jueves, 29 de agosto de 2013

Las aves y yo empezamos a migrar


Embalse de Zocueca


Estamos acabando el mes de agosto y hemos estado presenciando los movimientos migratorios de las primeras aves que comienzan esos grandes viajes que seguiremos observando durante septiembre y parte de octubre. Al igual que yo, que pronto dejaré mi pueblo para irme a vivir hasta julio en Sevilla, aunque ya sé que es una minucia en comparación con las aves que alcanzan el África subsahariana...

Es algo que siempre nos llama la atención, y que durante mucho tiempo ha sido bastante desconocido para el hombre. Como cuando se creía que los ánsares y barnaclas (a los que nunca se veía con pollitos) nacían de los percebes, o la creencia egipcia de que las golondrinas salían del barro en invierno (ellos no sabían que habían estado criando en Europa hasta ir a su país a invernar).

Unos periplos fatigosos y llenos de peligros, y no sólo por causas naturales. Que se lo pregunten a esta pobre tórtola común (Streptopelia turtur) con un ala herida que se escabulló entre los cardos, congénere de otras muchas que son abatidas en sus migraciones.






Bailén no es el mejor sitio de España para comprobar el paso migratorio, esto no es Tarifa obviamente, pero las charcas de las afueras atraen todos los años a algunos viajeros que paran aquí a reponer fuerzas y nunca sabes qué te puedes encontrar, como cuando el año pasado me topé con una solitaria espátula.
Los andarríos grandes (Tringa ochropus) son unos habituales, así no tanto como la garza imperial (Ardea purpurea), a la que he podido ver en primavera y ahora también el pasado día 26.





Los milanos negros (Milvus migrans) son un clásico con sus grandes bandos en estas fechas, y durante buena parte del mes he estado viendo concentraciones muy numerosas de estas oportunistas rapaces.



Ejemplar juvenil



Con los abejeros (Pernis apivorus) no he tenido mucha suerte y no he topado aún con ninguno de esos enormes bandos que me encantan. Sólo he visto una pareja el día 18 en El Centenillo (no descarto que fuera una pareja nidificante, nunca se sabe), un grupito de 4 ejemplares con un milano negro Cerca de Vilches el día 22, y un ejemplar aislado del día 20 que dejo para el final (saltándome el orden cronológico) por lo curioso que me pareció. 
Me explico, este abejero estaba en Sierra Mágina (más al sur de ese corredor natural de Sierra Morena y el valle del Guadalquivir), él solo y volando junto a unos abejarucos que se estaban alimentando de himenópteros, cosa que me hace pensar que sea un individuo que viva allí.





Cuando avance octubre dejaré de ver a dos de mis especies favoritas, el águila calzada (Hieraaetus pennatus) y la culebrera (Circaetus gallicus), a las que aún veo mucho, incluso en los olivares.
Es algo que me apena, durante los meses fríos echo mucho de menos a especies así, mi tierra se vuelve más sosa durante el invierno con la considerable disminución de especies y la escasísima compensación invernante.








Como nota curiosa, dejo la cita de tres vencejos cafres (Apus caffer) en Andújar el día 20. La foto es horrenda y poco se le nota el obispillo blanco, pero os garantizo que lo pude observar bien.





Pasemos a otra zona, el embalse del Guadalén, cerca del pueblo de Vilches, una zona que he conocido este mes y me ha parecido muy interesante, con sus grandes números de somormujos y bandos inmensos de cormoranes. Además de cosas como las que vamos a ver...
Además de las concentraciones de chorlitejos chicos (Charadrius dubius) destacaron los muchos abejarucos (Merops apiaster), otros que también se irán pronto. No sé si es porque se están congregando, pero el caso es que los he estado viendo (y oyendo, no paran callados) más que nunca.


Vilches


Abejaruco juvenil






¡Mucho ojo! Que este embalse me ha dado una de las sorpresas del verano, cuando el día 22 vi en una torreta algo con pinta de culebrera... pero resultó ser una soberbia águila pescadora (Pandion haliaetus). Es una especie rara de ver en Jaén, pues dependemos de que en sus jornadas migratorias decida pararse en tal o cual embalse a su capricho, y que tú estés precisamente en ese lugar y día.
Esto supone que, si consigo ver a los quebrantahuesos de Cazorla, ya habré visto a todas las rapaces diurnas en mi provincia.








Como decía más arriba, durante el invierno echaré de menos la presencia de especies como el águila calzada, la culebrera, el cernícalo primilla, el abejaruco, el chotacabras cuellirrojo, el alcaudón común, el cuco, la golondrina dáurica, el vencejo real, y un nutrido etcétera.
 Aquí sólo recibimos algunas avefrías, unos pocos esmerejones (poco dados a dejarse ver), bisbitas, lúganos, unos pocos chorlitos dorados si llega una ola especialmente fría... cosas así. No es como en las zonas donde se recibe un buen contingente de invernantes asociadas a los ambientes acuáticos, ni contamos con la carismática presencia de las grullas.

Por suerte, hay otras muchas especies interesantes que siempre están con nosotros. Durante todo el año disfrutaré de los enormes bandos de buitres leonados (Gyps fulvus) que suelen contener algunos buitres negros (Aegypius monachus). O de la formidable águila real (Aquila chrysaetos), de la que dejo una foto espantosamente fea, pero me he visto en el deber de mostrarla porque sólo he visto tres ejemplares en todo el mes.
Para el final dejo uno de los motivos por los que me ha encantado el embalse del Guadalén... ni más ni menos que la ortega (Pterocles orientalis), especie que por fin he podido ver en mi provincia y muy cerquita de casa, porque resulta que le gusta acudir a beber allí.








Y esto no es todo lo que vais a ver de las migraciones, aunque será en otra zona distinta y tendrá su entrada específica... ya lo veréis... Mientras tanto, sigo con mi peculiar migración a pequeña escala hacia Sevilla.

viernes, 23 de agosto de 2013

Nocturnidad...




Sabéis ya, los asiduos lectores, que me encantan las salidas nocturnas en busca de la fauna que hace su vida al amparo de las sombras, y ahora en verano es un verdadero placer conducir tranquilamente por carreterillas de olivar y pistas de tierra con las ventanillas bajadas, con el aire nocturno cargado del sonido de los grillos y algún que otro reclamo de criaturas de la noche, es muy relajante y nunca sabes si te puedes topar con alguna sorpresa.

Los mochuelos (Athene noctua) se dejan ver de día y no voy expresamente buscándolos a ellos, pero más de una vez están allí y estas noches he visto bastantes posados en el mismo asfalto o en las cunetas. A pesar de la cantidad de ejemplares vistos, sólo uno fue tan confiado como para dejarse afotar de manera que el flash le alcanzara bien, los otros se dedicaron a torearme de mala manera (como el de la segunda foto, que incluso correteó como una gallina).






Los chotacabras cuellirrojos (Caprimulgus ruficollis), antes conocidos como chotacabras pardos, son un clásico en mis salidas nocturnas, y admito que esta especie me gusta especialmente. Recordemos que sólo viven en la Península Ibérica y el norte de África, y los veo como unas aves muy propias del período estival en mi tierra, como los abejarucos y las golondrinas dáuricas por ejemplo.
Tuve un par de noches en las que me pude poner las botas con un buen número de encuentros, pero los conductores inoportunos me lo chafaron... lo positivo es que al menos ésos no acabaron atropellados (la gente y sus prisas, una vez más).






Las observaciones de mamíferos no se quedan precisamente atrás. Lo más frecuente es encontrar conejos y liebres, además de otros como musarañas y lirones caretos. O también este murciélago de borde claro (Pipistrellus kuhlii) que descansaba bajo un puente (que conste que sé la especie porque me lo ha dicho Alberto Benito, que yo no tengo ni idea de quirópteros), o un joven ejemplar de erizo (Erinaceus europaeus) mostrando su clásico método de defensa.












Eché en falta dar con algún reptil, como por ejemplo alguna culebra, pero a cambio topé con un par de artrópodos interesantes. El primero es la araña lobo (Hogna radiata), que ya se estrenó en el blog hace pocos meses, y el otro es un ortóptero muy curioso... no sé a qué especie pertenece ese saltamontes, pero pudimos comprobar que iba tanteando el terreno con sus larguísimas antenas que doblaba como si de un par de extremidades más se tratara, cosa que hace pensar que está adaptado a moverse en la oscuridad.







Me reitero diciendo que disfruto muchísimo con estas salidas, que algún día quizás me deparen fotos de lechuzas, garduñas o tejones, quién sabe. Si empecé la entrada con el cuarto creciente, que sea la luminosa y brillante luna llena de ayer la que nos despida....




domingo, 18 de agosto de 2013

Los dominios del lince ibérico




Por fin llegó el momento de escribir una entrada que, desde antes de acabar de ser redactada y publicada, ya se ha convertido automáticamente en una de mis preferidas.
Estoy contentísimo de poder compartir con todos vosotros, amigos y lectores que pasáis por aquí a echar un vistazo, uno de los momentos más emocionantes de mis experiencias en la naturaleza cuando, al fin, tuve un encuentro cercano con uno de los animales más especiales de nuestra fauna ibérica y mediterránea.
El día 8 de este mes tuve una observación fugaz de un lince ibérico (Lynx pardinus), como muchos pudisteis ver en una entrada de la semana pasada, y desde entonces se encendió en mí una llama persistente por volver a ver otro ejemplar... ¡¡pues se ha cumplido!!
Después de tres salidas por la Sierra de Andújar, el lugar donde existe la única población viable de la actualidad, a la cuarta intentona tuve la colosal fortuna de encontrarme con uno a una distancia tan cercana que no imaginé ni en fantasías.
Aquí lo tenéis, una hermosa y elegante hembra que me tuvo con el corazón galopando durante el rato que paseó ante mi ensimismada mirada durante el tórrido mediodía del 15 de agosto.
No me fui hasta asegurarme de que el silencioso felino se hubiera adentrado en los matorrales, porque estaba demasiado cerca para mi gusto de una carretera.... una bastante transitada por domingueros inconscientes y egoístas que no respetan las muchas señales que dicen claramente "Zona de paso de lince ibérico" y la prohibición de circular a más de 40... algo que no me gustó ni un pelo a tenor de las recientes noticias de atropellos.
¡¡¡Tenemos un felino que existe sólo en nuestro país, y no somos capaces de cuidarlo porque queremos correr con el coche!!!






Biotopo de lince ibérico

¡Pero que no acaba aquí la cosa! Ver al felino más escaso del mundo (que es también el mamífero más amenazado de Europa) ya es por sí solo un acontecimiento sin parangón, como para tener una entrada de blog para él solo, pero tened en cuenta que he estado durante dos mañanas y dos tardes (en cuatro días distintos y no consecutivos) en un parque natural espectacular, y durante la búsqueda del gran gato he disfrutado de una magnífica representación de la fauna típica de estos lares.
La Sierra de Andújar es uno de mis sitios preferidos para pajarear a pesar del inconveniente de estar dominado por las vallas de fincas ganaderas y cinegéticas, aunque por suerte la insistente propiedad privada no es omnipotente y hay zonas para pasear a gusto, y además siempre se puede hacer un buen "safari" en coche por sus carriles y pistas. Podemos estar de acuerdo o no con la ganadería brava y la caza, pero el caso es que estos lugares constituyen un refugio para la fauna local que se acantona en estos bastiones del monte mediterráneo.

Así, por ejemplo, es sencillo ver las especies cinegéticas como perdices (Alectoris rufa), ciervos (Cervus elaphus), gamos (Dama dama) y muflones (Ovis musimon). Fue destacable que dos venados empezaran a bramar y a pelear en un pequeño adelanto de la próxima berrea.










Cerro de La Cabeza

En dos ocasiones tuve el placer de observar a otra especie que también sólo tenemos en la península, otra estrella de nuestra fauna: el águila imperial ibérica (Aquila adalberti).
Una mañana empezó este precioso adulto a reclamar y volar por las laderas, hasta que comprendí el motivo al ver que se lanzó en un vertiginoso picado (increíble el sonido al cortar el aire ante mí) para arremeter furiosamente contra un ejemplar joven. Esto en su momento ya fue una experiencia emocionante... si supiera lo que me esperaba después con el lince...












Los cielos serranos estuvieron surcados por otros colosos planeadores, sobre todo los buitres leonados (Gyps fulvus). Otros maestros de las corrientes que se dejaron ver fueron el buitre negro (Aegypius monachus), la culebrera (Circaetus gallicus) y una pareja de cigüeñas negras (Ciconia nigra).
A las cigüeñas negras las vi en la misma mañana de mi encuentro con el lince, y me hizo especial ilusión porque hasta ahora siempre tenía la mala suerte de no verlas en Andújar.









Embalse del Jándula

También pasé momentos realmente entretenidos con otros voladores de envergadura mucho menor, sobre todo con las ágiles aves insectívoras que dominan el arte de la captura en vuelo.
Lo mejor fueron los abejarucos (Merops apiaster), con sus inconfundibles reclamos y piruetas en torno a las colmenas de abejas (cosa que le gustará mucho menos a los apicultores), y cazando en los valles en compañía de aviones comunes (Delichon urbica) y golondrinas dáuricas (Hirundo daurica).
Los vuelos de abejarucos y golondrinas dáuricas por los campos de mi tierra son una estampa estival que echo en falta durante los meses fríos.

















Ocaso serrano


Antes de acabar, con las fotos de atardecer de rigor que acompañan muy bien el final de una entrada, dejo como dato fenológico una foto de esta mañana con un par de abejeros (Pernis apivorus). Es posible que se trate de una pareja local, pero lo podemos interpretar como avanzadilla de la migración inminente de la especie, pues he estado además viendo bandos de milanos negros durante estos días.




Dejo para terminar una pequeña lista con otras especies observadas:

- Conejo.
- Milano negro.
- Águila calzada.
- Pito real.
- Pico picapinos.
- Oropéndola.
- Abubilla.
- Rabilargo.
- Urraca.
- Arrendajo.
- Curruca rabilarga.
- Alcaudón común.