sábado, 19 de octubre de 2013

Comenzando la temporada otoñal en Sierra Morena




El fin de semana pasado llegó el momento de poder volver a patearme la sierra como es debido, después del estío con su imposibilidad para salir sin morir de calor. El sitio escogido fue Despeñaperros, un parque natural pequeño pero lleno de posibilidades para el senderista y el pajarero, con su naturaleza salvaje y agreste sin las vallas impuestas por la Sierra de Andújar.

Así, en compañía de un amigo y su padre, preparamos un largo recorrido que nos llevara todo el día (previo acopio de provisiones preparado), empezando por la zona de Las Correderas con los bramidos de la berrea de los ciervos y los ruidosos arrendajos (Garrulus glandarius) llenando el bosque con sus desagradables gritos de alarma. Y no sólo porque nos vieran a nosotros... en un rodal de pinos estaban especialmente furiosos, claramente gritando a algo que vieron allí, tal vez una rapaz nocturna, un azor o un mustélido.
Entre frescas vaguadas y cauces fluviales topamos con una ardilla (Sciurus vulgaris) rodeada de un bonito entorno donde el otoño comienza a regalarnos sus colores (y sabores en algunos casos) en forma de frutos, mientras que los zorzales comunes y petirrojos invernantes dejaban notar su abundancia con sus reclamos.
No sé qué planta es la primera, pero las otras son el madroño, la peonía, el majuelo y el escaramujo.














Fuimos ganando altura, hasta acercarnos a las proximidades de las ruinas del castillo de Castro Ferral, cambiando el entorno por enebros, jaras y demás matorral. Vimos algunos picogordos (al igual que al inicio de ruta) y unos diminutos pajarillos con toda la pinta de ser reyezuelos listados, y entre los lejanos buitres leonados volaban algunos buitres negros (Aegypius monachus). Desafortunadamente, ninguno voló más cerca que el de la foto, pero ha sido la vez que más ejemplares he visto en esta zona (unos seis).
Pero los protagonistas fueron los más pequeños intregrantes de nuestra fauna, ya que los insectos se dejaron ver mucho en esa soleada jornada mientras íbamos tomando el sendero de Valdeazores en dirección al Collado de la Aviación. Vimos un par de ortópteros sin identificar (es la primera vez que los veo), restos de un escorpión devorado por otro animal, una mantis enana (Ameles spallanziana), y de mariposas la bonita sofía (Issoria lathonia) y la saltacercas (Lasiommata megera) en una zona con flores de azafrán de otoño.














Una vez en lo alto del Collado de la Aviación y con vistas del monumento natural de Los Órganos, nos dispusimos a comer entre riscales y enebros, siendo sobrevolados por un milano real (Milvus milvus) en migración y unos cuantos buitres leonados (Gyps fulvus) que tuvieron la ocurrencia de ponerse todos a contraluz, con la bonita banda sonora de los reclamos del roquero solitario.
El milano real, esa bella rapaz tan castigada por el despreciable uso de veneno en nuestros campos, es una cita reseñable aquí, donde es escaso a diferencia de otros puntos de España donde es una de las aves invernantes más frecuentes.










Acompañados por los ágiles vuelos de los aviones roqueros (Ptyonoprogne rupestris), la única de nuestras golondrinas que no migra, descendimos a observar uno de los muchos abrigos rupestres de la zona, difíciles de encontrar por su posición abrupta y no haber señalizaciones. En este caso había algún rastro de pinturas rupestres, y no somos los únicos que dimos con ellas porque no faltó el típico garabato de los típicos imbéciles que no tienen otro sitio mejor donde ponerse a escribir su nombre, con una falta de respeto tremenda por nuestro patrimonio.







Y así acaba la jornada, porque después de este descenso volvimos a Bailén.
En la próxima entrada volveremos a ver qué se cuece en los arrozales sevillanos, ¡que aún tengo mucho que enseñar!

8 comentarios:

  1. Qué curiosa es la ardilla, ni que fuera de un parque repleto de gente.
    Los paisajes, de nuevo, espectaculares. Y además, ves dos especies no muy habituales por allí como son el milano real y el buitre negro.

    Para mí, sin estar nada seguro, tu arbusto desconocido se ajustaría más a un aligustre, pero espero que algún experto botánico te pueda dar su opinión.

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    1. Pillamos a la ardilla holgazaneando, cosa que se sumó a su curiosidad.
      Al final resulta que el buitre negro es ya reproductor en el parque, cosa que antes no sabía, y más o menos ya sé por dónde se los suele ver.

      De momento lo voy a tomar por aligustre, aunque en la entrada no le pondré nombre por prudencia.

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  2. La combinación "Sierra Morena + otoño" nunca falla. Me has puesto los dientes largos, jo. Encima, seguro que entre las provisiones no faltaban unas sabrosas viandas guiño, guiño.

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    1. Un día me quiero dar una vuelta que es especialmente interesante en plantas, una que ofrece mucho más que pinares.
      Pues has dado en el clavo, porque mis bocatas eran de chorizo y lomo ibéricos (guiño, guiño).

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  3. Magnifica excursión Carlos y un sitio precioso por el que nos has llevado, buenas observaciones y unas fotos preciosas.
    Saludos,
    Lolo

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    1. Me alegra que te gustara el paseo virtual, con la ventaja de que tú no has tenido que llevarte los arañazos de la jara ni el culetazo que me pegué ladera abajo, jajaja. Muchas gracias.
      ¡Saludos!

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  4. Desde luego Carlitos una magnífica manera de mostrarnos el otoño en sierra Morena. Con las ganas que le tengo yo a los arrendajos..... genial tu entrada y super entretenida como siempre, me lo paso pipa leyendote. Hasta pronto carlitos el trompeteo de las grullas ya está cercano. A ver si nos vemos.

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    1. Cualquier día le pillas el punto a un sitio donde poder atraer a los arrendajos con comedero, conociéndote...
      Ya mismo lo pasaremos pipa con las mejores embajadoras de los inviernos ibéricos, ya mismo.
      ¡Un abrazo de linse!

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