jueves, 31 de enero de 2013

Las nutrias de Córdoba y compañía




Los dos días que he dado un paseo por el Guadalquivir a su paso por la capital cordobesa me han vuelto a dar muchas alegrías, sobre todo porque he conseguido encontrar las nutrias que han escogido vivir aquí, en medio de esta belleza monumental como si lo hubieran hecho a propósito.
Pero antes de nada, primero vamos a echar un vistazo a las garzas reales (Ardea cinerea) porque suelen ser las primeras en recibirme (bueno, mentira, primero suelo ver cormoranes y gaviotas volando de lejos). Hay un buen número de ellas en sus riberas este invierno y no cuesta casi nada topar con ellas.












Podemos pasar a las protagonistas de la entrada, las simpáticas e inquietas nutrias (Lutra lutra). No hay grandes fotos, pero es enorme la satisfacción de ver un animal con tanta fama de esquivo. Como el año pasado vi una en abril, me propuse volver a verla este año antes de llegar el verano... y mira qué maravillosa casualidad, que veo tres y antes de acabar enero.
Las empecé a localizar al oír esos sonidos suyos que parecen silbidos agudos, y fue entonces cuando vi algo retorcerse en el agua mientras miraba una garza real... allí estaban, tres ejemplares bordeando a nado las orillas y toreándome con sus inmersiones y apariciones súbitas donde menos las esperaba, hasta que salieron un ratito a tierra firme y saqué lo que pude mientras el sol bajo de la tarde me daba en la cara y cegaba por momentos.






No tardaron mucho en zambullirse de nuevo, estos animales no paran quietos ni un minuto, hasta que me dieron esquinazo al meterse por un meandro fuera de mi vista. En la primera foto vemos a una de ellas disfrutando de su baño mientras una garza real la observa en la esquina derecha.







Tras un pequeño paréntesis en el que os he enseñado la Torre de La Calahorra, voy a seguir con algunos de los vecinos de estas nutrias.
Otros buceadores y pescadores expertos son los cormoranes grandes (Phalacrocorax carbo) que se pueden ver con frecuencia pasar volando sobre los puentes, posados en las ramas de las orillas o nadando y sumergiéndose, como este primer ejemplar que estaba a la sombra del puente y otro que prefería gozar del solecito.






 De vez en cuando se oye un reclamo agudo de graciosa melodía, y unas nerviosas alas blancas revolotear a ras del agua. Es el andarríos chico (Actitis hypoleucos), la pequeña limícola habitual de nuestros ríos.






 Cerca de la catedral vuelan ruidosos bandos de grajillas (Corvus monedula) que contrastan con el blanco inmaculado de las garcetas comunes (Egretta garzetta) cuando alguna pasa volando, aunque la de la foto está ocupada a lo suyo.





Por último, a los martinetes (Nycticorax nycticorax) aún los veo a distancia, pero en primavera aumentará su número y con ello las probabilidades de pillarlos más a gusto.





Me voy a despedir con dos imágenes muy distintas. Una es el atardecer sobre el gran río andaluz, y la otra es un ejemplo de lo que saldrá en una próxima entrada que traerá pura esencia de monte mediterráneo.




viernes, 25 de enero de 2013

Entre el campo y la ciudad




Esta semana sólo he tenido un tarde de pajareo propiamente dicha, pero el lunes tuve una pequeña salida para probar un camino desde el que me asegurarían que vería muchos ciervos (Cervus elaphus). Era ya tarde, como podéis comprobar con la velocidad a la que va disminuyendo la luz en cada foto, pero no pude resistirte a aprovechar ese ratito sin mal tiempo nublado-lluvioso (de los escasos que ha habido).
Mereció la pena dar esa breve vuelta porque el sitio era tremendamente bonito, con muchos robles melojos y los esperados venados.







Ahora sí, pasemos la parte urbana de la entrada, porque este jueves pude disfrutar de otra agradable tarde en el tramo del Guadalquivir en Córdoba, que presentaba este aspecto tras las abundantes lluvias. La "isleta" de cañas donde se alimentaban los calamones ha quedado cubierta por las aguas, así que no los vi, pero estuve pasando buenos ratos con el resto de aves de este ecosistema urbanita, como por ejemplo las gaviotas sombrías (Larus fuscus).






El primer emplumado que posó con tranquilidad para la cámara fue este juvenil de garza real (Ardea cinerea), acostumbrado a ver pasar gente por encima del puente, del mismo modo que también vi un buen rato a su prima la garceta común (Egretta garzetta).








Al igual que la semana pasada, no me costaba encontrar muchas garzas reales a distancia; acechando pacientemente, durmiendo plácidamente, o posadas junto a compañeros de otras especies.











En las dos últimas fotos de garzas habréis visto un cormorán grande (Phalacrocorax carbo) y un martinete (Nycticorax nycticorax), especies que también afoté por separado, aunque al martinete aún debo pillarlo a mejor distancia (en primavera seguro que no falla, cuando su número aumente).






En vista de que os ido poniendo algunas fotos de los monumentos musulmanes que se conservan en la zona, os despido con este tramo de murallas para no olvidar el lado evocador de esta urbe con tan interesante pasado.