sábado, 2 de agosto de 2014

Una de charranes




Me apetece mucho dedicar una entrada a una especie concreta entre las que estoy observando a orillas del Cantábrico, pues este año estoy disfrutando más que nunca de los charranes comunes (Sterna hirundo), que se han convertido en un sustituto perfecto de aquellos fumareles que tanto me gustaron en Sevilla.

Cerca del pueblo donde he pasado estas semanas de julio, Elechas, tengo muy a mano la Bahía de Santander, como cuando me he estado asomando a la Punta del Urro, donde está el Pantalán de Dynasol que se ve en la foto de arriba. No es que sea muy estético ver todo eso en medio del mar, pero ofrece por lo visto un lugar muy atractivo para los charranes en forma de posaderos apartados y tranquilos.
Se convierte así en una muy buena atalaya para ver pasar por delante estas aves marinas con sus directos y vigorosos vuelos que tanto contrastan con el vuelo más boyante y errático de los fumareles.
Sus lances de pesca son dignos de contemplar, cuando tras el oportuno cernido se lanzan en picado con una rápida zambullida, sacudiéndose luego el agua del plumaje en pleno vuelo.



















También se los ve posados, e incluso con suerte llega alguno y se te posa muy cerca, con un descaro que me recordó al de las canasteras. Las aves muy aéreas me parecen muy curiosas cuando están perchadas, siendo todo longitud de alas y patitas cortas.









Tal ajetreo se debe a que aún tienen a su cargo los pollos nacidos este año, que ya vuelan muy bien pero siguen pidiendo comida con ruidosa insistencia. Pero el apocalipsis de los chillidos comienza realmente cuando llega un adulto con la pesca recién capturada, convirtiéndose aquello en un festival de estridencias.















¿Termina el griterío cuando ya no hay cebas a los pollos? La respuesta es no.
Estos charranes me han resultado muy macarras y pendencieros en comparación con lo pacíficos que eran los fumareles (bueno, en general, que algunos ejemplares tenían tela también), bastando con que algún adulto con ganas de bronca pasara volando con actitud provocadora para que se lanzaran todos en persecuciones gritonas. Llegan incluso a acosar a los que llevan un pez en el pico, siendo muy piratas entre ellos mismos.









 Este carácter beligerante sale mucho a relucir cuando aparece algún competidor (como su primo el charrán patinegro) o un enemigo potencial (como la gaviota patiamarilla). Estos ejemplares de las fotos de abajo se enfurecieron muy especialmente, haciéndome pensar al instante que habrían visto alguna rapaz, aves siempre temidas y odiadas por el resto de la comunidad ornítica.







El responsable de todo ese frenesí de gritos encolerizados no era ninguno de los previsibles, como el milano negro o el ratonero, ni tan siquiera una aparición sorpresa del halcón peregrino ni del gavilán... era algo totalmente inesperado, pues en medio del hostigamiento de los charranes apareció ante mi gesto de absoluto asombro un búho campestre (Asio flammeus), especie que francamente no sé qué hacía en el Cantábrico en mitad de julio... pero allí estaba.










El pobre no sabía dónde se había metido, y ante el persistente acoso de los charranes se lanzó al matorral costero en busca de escondite y refugio. Pienso que el búho, con su dieta basada en roedores y algún pajarillo, no suponía ningún peligro para los charranes, pero es lo malo de ser una rapaz y tener que cargar con el peso de ser etiquetado (con esto os invito a una reflexión si hacemos paralelismo con nuestra propia especie).

Por supuesto que en esa zona se ven más especies de aves, pero he querido centrarme en la vida de estas aves marinas y el resto lo dejo para otra entrada, donde saldrán muchas cosas, podéis estar seguros. Todo a su tiempo.


8 comentarios:

  1. Realmente buenas esas fotos,estan geniales tanto los charranes como el búho campestre!una serie magnífica
    un abrazo

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    1. Muchas gracias, Diego. Estos amiguetes dieron mucho de sí, pero lo del búho fue un sorpresón.
      ¡Un abrazo!

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  2. Buen sitio has pillado para verlos, cabroncete jeje
    Las tomas de las cebas están geniales, se distinguen perfectamente las especies de peces que llevan...
    Y bueno, lo del campestre es una cita que destaca por sorprendente!
    Saludos

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    1. Es una atalaya muy buena cuando no están los pescadores, hay días que está un poco sosa la cosa pero de pronto te salen cosas inesperadas como las avocetas o el búho.
      ¡Saludos!

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  3. Vaya sorpresa el búho campestre! buena toma. Ya somos dos de campiña que te hemos sorprendido por tierras cántabras, jajajaja

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    1. Quién me iba a decir que volvería a ver un bicho de ésos tras el invierno de Doñana...
      A lo tonto he visto un buen puñado de amigos por el norte, está siendo un verano curioso, jajaja. ¿Dónde te encontraré la próxima vez?

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  4. Vi muchos en julio en el delta del Ebro , que ruido meten , es bonito verles actuar .
    Un saludo

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  5. Buffff, el Delta del Ebro es uno de esos sitios que quisiera ver. Muy cierto lo del ruido, mira que son chillones.
    ¡Saludos!

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