jueves, 30 de octubre de 2014

Piedra del Agujero y Segura la Vieja




Hoy voy a acabar la tanda de entradas del mes de octubre con el repaso a dos salidas que hice por dos sitios nuevos para mí en la Sierra de Segura (de momento estoy procurando hacer cosas nuevas todas las semanas), y bastante interesantes como vais a ver, tanto en paisajes como en bicherío, muy completos los dos.

Empiezo por la zona de la Piedra del Agujero. Ya me llamó la atención ver esta curiosa formación de dolomitas en un paseo del mes pasado, hasta que una alumna de 6º me animó a que fuera allí por la posibilidad de ver cabras montesas y rapaces. Seguí sus indicaciones y llegué sin pérdida el día 16, pero como el Agujero estaba en sombra y contraluz preferí probar la subida por la cara donde daba el sol, la que está junto al Cerro Bucentaina. El otoño se manifestó en el colorido de los frutos del majuelo y de las semillas de la tóxica peonía, como queriendo recordarnos que estamos en esa estación pese al inusual calor veraniego.







Entre otros animales, topé con una ardilla (Sciurus vulgaris), mi última culebrera (Circaetus gallicus) del año y un infiltrado entre los numerosos buitres leonados (Gyps fulvus) que era ni más ni menos que la majestuosa presencia del águila real (Aquila chrysaetos).









La subida la hice monte a través (dejándome los hígados por el camino), pero mereció la pena disfrutar de unas vistas tan espléndidas como las que tenéis abajo, mientras que los buitres leonados sobrevolaban el bosque a baja altura haciendo sonar con fuerza sus enormes alas.


Siles y El Cambrón al fondo


Bucentaina con Siles atrás


La nota negativa la puso un par de podencos sueltos que estaban en la cima. No sé qué hacían allí, pero uno de ellos era un ejemplar cruzado con otra raza que se mostraba muy agresivo y no me permitió seguir subiendo.
Dando un paseo distinto al volver, con tal de no encontrarme con el energúmeno canino, vi algo que parecía un halcón posado o un roquero solitario, pero era un pito real (Picus viridis) posado de manera poco frecuente en una roca, muchos cuervos (Corvus corax) y un pequeño ciervo (Cervus elaphus) en medio de un rebaño de ovejas. Aunque lo más probable es que el pastor hubiera cogido al animal cuando era un cervatillo y lo hubiera puesto junto a sus ovejas.
Pasando entre cortijadas, con la aparición de un perro mucho más simpático que el dichoso podenco, volví al coche pensando en que, efectivamente, era un buen sitio para rapaces. 
Ah, a las cabras montesas las vi, o mejor dicho vi una hembra salir corriendo, pero no pude comprobar si en la cima había más, una pena.








El día 20 me propuse conocer mejor una zona que llevaba tiempo picándome la curiosidad. En otra entrada anterior visteis unas cabras montesas que se dejaron ver de cerca en el entorno de la aldea de Moralejos, pues bien, llegó el momento de subir el monte rocoso de ese lugar para comprobar qué se escondía por allí.
Pero, antes de llegar, me entretuvo un buen rato esta ardilla en la carretera de Las Acebeas.










Llegando ya a mi destino, resulta que esta parte es el tramo final de una ruta que tiene su comienzo en Río Madera, por lo que me encontré con un sendero que pasaba por unas vistas preciosas de un paisaje duro de roca y pinar con enebros, con detalles como algunas setas junto a las jaras blancas en la cercanía de las colmenas de un apicultor.
Esta zona se llama Segura la Vieja, y fue emplazamiento de un asentamiento que antes se tenía por íbero, aunque ahora se dice que es más tardío.







Aunque no se pueda apreciar, en la foto de arriba hay una cabeza cornuda asomada... pero mejor os pongo estas fotos con el zoom del teleobjetivo para que veáis que mi paradita en el camino (a esas alturas yo me había salido ya del sendero, para no variar) estaba siendo observada por una curiosa cabra montés (Capra pyrenaica), además de ver después unas cuantas madres con sus crías en la ladera opuesta.








Una vez ganada una buena altura, las vistas eran magníficas, os aseguro que pasé un rato muy largo sentado en una cornisa mirando lo que se ve en la foto de más abajo, con el imponente Navalperal al fondo.
En estas  alturas rocosas te sobrevuelan especies tan interesantes de aves como el halcón peregrino (Falco peregrinus), el buitre leonado, el águila real o las chovas piquirrojas (Phyrrocorax phyrrocorax).
También se veían cuervos a lo lejos, pero lo más llamativo fue que entre los aviones roqueros había bastantes aviones comunes (Delichon urbica) aún, e incluso una solitaria golondrina común, un poco tardía la muchacha.
Por cierto, el halcón puede ser "nuevo" o ser uno de los padres de los tres pollos que vuelan por el Navalperal, ojo, que aquello está ahí al lado.










Subiendo aún más, vi de nuevo un cabezón cornudo mirándome atentamente, aunque esta vez era un macho.
Uno que aún tiene que echar canas, sí, pero por fin un macho después de tanto tiempo viendo sólo hembras, machos jovencísimos y cabritillos.
En la zona más alta, donde los árboles se empiezan a volver dispersos en medio del piornal, encontré numerosos rebaños acompañados de algunos machos jovencitos que intentaban seguir con la cola en alto a las hembras y olerlas, sabiendo que pronto entrarán en celo los grandes machos adultos y no les permitirán acercarse a las damiselas. Ojalá vea alguno, y tampoco estaría mal oír los tremendos testarazos que se propinan en las luchas por la supremacía.












También quisieron las cabras estar en el momento de mi descenso, con una bonita puesta de sol junto al castillo de Segura de la Sierra mientras de un pino salía volando un gavilán o azor (imposible de distinguir en ese momento tan fugaz).
Puede que la próxima entrada sea otra vez sobre subidas a interesantes montes... o puede que no, quién sabe.








4 comentarios:

  1. Qué buena la estampa del cervatillo en el rebaño, jajaja.
    Ya no solo son "pollos" cada vez te vas aficionando a los mamíferos, y superándote!
    Preciosos paisajes que has captado, deseando que nieve a ver qué fotos haces, impresionantes, jejeje.

    Un saludo!

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    1. Al final me están saliendo entradas muy peludas, jaja, ya ves, y más que vienen en camino.
      Tengo también muchas ganas de ver qué trinco cuando nieve, ya tengo pensados un par de sitios que pueden dejar estampas muy guapas.
      ¡Saludos!

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  2. La próxima vez llevate unos filetitos en el bolsillo para el dichoso podenco. Un abraso de linse

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    1. Ya ves, al final habrá que ir más preparado para los perros que para los animales salvajes como los jabalíes, tiene guasa.
      ¡Un abrazo de linse!

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