miércoles, 25 de abril de 2012

Pajareando sin salir al monte


¿Se puede disfrutar de una buena jornada de aves sin salir al campo o al monte, desde casa y el lugar de trabajo, incluyendo las rapaces habituales? Pues he visto hoy que sí.

Empezamos cuando por la mañana vi este roquero solitario (Monticola solitarius) desde mi ventana. Hace mucho tiempo que sé que vive en el torreón medieval del pueblo, pero normalmente no se deja ver bien, o se pone en zonas oscuras y entonces no se nota realmente que es un pájaro azul.






El recreo en el colegio estuvo curioso. Primero pasaron dos águilas calzadas sobre los tejados de las casas, después un gavilán se atrevió a sobrevolar de cerca el patio (atraído por las golondrinas, al parecer), y por último se pudo ver un buitre a lo lejos.
De una calzada sí tengo foto, aunque no sea fabulosa precisamente.




Saliendo de trabajar, nada más pasar al lado de un campo que aún está en el pueblo de Villarrodrigo, volví a ver la pareja de aguiluchos cenizos (Circus pygargus) de la semana pasada. La hembra llevaba palitos en sus garras, así que cruzo los dedos para que puedan criar bien en la zona (ese trozo de campo es desde luego precioso y estupendo).
Fotos hechas cutremente desde la ventanilla del coche:















Seguimos, porque al conducir junto al collado (tengo la gran suerte de tener que pasar por allí a diario), reconocí la formidable figura de un águila real (Aquila chrysaetos) a lo lejos por los peñascos.
También pasó una culebrera a bastante altura.





Al llegar a Torres de Albánchez, aparco cerca de la plaza donde vivo, y me encuentro otra vez con el roquero solitario, esta vez más cerca. Le hice una foto con prisas porque sabía que se espantaría... y así fue en efecto.




Pero que no acaba la cosa, cuando iba para casa vi la silueta de una gran rapaz, que era ni más ni menos que la culebrera (Circaetus gallicus) que suele pasar cerca del pueblo en sus vuelos de caza.
Es toda una suerte que la plaza tenga un mirador que da al valle, me facilita muchísimo las cosas en momentos así.





Por fin fui a comer a casa (un pelí tarde como podéis imaginar), y por la tarde salí a darme mi típica vueltecilla con sus águilas calzadas. Vi la hembra de fase oscura y el macho de la pareja de fase clara, ambos sin haber salido del pueblo todavía.
Con tanto bicho visto por la mañana-mediodía, me entretuve en pasear con el coche por una zona nueva, buscando nuevos lugares con potencial, y así es como me encontré con los tres ejemplares macho de águila calzada que vagabundean por toda la zona.
Desde allí tuve una curiosa panorámica que nunca antes había disfrutado. En el lado izquierdo tenemos el pueblo de Torres de Albánchez donde vivo, y a su lado el cerro del Castillo, uno de los dos lugares por donde salgo a bichear y a pegarme tortas ladera abajo.






Vuelta a casa. ¿Y a quién me encuentro nada más aparcar? ¡Pues a la culebrera otra vez!






¡Y esto es todo! He visto más cosillas que en la salida propiamente campera de la tarde, si es que...
Y lo mejor de todo: ver a los niños del colegio acercarse corriendo a ver el águila calzada conmigo.


martes, 24 de abril de 2012

Muchas águilas calzadas


Pues las águilas calzadas (Hieraetus pennatus) vuelven a ser protagonistas, por su abundancia y su buena disposición a dejarse avistar. Pese a que estuve observando otras rapaces como la culebrera, los buitres leonados, un cernícalo, un ratonero y un gavilán que pasó volando delante de mis narices para posarse en un pino (aunque se fue tan rápido como llegó).

En el cerro del Castillo, ese sitio tan interesante que tengo detrás de casa, hay un par de parejas de águila calzada, una de fase clara y otra con la hembra de fase oscura, y además se han dejado ver hoy tres ejemplares distintos más, con lo que he visto siete individuos diferentes en la misma zona. También vi un par en el collado, pero bien podía ser la pareja de fase clara que ya conozco; aquí abajo os dejo al macho de esta pareja, reconocible por la muesca en su ala derecha.






No paraban de piar y hacer picados y piruetas, así que me han dado entretenimiento de sobra, sobre todo los tres ejemplares que han aparecido de pronto hoy. Ya los vi un día en el collado, pero hoy les dio por llegar sobre los pinares que rodean las pistas deportivas del pueblo. Creo que los tres son machos por sus proporciones, y dos de ellos son de fase clara con un tercer individuo de fase oscura.






















Y, cuando conducía de vuelta a casa, el macho de la pareja de fase clara salió nuevamente del pinar para regalarme las últimas imágenes de la tarde (también estaba la hembra en realidad, pero más apartada y me tapaban los árboles).







Encima se estaba a gustísimo en el sitio donde paré, ¡para explicarlo nada mejor que plasmarlo en imagen!