sábado, 27 de abril de 2013

Cueva de Peña Escrita



Desde hace unas pocas semanas tenía pendiente ir a la segunda cueva con pinturas rupestres que tengo cerca, y esta semana al fin he cogido una tarde para quitarme la espinita. Tenía muchas ganas en vista de que estas pinturas por fotos de internet se veían mejores que las que ya vi en la otra cueva, la de La Batanera.
Pero primero me di una vueltecilla por las dehesas, entreteniéndome con los trigueros (Miliaria calandra) y unos lejanos abejarucos (Merops apiaster), mientras que de fondo oía el canto del cuco y los gritos de los críalos.






El toque rapaz lo pusieron una particularmente pálida culebrera (Circaetus gallicus) que volaba junto a tres ejemplares distintos de ratonero (Buteo buteo). Era uno de esos momentos en los que no sabes adónde mirar, como os podréis imaginar. También se veía algún que otro buitre leonado, pero tremendamente lejos.














Tras el inciso con las aves, ya sí llegamos al paraje donde están las pinturas. Se accede desde Cardeña por la carretera hacia Puertollano; al pasar por Fuencaliente tenemos un desvío a la derecha muy bien señalizado, y al entrar en una bifurcación vamos por la derecha según indican los carteles. La zona está más alta que La Batanera y las vistas no tenían desperdicio, enmarcadas por la siempre presente jara pringosa.






 El lugar donde se encuentra la cueva era surcado por golondrinas dáuricas y había una pista entre los bosques y cerros que tengo que seguir otro día... parecía muy interesante.
Las pinturas están tras unas rejas porque a algunos "lumbreras" se les ocurría escribir sus nombres y pintarrajear al lado de estos testimonios ancestrales, vivimos de lleno en un país de ignorantes.
Como dije, estas pinturas me gustaron más que las de La Batanera, que están en peor estado de conservación.






En estas alturas se tiene unas vistas de atalaya que nos permiten contemplar el pueblo de Azuel como lo ven las aves. Pero lo mejor es que se ven al mismo tiempo Azuel (izquierda) y Fuencaliente, teniendo así vistas al mismo tiempo de un pueblo andaluz y uno manchego.





Llega el momento de marcharse a casa con las últimas horas del día devoradas por las primeras sombras. Aprovecho que sale a colación el atardecer para poner un par de fotos de animales a esas horas en otros días. Una tarde quise probar el ISO de la 7D con valores muy altos en la oscuridad del anochecer con los ciervos (Cervus elaphus), y también es entretenido coger práctica con los rápidos vuelos de los vencejos, siendo en este caso del ejemplo es un vencejo pálido (Apus pallidus).
Que nos despidan estas últimas imágenes de la caída del día.






lunes, 22 de abril de 2013

La campiña de Bailén en todo su esplendor






Echad un buen vistazo a estas tres primeras fotos y decidme si no está impresionante el campo estos días...
Mi pueblo, Bailén, normalmente es bastante feo, no lo niego, pero estas últimas lluvias tan copiosas han dejado una vegetación que quita el hipo, tanto que un paseo por las afueras nos hace pensar que hayamos entrado en uno de esos cuadros de arte impresionista. Seré sincero y diré que he omitido en las fotos las partes feas con torretas eléctricas y montones de ladrillos rotos, pero el resto del paisaje es de una belleza indiscutible.
Hay una zona que me gusta especialmente, allí donde la extracción de arcilla ha dejado unas grandes charcas que atraen a bastantes aves entre las que a veces hay sorpresas, combinado con áreas de trigal y un pequeño encinar en medio del predominante paisaje del típico olivar jiennense. Tanto es así que los amantes de las aves han sabido darse cuenta y encontramos este cartel desde el pasado invierno:




Nuestros primeros pasos nos harán contactar con las pequeñas avecillas, como el ruiseñor (Luscinia megarhynchos) ocupado con sus incesantes cantos en la fresca vegetación de ribera, el triguero (Miliaria calandra) dando la banda sonora con sus traqueteantes reclamos y el siempre erguido alcaudón común (Lanius senator) al acecho de presas.






También se pueden encontrar fringílidos, gorriones morunos, buitrones, bisbitas (en invierno) o lavanderas blancas, pero las estrellas paseriformes de estos días han sido las aves migratorias que están aquí de paso. Como por ejemplo la collalba gris (Oenanthe oenanthe), su prima la collalba rubia (Oenanthe hispanica) y la tarabilla norteña (Saxicola torquatus).










Los ahora luminosos cielos son surcados por golondrinas y aviones comunes, cazando insectos y bebiendo agua sin dejar de volar. Les acompañan las dos especies aquí presentes de vencejos: el común (Apus apus) y el pálido (Apus pallidus). Dejo un par de fotos de cada especie para que hagáis la comparativa (el pálido es más clarito, tiene alas a dos tonos, la cola más corta, el vientre con destacadas "escamas" y más blanco en la garganta).








Otros ágiles cazadores de insectos al vuelo son los preciosos abejarucos (Merops apiaster), regalando nuestras retinas con su popular combinación de colores y llamando nuestra atención con sus inconfundibles reclamos.










En los cultivos de cereal anidan sisones (Tetrax tetrax), tal y como se ve reflejado en el cartel de antes. La verdad es que nunca antes los llegué a ver, pero últimamente están muy activos y por fin he tenido suerte viéndolos cuando cruzan volando, de dos en dos o a machos solitarios con las plumas del cuello erizadas.






No es una ruta especialmente recomendable para avistar rapaces, aunque nunca se sabe, y uno puede encontrar cernícalos vulgares, aguiluchos cenizo y lagunero, milanos negros en migración e incluso alguna culebrera o buitres aislados. En cuanto a nocturnas, por aquí cazan el búho real, el mochuelo y el autillo.
Los cernícalos primilla (Falco naumanni) tienen cazaderos en estos campos, así como el ratonero (Buteo buteo) y el águila calzada (Hieraaetus pennatus).










Una sorpresa rapaz fue este alcotán (Falco subbuteo) del sábado 13, atrapando insectos al vuelo con mucha habilidad.
El elanio azul (Elanus caeruleus) viene a cazar roedores al atardecer, con un estilo que parece una combinación de aguilucho y cernícalo. Planea de forma parecida al aguilucho, se cierne a la manera de los cernícalos y, finalmente, se deja caer con las alas en forma de V como los aguiluchos (nuevamente).










Esto ha sido en la zona de cultivos y encinar, porque la parte de graveras inundadas atrae a aves muy propias de humedales, como zampullines, ánades reales, porrones comunes, gallinetas, fochas, garzas reales, martín pescador, andarríos chicos y grandes, chorlitejos chicos y cormoranes.
Las cigüeñuelas (Himantopus himantopus) se han vuelto a asentar esta primavera, junto con limícolas como el archibebe común (Tringa totanus).









Pero uno de los archibebes resultaba sospechoso... alguien tan de secano como yo no es muy bueno con las limícolas, pero las pertinentes consultas me han hecho ver que este amigo era un archibebe claro (Tringa nebularia), especie que veo por primera vez. En la foto en vuelo se ve bien esa marca blanca tan obvia en la espalda.





Y no acaban ahí las visitas inesperadas, porque me encontré también con una garza imperial (Ardea purpurea) y un martinete (Nycticorax nycticorax), nunca había visto a ambas especies en Bailén.









Podemos disfrutar de la pequeña fauna al mismo tiempo que echamos un ojo a la flora de estos días, como por ejemplo el jaguarzo y la jara blanca.





Así es como puedes localizar insectos como esta libélula (no domino las especies de estos animales), la mariposa macaón (Papilio machaon) y reptiles como la lagartija colilarga (Psammodromus manuelae) y el gran lagarto ocelado (Timon lepidus). 









 Os he ido dejando imágenes del entorno, que está más bonito que nunca, de verdad que hacía años que no lo veía así... de este modo es normal que me entraran ganas de sentarme a leer al atardecer bajo una gran encina con estas vistas, mientras oía los sonidos del cuco, la abubilla, el mochuelo y los grillos.





Han sido dos fines de semana totalmente relajantes y bastante distintos a mis habituales salidas. Nos despide de estas bucólicas estampas el vuelo del cuco (Cuculus canorus) a última hora de la tarde y la luna asomando en el aún azul cielo.