jueves, 25 de julio de 2013

Monte Candina: buitres junto al mar




Al igual que el año pasado (pincha aquí), he querido aprovechar mi estancia en Cantabria para visitar la buitrera marina ubicada en los acantilados del Monte Candina, en Sonabia tras desviarnos en dirección a Oriñón.
Alberto Benito ha vuelto a acompañarme en una jornada única en uno de los pocos lugares del mundo donde se pueden contemplar buitres leonados (Gyps fulvus) planeando sobre el mar, brindando uno de esos espectáculos naturales que hay que poder ver para imaginarlo, aunque espero que las fotos ayuden un poco.
El día estuvo nublado allí arriba como podéis ver en la foto del comienzo, y muy pocas veces tuvimos luz decente (no como el año pasado, que tuvimos un día que acabó despejando del todo), pero los grandes necrófagos nos resarcieron cuando aparecían volando bajo nuestra posición y por delante de nosotros, dejando que incluso viéramos bien que uno de ellos estaba anillado como 4RH (en las dos primeras fotos).
La tercera foto muestra un joven, y aprovecho la cercanía de las imágenes para señalar sus características para quien no esté acostumbrado: "colllar" de plumas oscuro, plumaje más uniforme que el de los adultos, ojo oscuro, cabeza clara, pico totalmente oscuro.




















Los alimoches (Neophron percnopterus) se hicieron esperar mucho en esta ocasión, pero se acabaron portando bien y una pareja hizo acto de presencia durante bastante tiempo.
Una vez más lamento lo poco que veo en mi tierra a estas magníficas aves, tan perjudicadas por el nefasto y despreciable uso de venenos.







Uno de los momentos más entretenidos (aparte de cuando se congregaban varios buitres al mismo tiempo ante nosotros) fueron los protagonizados por las gaviotas patiamarillas (Larus michahellis) al lanzarle pasadas a los buitres. Ni siquiera los alimoches, más ágiles ellos, se libraron del acoso de tan agresivas y pendencieras vecinas.










Esto es una buitrera con todas las de la ley, y como tal tiene típicos inquilinos como aviones roqueros y chovas piquirrojas. Los vecinos que se dejaron fotografiar fueron cuervos (Corvus corax), chovas piquigualdas (Pyrrhocorax graculus) y un macho de cernícalo vulgar (Falco tinnunculus).
Me parece curiosísima la presencia de las chovas piquigualdas, y más todavía porque ellas, que se suponen las raras, se dejaban ver mucho mejor que las comunes piquirrojas.







También la pequeña fauna merece atención, con una medioluto norteña (Melanargia galathea), una babosa de variante negra (Arion ater), un segador y una pequeña mariposa de la familia de los licénidos.
Hablando de licénidos, esta zona acoge a la rara y protegida hormiguera, una mariposa que depende de la presencia de las flores de la genciana y de las hormigas que cuidan de sus orugas.








Al bajar para volver a casa el cielo seguía sin despejar del todo, pero la gente se atrevía de todos modos a darse un buen baño en la playa de Sonabia. 
Y con esto me despido hasta la próxima entrada, que con probabilidad será un remix de lo visto en Santoña.



domingo, 21 de julio de 2013

Naturaleza alpina en Picos de Europa




El pasado lunes día 15 tuve una de las mejores salidas que he vivido en el Parque Nacional de los Picos de Europa (aparte queda la polémica sobre si debe considerarse como parque nacional un lugar donde permiten la matanza de lobos). Puedo afirmar que fue una jornada completísima con especies alpinas novedosas para mí, y encima para colmo yendo un grupito de pajareros con muchas ganas de disfrutar de una buena excursión, pues fui con Ramón y Silvia, Alberto Benito y Miguel Rodríguez.


El viaje en sí ya era un placer al ir viendo esos tremendos paisajes agrestes del tipo que tanto me encantan y atraen irremisiblemente, y nada más llegar a Fuente Dé subimos a esas alturas espectaculares para empezar a conocer su particular fauna. 
Contábamos con ver las chovas piquigualdas con seguridad, y otras aves para la lista eran el acentor alpino, el gorrión alpino y quizás el treparriscos, además de mi pequeña esperanza de ver algún quebrantahuesos trotamundos... cosa que no ocurrió, pero en cambio tuve una grata sorpresa al descubrir a una collalba gris (Oenanthe oenanthe) hostigando sin parar a una comadreja (Mustela nivalis) de modo que la hacía ocultarse desesperadamente bajo las rocas, hasta conseguir huir finalmente del acoso del gallardo pajarillo.









Nuestros jóvenes compañeros se afanaban en buscar las avecillas alpinas y lo conseguían con soltura, localizando pronto prados con presencia de gorriones alpinos, mientras que otras personas se dedican a formar las letras de su nombre con las rocas del lugar... aparte de otro tipo de palabras...





He hablado de las especies objetivo, y allá vamos con ellas. El treparriscos (Tichodroma muraria) era la especie con la que menos contaba, dada la dificultad de dar con un animal tan pequeño en tan vastos espacios, dada su costumbre de buscar alimento mientras se encarama por las altas paredes rocosas; y así es como pensé que tal vez lo vería si se diera el caso, de lejos en los farallones, pero la fortuna quiso que un ejemplar pasara volando y se posara a nuestra misma altura en los bloques de rocas junto al camino...
Fue una maravilla verlo por primera vez en mi vida y a esa buena distancia, disfrutando de su vuelo mariposeante como si fuera una pequeña abubilla de las montañas, y encima tuvimos a dos ejemplares distintos al parecer.
No son para menos las otras dos especies. Al acentor alpino (Prunella collaris) ya tuve el placer de conocerlo en la Sierra de Segura, pero no a esa cercana distancia que nos obsequió, mientras que los gorriones alpinos (Montifringila nivalis) fueron una completa novedad y también se dejaron fotografiar muy bien después de varios encuentros frustrantemente lejanos.











Es inevitable no hablar de las chovas piquigualdas (Pyrrhocorax graculus), tan fáciles de ver de cerca. Como buenos córvidos que son, se han adaptado muy descaradamente a la presencia humana y se acercan a los grupos de excursionistas que degustan sus bocadillos en busca de migajas, sobras y regalitos. Así fue con nosotros, llegando a ser tan sinvergüenzas que casi birlaron el bocata de Ramón por todo el morro.
Muchas de ellas están anilladas y hemos reunido los códigos de 7 de ellas, aunque no se mueven mucho y sólo se les registra por Cantabria, Asturias y León (si no recuerdo mal).
















Las rapaces fueron escasas, aunque no esperaba más. Vimos muchos buitres leonados (Gyps fulvus), una pareja de alimoches (Neophron percnopterus) y una gran hembra subadulta de águila real (Aquila chrysaetos) hostigada por unos pocos cuervos con ganas de bronca ante su ancestral enemiga (comprensible, porque la gran rapaz puede apresar un cuervo con la misma naturalidad con la que un gavilán atrapa un pajarillo).
He de decir que al águila la vimos en el entorno del pueblo de Cabañes, una zona donde también vimos papamoscas grises y algún colirrojo real.







También los herpetos nos brindaron una especialidad montañera, cuando nos acercamos a una charca de aguas heladas y Miguel comenzó a encontrar y coger tritones alpinos (Ichthyosaura alpestris).
También vimos renacuajos que pueden ser con seguridad de sapo partero común, además de bastantes puestas de huevos.













Estos prados alpinos ofrecen una bonita flora que ya nombraré bien cuando me echen una mano, mientras que no pocos lepidópteros revoloteaban en torno. Una de las mariposas más bonitas y frecuentes fue la ortiguera (Aglais urticae).








Otras especies vistas fueron:

- Bisbita alpino.
- Colirrojo tizón.
- Colirrojo real (me pareció ver uno volando, y Silvia vio uno posado).
- Papamoscas gris.
- Jilguero.
- Verdecillo.
- Tarabilla común.
- Escribano montesino.
- Cuervo.
- Chova piquirroja.
- Roquero rojo (vi pasar volando una pequeña ave emitiendo reclamos propios de roqueros).
- Mirlo acuático (visto por Alberto y Miguel).

En definitiva, una grandísima (y agotadora) salida montañera con nuevas especies, paisajes de postal y acompañado por amigos que saben disfrutar de la naturaleza. 
¡Pronto veréis más!