jueves, 24 de octubre de 2013

Doble ración del Brazo del Este




Vamos a echar la vista atrás, cuando el día 10 de este mes estuve disfrutando de las cigüeñas negras y el águila pescadora en el Brazo del Este, excelente lugar para el avistamiento de aves acuáticas a poca distancia de la capital sevillana. Centré una entrada específica (pincha aquí para recordarla) en esas dos aves, pero ni mucho menos fue lo único que vi ese día, que fue justamente de los mejores que he tenido en cantidad y calidad...

Quienes me conocen saben que las aves grandes son mis predilectas, y después de las rapaces tengo en segundo lugar a las zancudas (grullas, cigüeñas, garzas, espátulas, flamencos) y las acuáticas en general, cosa que de sobra tengo al alcance en este singular paraje; un antiguo brazo del Guadalquivir que quedó encorsetado entre parcelas rectilíneas de cultivos de arroz y algodón, siendo el único lugar que quedó con vegetación palustre silvestre de carrizos, eneas, tarayes, etc... un vergel para las aves.

Nada más llegar llama la atención ver los bandos tan enormes de moritos (Plegadis falcinellus), además de uno bastante hermoso de espátulas (Platalea leucorodia), aves de paso en la Península y aquí residentes, siendo las especies más numerosas que vi junto con las muchas cigüeñas blancas (Ciconia ciconia) que aprovechaban la siega del arroz para darse el banquete.





Algunas llevan anillas, habrá que estar pendiente...


Cigüeña al estilo Ramón


Por suerte para el observador, las aves no tardan en dejarse ver de cerca o sobrevolarte, toda una delicia.
Además de las espátulas y moritos, también pude ver más de cerca a las cigüeñuelas (Himantopus himantopus), garzas reales (Ardea cinerea), aguiluchos laguneros (Circus aeroginosus) y avefrías (Vanellus vanellus).






Una de ellas lleva anilla amarilla, aunque no se distingue bien el código





Mención especial para las agujas colinegras (Limosa limosa), que hasta ahora había estado viendo en pequeños grupitos o aisladas, y esta vez las vi en un bando bien nutrido que pasó volando por delante de mis narices para posarse en una zona inundada.








Gracias a las agujas pude encontrar algo muy interesante, porque al fijarme en donde se posaron pude dar con un bandito de flamencos (Phoenicopterus roseus) que andaba bien oculto... y yo que me alegré por ver tres ejemplares jóvenes al lado de un camino, para acabar viendo un grupo con muchos preciosos adultos.
Como podéis ver, la parte inferior de la foto con vegetación desenfocada muestra que me acerqué agazapado y sigilosamente para no espantarlos ni hacerles tener que irse volando a otra parte, y allí se quedaron cuando me marché.
Aunque parece que uno de los pollos me miró, un chico avispado.



Meandro del río que atrae a calamones, espátulas y águilas pescadoras


El resto de la salida ya la conocéis por la otra entrada anterior, con el águila pescadora intentando pescar y los grupitos de cigüeñas negras, así que ahorraré esa parte.
Llegamos a la segunda parte de esta entrada, la salida del día 17 (justo una semana después), en la que también encontré de primeras un bando importante de espátulas y muchos moritos en abundancia, tanto que los bandos en vuelo llegar a parecer estorninos a lo lejos...






La tarde no parecía muy propicia para pajarear, con los agricultores haciendo quemas en los campos que dejaban una atmósfera rara con tanto humo. Pero acabaron apareciendo las aves, para no defraudarme...
Para no repetir especies con la otra salida, voy a mostrar un zampullín chico (Tachybaptus ruficollis), una garceta común (Egretta garzetta) y un machillo de tarabilla común (Saxicola torquatus).
Además de un bando de lo que creo que son estorninos pintos (Sturnus vulgaris).







La estrella de la salida fue el bonito y carismático calamón (Porphyrio porphyrio), con la población más grande de Europa aquí mismo... cosa que me creo del todo, tan sólo mirad la segunda foto y empezad a buscar y contar ejemplares, teniendo en cuenta que sólo es una foto de una porción de la zona y que había otras agrupaciones así.





La cara negativa llega, como siempre, de mano del impacto del ser humano, cuando encontré un ejemplar que no sobrevivió al encuentro con uno de esos elementos extraños que no forman parte de su medio natural.




Para compensar tan desagradable escena, os voy a enseñar un comportamiento que vi por primera vez y me pareció muy curioso a la par que gracioso.
Al atardecer, se los veía en los cultivos de regadío asomando y escondiendo las cabezas, del mismísimo modo que los sisones en los campos de cereal.  Igualmente llamativo era verlos así en bastante cantidad, con ejemplares que incluso llegaban volando para unirse a ellos.







En cuanto a rapaces, al caer la tarde tuve el placer de topar con el águila pescadora (Pandion haliaetus) de la semana pasada (creo que es ella por el plumaje) y un preciosísimo macho de aguilucho pálido (Circus cyaneus). Las dos rapaces invernantes más bellas, junto con los milanos reales que espero que no tarden en llegar aquí.





Otras especies vistas:

- Gaviota sombría.
- Gaviota reidora.
- Garcilla bueyera.
- Tejedor amarillo.
- Cormorán grande.
- Ánade real.
- Silbón.
- Agachadiza común.
- Andarríos bastardo.
- Andarríos grande.
- Ratonero común.
- Águila calzada.

La falta de luz y el humo de las quemas eran mala combinación, así que tocaba irse a casa con la satisfacción de haber vuelto a disfrutar con las estribaciones de Doñana, hasta la próxima vez que pueda dar un paseo(las lluvias recientes hacen poco recomendable circular por sus caminos de tierra).
¡Hasta pronto!





sábado, 19 de octubre de 2013

Comenzando la temporada otoñal en Sierra Morena




El fin de semana pasado llegó el momento de poder volver a patearme la sierra como es debido, después del estío con su imposibilidad para salir sin morir de calor. El sitio escogido fue Despeñaperros, un parque natural pequeño pero lleno de posibilidades para el senderista y el pajarero, con su naturaleza salvaje y agreste sin las vallas impuestas por la Sierra de Andújar.

Así, en compañía de un amigo y su padre, preparamos un largo recorrido que nos llevara todo el día (previo acopio de provisiones preparado), empezando por la zona de Las Correderas con los bramidos de la berrea de los ciervos y los ruidosos arrendajos (Garrulus glandarius) llenando el bosque con sus desagradables gritos de alarma. Y no sólo porque nos vieran a nosotros... en un rodal de pinos estaban especialmente furiosos, claramente gritando a algo que vieron allí, tal vez una rapaz nocturna, un azor o un mustélido.
Entre frescas vaguadas y cauces fluviales topamos con una ardilla (Sciurus vulgaris) rodeada de un bonito entorno donde el otoño comienza a regalarnos sus colores (y sabores en algunos casos) en forma de frutos, mientras que los zorzales comunes y petirrojos invernantes dejaban notar su abundancia con sus reclamos.
No sé qué planta es la primera, pero las otras son el madroño, la peonía, el majuelo y el escaramujo.














Fuimos ganando altura, hasta acercarnos a las proximidades de las ruinas del castillo de Castro Ferral, cambiando el entorno por enebros, jaras y demás matorral. Vimos algunos picogordos (al igual que al inicio de ruta) y unos diminutos pajarillos con toda la pinta de ser reyezuelos listados, y entre los lejanos buitres leonados volaban algunos buitres negros (Aegypius monachus). Desafortunadamente, ninguno voló más cerca que el de la foto, pero ha sido la vez que más ejemplares he visto en esta zona (unos seis).
Pero los protagonistas fueron los más pequeños intregrantes de nuestra fauna, ya que los insectos se dejaron ver mucho en esa soleada jornada mientras íbamos tomando el sendero de Valdeazores en dirección al Collado de la Aviación. Vimos un par de ortópteros sin identificar (es la primera vez que los veo), restos de un escorpión devorado por otro animal, una mantis enana (Ameles spallanziana), y de mariposas la bonita sofía (Issoria lathonia) y la saltacercas (Lasiommata megera) en una zona con flores de azafrán de otoño.














Una vez en lo alto del Collado de la Aviación y con vistas del monumento natural de Los Órganos, nos dispusimos a comer entre riscales y enebros, siendo sobrevolados por un milano real (Milvus milvus) en migración y unos cuantos buitres leonados (Gyps fulvus) que tuvieron la ocurrencia de ponerse todos a contraluz, con la bonita banda sonora de los reclamos del roquero solitario.
El milano real, esa bella rapaz tan castigada por el despreciable uso de veneno en nuestros campos, es una cita reseñable aquí, donde es escaso a diferencia de otros puntos de España donde es una de las aves invernantes más frecuentes.










Acompañados por los ágiles vuelos de los aviones roqueros (Ptyonoprogne rupestris), la única de nuestras golondrinas que no migra, descendimos a observar uno de los muchos abrigos rupestres de la zona, difíciles de encontrar por su posición abrupta y no haber señalizaciones. En este caso había algún rastro de pinturas rupestres, y no somos los únicos que dimos con ellas porque no faltó el típico garabato de los típicos imbéciles que no tienen otro sitio mejor donde ponerse a escribir su nombre, con una falta de respeto tremenda por nuestro patrimonio.







Y así acaba la jornada, porque después de este descenso volvimos a Bailén.
En la próxima entrada volveremos a ver qué se cuece en los arrozales sevillanos, ¡que aún tengo mucho que enseñar!