lunes, 10 de noviembre de 2014

Navalperal y Cambrón




Tenía tantas ganas de poner la entrada de Sierra Mágina (echadle un ojo los que lleguéis tarde, que merece la pena mi primera incursión en ese parque natural) que dejé para luego algunas cosas de octubre que aún os tengo que enseñar. Dos días de una misma semana, el 28 y el 30, los dediqué a apostar por las alturas en dos montes para mí muy señeros: Navalperal y Cambrón.

El Navalperal tocó el 28, en mi archiconocida ansia por ver machos de cabra montés, y porque es además un lugar muy estético con unas vistas increíbles. 
Para hacer esta subida hay que atravesar primero un buen tramo del bosque de Las Acebeas, zona forestal relicta de la última glaciación donde aún quedan acebos, avellanos e incluso algún abedul. Ahora que el otoño está más fotogénico, brindaré una buena serie con los arces decorando el bosque con sus tonos amarillos y naranjas.










Llegando cerca de la cima, donde el bosque se torna ladera pedregosa, estaban las cabras montesas (Capra pyrenaica) medio escondidas en los herbazales de las pendientes umbrías. Había, como siempre, hembras y cabritillos, y algún macho jovenzuelo intentando acercarse a las damas, intentando a la desesperada adelantarse a los poderosos machos adultos.








En su cima me fallaron las aves rapaces, sin ver ni un triste buitre leonado, pero la panorámica es siempre soberbia, con esos enormes calares albaceteños, las cimas rocosas próximas a Siles como el Cambrón y el Puntal, y otros territorios segureños como Segura la Vieja y el Yelmo.
Acudieron a su cita los aviones roqueros (Ptyonoprogne rupestris) y cuervos (Corvus corax), llenando el espacio aéreo con sus piruetas, cada uno a su manera, mientras que el suelo estaba prácticamente tapizado por abundantísimos colirrojos tizones (Phoenicurus ochruros) . También se veían chovas piquirrojas y alondras.
Esa vez me acerqué al refugio forestal, sorprendiéndome gratamente lo bien cuidado que estaba, sin pintadas, con los cristales intactos y sin nada roto (a diferencia de aquellos otros que he visto pasto del vandalismo).









Las tardes se iban acortando, de modo que no era conveniente quedarse dormido en los laureles y bajar a una hora prudencial, viendo en el descenso nuevamente a las cabras montesas, con el aderezo especial de toparme con un grupo de ciervas (Cervus elaphus). Ya sabéis de sobra que a los ciervos los veo en mejores condiciones en Andújar (con luz, para empezar), pero me gustó muchísimo ver las ciervas en unas laderas agrestes entre arces en lugar de en dehesas cinegéticas.












El día 30 por fin pude acercarme al Cambrón, y digo por fin porque yo sólo sabía llegar desde Torres de Albanchez y aún no tenía muy claro el recorrido desde Siles. Tras preguntar a varias personas en el colegio, me animé a probar y resultó sencillo, saliendo entre olivares y casas de campo hasta llegar a sus pinares por un carril desde el que tuve unas vistas del valle del Onsares, alzándose ante mí esta mole pétrea caliza con tan singular forma que se divide entre Jaén y Albacete.






Tras dejar el coche en la Dehesa del Oso (que ni es dehesa ni hay osos, obviamente), empecé el ascenso por la pista forestal que sube hasta la cima del monte en muy buenas condiciones, pasando por pinares con notable presencia de encimas y quejigos. Me crucé con una pareja de senderistas extranjeros que se alegraron visiblemente cuando les saludé y charlé un poco en inglés, contándome que habían visto dos cabras montesas arriba y que Siles les parece muy bonito.
Yo vi durante la subida un fugaz gavilán (había visto otro mientras llegaba en el coche) y una enorme hembra joven de águila real (Aquila chrysaetos), y ya en la cima muchas chovas piquirrojas (Pyrrhocorax pyrrhocorax) y un cernícalo vulgar (Falco tinnunculus).








Pero todavía quedaba la sorpresa ornítica. Estaba yo apretándome un buen bocata en la cima cuando llegó un bando de avecillas emitiendo unos reclamos que no me sonaban de nada, de modo que dejé el bocata por un rato para mirarlos y comprobar que se trataba de ocho acentores alpinos (Prunella collaris) que habían llegado a invernar en la zona. Normalmente son aves confiadas que se dejan retratar bien, pero costaba hacerles fotos por estar en un sitio en sombra y por lo difícil del terreno.
Cabe señalar que esta especie no es residente en el parque natural y llega en otoño a pasar con nosotros los meses fríos, procedentes de otras sierras más altas como Sierra Nevada.









Al igual que en la otra salida, a eso de las 17:30 convenía ir bajando si no quería que me anocheciera en el descenso. Sorprendí a una cabra montés con su cría, y ya más abajo vi más ejemplares, incluso compartiendo terreno con sus primas domésticas, además de un tercer ejemplar de gavilán (Accipiter nisus) entre los aviones roqueros.








Para poner la guinda final a la entrada, no hay nada mejor que mostraros en fotos la sensación de vasta libertad que se respira allí arriba, mientras te azotan la cara unos vientos helados que no quiero ni pensar cómo serán en pleno invierno.








6 comentarios:

  1. Menudas excursiones sinegéticas que te pegas, como para no ver machos monteses, si tu mismo eres ya uno de ellos,jjjj lo digo por tu capacidad para desenvolverte por esos lugares, mal pensao,jjjjj. Un abraso de linse y a seguir amigo mio.

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    1. Jajajajajajaja, no problem, no asumiré que es por mi testuz, sino por las subidas sinegéticas que me meto entre rocas.
      ¡Un abrazo de linse!

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  2. Ahí están, los acentores! Jeje
    Desde que me lo dijiste ya quería ver la entrada correspondiente ;)
    Ya veo que últimamente estás tirando para las zonas altas... Haces bien jeje, bicherío distinto.
    Saludos

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    1. Estos pájaros son una cosa a la que sí estás más acostumbrado, pillín. Iba en busca de los bichos que imaginas, y el tiempo me ha acabado favoreciendo :D
      No dejarán de salir zonas altas en el blog, esto engancha cosa mala, y tengo en mente más sitios por el estilo.
      ¡Saludos!

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  3. Bonita entrada, las imágenes de lujo. Saludos desde Cantabria.

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    1. Muchas gracias, esta tierra es tan bonita que prácticamente la entrada se hace sola.
      ¡Saludos!

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