martes, 28 de mayo de 2013

Viaje al terruño. 3ª parte: sacando todo el jugo antes de la despedida


Aquí está la última entrada mostrando lo visto durante mi estancia en Torre de Miguel Sesmero, Badajoz, con Jero como anfitrión impagable llevándome junto con Jorge por un auténtico tour ornitológico el domingo 12 de mayo, dejándome una impresión imborrable.

Después de desayunar fuimos a coger el Nissan Patrol para ayudarnos a atravesar el terruño por completo, pero primero hicimos la paradita obligatoria ante la iglesia para echar un vistazo a la colonia de cernícalos primilla.





Para que os hagáis una idea del valor ornítico que puede atesorar un pueblo, aquí tenemos en un mismo encuadre cuatro especies distintas: cigüeña blanca (Ciconia ciconia), vencejo común (Apus apus), cernícalo vulgar (Falco tinnunculus) y cernícalo primilla (Falco naumanni).





No todos los días veo posados juntos a dos machos de nuestras dos especies de cernícalo, desde luego.
El vulgar a la izquierda, y el primilla mirando al otro lado, como disimulando.
Un macho de gorrión común (Passer domesticus) parece que quiso recordarnos que ellos también forman parte de la avifauna urbana, reclamando desde su limonero.






Saliendo ya al campo, un objetivo fijado era pasar por una zona donde los mochuelos (Athene noctua) se dejan ver posados en los olivos, y así fue... tanto que vimos hasta cuatro ejemplares distintos (el tercero es un juvenil), toda una delicia.







Fuimos llegando a las dehesas con sus charcas y sus emblemáticas encinas, teniendo no pocas veces el castillo de Nogales como especial escenario de fondo.
Poco a poco, parando a disfrutar de sus habitantes, llegamos hasta el corazón del terruño, en compañía de aves como la tarabilla común (Saxicola torquatus) y una hembra de aguilucho pálido (Circus cyaneus). 






Se veían muchos padres atareados con buscar el sustento para su prole. Había muchos trigueros (Miliaria calandra) con el pico atiborrado de insectos, y cogujadas comunes (Galerida cristata) buscando orugas para que sus proteínas ayuden a sus vástagos a desarrollarse lo más pronto posible.





Una zona más esteparia nos llevó adonde una pareja de cigüeñas blancas ha elegido este curiosísimo emplazamiento para anidar, un poco bajito como podéis ver. 
Un par de liebres (Lepus granatensis) se quedó en medio del camino bastante rato antes de largarse zumbando, mientras que la cogujada común seguía pidiendo atención porque sabía que pronto llegarían los preciosos abejarucos (Merops apiaster) por su ración de protagonismo.











Los hermosísimos abejarucos aparecieron muchas veces, aunque no se dejaran ver de cerca, mientras nos acercábamos a una finca de ganado vacuno donde volaban cernícalos primilla cazando (el de la foto se estaba zampando una gran escolopendra), lugar que nos depararía dos buenas sorpresas...







La primera sorpresa fue fichar dos especies esteparias nuevas que aún no tenía: la ganga ortega (Pterocles orientalis) y la calandria (Melanocorypha calandra).
La foto de las ortegas es más que testimonial, una guarrada, pero al menos se nota bien que es una pareja (el macho está a la izquierda).





Y la segunda sorpresa... ni más ni menos que... ¡¡¡una carroñada!!! Ya se intuía algo sospechoso al ver muchos buitres en círculos, pero no estaban tomando corrientes térmicas como aparentaba, porque se veía que iban viniendo más y más en línea recta hacia la zona.
Tengo que hacer especial mención a la positiva y amable actitud del dueño de la finca, que no sólo nos explicó que el día anterior había muerto un becerro, sino que encima nos permitió entrar para verlo... mientras que en mi tierra ya nos habría echado el tío borde de turno.

Además de un lejanísimo alimoche subadulto, milanos y córvidos, estaban presentes nuestros dos grandes carroñeros: muchos buitres leonados (Gyps fulvus) y un par de enormes buitres negros (Aegypius monachus).










Vamos, un espectáculo inesperado... porque nosotros íbamos a la Sierra de Monsalud, concretamente a los dominios del señor de la noche, el imponente búho real (Bubo bubo).
El día anterior me quedé sin verlo (aunque disfruté viendo sus evidencias y rastros), pero Jero insistía en que lo veríamos... ¡¡y lo vimos!! Estando allí oteando los riscos donde podía estar posado, de pronto pasó volando con su silencioso batir de alas que más de una presa ha lamentado en la noche más oscura.





Es que no pude tener un mejor broche final... ver al gran duque después de una mañana llena de observaciones que ya eran maravillosas fue algo único. 
Aparte de lo visto en fotos, también vimos abubillas, alcaudones común y real, martín pescador, garza real, águila calzada, golondrinas dáuricas, etc...

Llegó la despedida después de una buena comida y de la cervecita de rigor para celebrar el avistamiento del búho, aunque yo no tenía ni pizca de ganas de marcharme, pero el deber es inevitable... qué duro se me hizo el lunes siguiente, ni os lo imagináis.

Si unís esta entrada a las otras dos, veréis que fue un fin de semana de lo más completo, ver en persona lo que Jero transmite semana a semana en su blog no tiene precio, porque vi que en verdad el nombre de su blog (Extremadura viva) es totalmente cierto. MUCHAS GRACIAS.


Y como no puedo parar ni cuando estoy viajando... un milano negro (Milvus migrans) que vi por la carretera y el castillo de Belmez.





sábado, 25 de mayo de 2013

Subida al Monte Abulagoso




Vuelvo con una entrada mostrando una ruta sencilla y llenísima de fauna interesante, en una zona que ya os empecé a enseñar en esta entrada.
El día 9 de este mes partí de Cardeña en dirección Puertollano. Tras pasar el pueblo de Fuencaliente (Ciudad Real) entré a mano derecha en el Puerto de Valderrepisa, reconociendo bien el sitio al estar señalizado el sendero de Ventillas y el área recreativa Fuente del Almirez.





Pero no se debe tomar ese camino para la ruta que propongo, debemos ir por la derecha y buscar la cancela que da inicio a la subida (o podemos entrar directamente a través del bosque como hice yo).
Ya desde el inicio podemos disfrutar del vuelo de algunas de las muchas especies de rapaces que se pueden dejar ver, como por ejemplo los gavilanes (Accipiter nisus) y las águilas calzadas (Hieraaetus pennatus) con sus dos fases de coloración.
He de destacar que una de las águilas calzadas hizo un espectacular picado contra un juvenil de águila real en la distancia, impresionante...








El primer tramo de subida es un poco cansado, con una pendiente muy empinada, pero poco a poco los pinares nos van abriendo unas vistas espectaculares de los valles, mientras el paisaje cambia entre robles melojos y madroños (al fondo de la primera foto está el Valle de Alcudia tras las montañas).
Es momento para ir parando a disfrutar de las vistas y de los pequeños moradores de estas serranías, que están repletas de avecillas forestales como carboneros comunes, herrerillos común y capuchino, trepadores azules o agateadores. También este chochín (Troglodytes troglodytes) con el pico bien repleto de cebas para sus pollitos, y los lepidópteros como la cejialba (Calophrys rubi) y la vanesa (Vanessa atalanta).









El terreno se abre y despeja mucho, entre enebros de poco porte y matorrales salpicados de afloraciones rocosas. Perfecto para contemplar el vuelo velero de nuestras enormes necrófagas, el buitre leonado (Gyps fulvus) y el buitre negro (Aegypius monachus), acompañados de su primo el alimoche (Neophron percnopterus). Los buitres negros tienen aquí cerca una zona de nidificación, resultando muy fácil verlos, y los alimoches también son habituales a diferencia de la escasez que desgraciadamente sufrimos en mi Jaén natal.










Esto que encontré por el camino resulta de lo más explicativo...




Las carroñas también atraen a las águilas imperiales (Aquila adalberti), sobre todo a los ejemplares jóvenes, y también pude ver a la otra gran águila, el águila real (Aquila chrysaetos) representada por un macho adulto y una hembra inmadura.






 Las culebreras (Circaetus gallicus) gustan mucho de estas soleadas laderas de arbolado disperso y canchales, donde dan caza a las serpientes que las hicieron evolucionar como especialistas. El tercer ejemplar, de blanquísima librea, lleva un ofidio colgando del pico si os fijáis.
Esta especie es de las más abundantes en la zona de Sierra Madrona, siendo posible ver hasta tres ejemplares distintos al mismo tiempo.







Los 1.301 metros del Abulagoso se notan cuando miramos al horizonte, con estas fabulosas vistas del valle, viendo el pueblo de Fuencaliente como si fuera una maqueta (la foto fue tomada con el máximo zoom de mi objetivo de 500mm).





Se podría continuar en una ruta circular, pero la verdad es que no me apetecía seguir tan al descubierto con el fuerte sol que empezaba a achicharrar, por lo que personalmente opté por bajar por donde hice la subida, cosa que me permitió ver una pareja de las esquivas cigüeñas negras (Ciconia nigra) que constituyen uno de los tesoros faunísticos de nuestra Sierra Morena.
Uno de los ejemplares se cruzó con un buitre en la primera foto, y la tercera foto es de un tercer individuo distinto que vi más adelante a mi regreso cuando pasé junto al pueblo de Azuel.
Incluso se dejó ver un solitario ejemplar de abejero (Pernis apivorus).







Al bajar volví a pensar en lo distinto que está esto con respecto a la anterior visita de mi otra entrada, donde se puede ver que los canchales estaban coronados por robles desnudos, pero ahora mismo están todos vestidos con sus nuevas hojas y su verdor aporta más encanto.


 



Para acabar, me permito recordaros que siempre hay que estar atento, incluso en la gasolinera te puede aparecer de pronto un ave, como por ejemplo este cuervo (Corvus corax) con su merienda en el pico.